La pareja de excombatientes que estudia virtualmente en en medio de la pandemia

Publicado por: richard.ladino el Sáb, 20/06/2020 - 10:25
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Don José de 79 años de edad, y su esposa Betty de 75, hicieron parte de las filas de las Farc, hoy asisten a clases y asumen este nuevo rol que viven desde la legalidad.
excombatientes
Créditos:
Agencia para la Reincorporación y la Normalización

Desde la lejanía y a través de una llamada telefonica, Kienyke.com conoció la historia de una pareja de excombatientes que tiene más de 70 años y 57 de estar casados pero que la edad no fue un impedimento para formarse académicamente.

En el municipio de San Jacinto, Bolívar, esta pareja José Beltrán, de 79 años de edad, y su esposa, Betty Arrieta, de 75, viven desde que la guerrilla de las Farc dejó las armas e inició su tránsito a la legalidad. 

Don José, con voz de mando, le contó a este medio que tomó la decisión de estudiar porque siente que la orientación para un ser humano es lo más importante. Viene de una familia de bajos recursos y explicó que de niño no pudo asistir a un colegio

 

Junto a su pareja, este hombre asume con responsabilidad una nueva etapa en su vida, quizá desconocida, pues por décadas conformó las filas de un ejército ilegal que con sangre escribió la historia del país. Verlos entre lápices, cuadernos y libros es retratar la reconciliación que Colombia tanto necesita. 

En medio de la pandemia esta pareja sigue con sus clases y acompañados por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) han logrado asistir a clases virtuales de la Institución Educativa Pío XII. 

Tres días a la semana, en medio de los quehaceres y de sus proyectos productivos de ganadería y hamacas ‘sanjacinteras’ (tejidas por doña Betty), asisten al programa de educación para adultos del Ministerio de Educación Nacional y de la oferta pública del municipio de San Jacinto. Reciben sus tareas y a través de video-llamadas o vía telefónica, aclaran las dudas con su tutor.

“Cuando nos hablaron de las clases para terminar el colegio pensamos que, por nuestra edad, era algo que iba ser muy difícil. Pero, a nuestro ritmo y gracias a todo el apoyo recibido, hemos seguido adelante y esperamos terminar este proceso. El secreto es organizar bien el tiempo y estar uno concentrado”, aseguró José.

Amor, violencia y reconciliación

Los protagonistas de esta historia se conocieron en el corregimiento de Arenas, jurisdicción del municipio de San Jacinto, en 1963. En aquel entonces, don José trabajaba como agricultor con el papá y los hermanos de Betty. 

Ese mismo año, entre sus días de labrar la tierra y trabajo pesado, se casaron con la aprobación de ambas familias. José era un muchacho de 22 años y, Betty, de 18. Ambos, oriundos del campo y llenos de sueños por cumplir.

Cuenta don José que inicialmente vivían en casa de sus suegros, en el corregimiento de Arenas, pero luego tuvieron sus primeros hijos y compraron un predio en la cabecera municipal de San Jacinto, donde aún hoy vive junto a su esposa.

Sobre cómo fue su ingreso a las Farc-Ep, prefieren no dar mayores detalles. Solo manifiestan que sus hijos “ya eran hombres hechos y derechos” cuando tomaron la decisión de hacerlo. Eran días violentos y muy convulsionados. No obstante, tras acogerse al proceso de reincorporación, dicen que hay razones suficientes para estar agradecidos con la vida.

“Somos felices de ser parte de la reconciliación del país. Actualmente, gracias a este nuevo camino, podemos estudiar y también tenemos nuestros proyectos productivos para seguir creciendo. Quizá, hace unos años, esto era algo que parecía impensable, pero hoy es una realidad”, concluye don José.

Añade que, a través del esfuerzo que él y su esposa han dedicado a sus procesos de formación, esperan convertirse en ejemplo de perseverancia para las nuevas generaciones del país.