¿Pueden amar los perros?

22 de julio del 2017

La ciencia responde: los perros sí aman a las personas.

¿Pueden amar los perros?

Foto: Shutterstock

El estrecho vínculo que une al perro con el ser humano, es tan antiguo como la humanidad misma. De acuerdo a investigaciones, basadas en registros fósiles, la domesticación del perro se dio en Europa y en China casi que simultáneamente, hace más o menos 30 mil años.

Hay consenso en aceptar que el perro salió del lobo. También se  acepta que hubo varias líneas de evolución independientes, y que serían las que se relacionaron con los humanos. En términos de esa conexión, que hace tantos años se estableció entre el hombre y el perro, los científicos han dicho que empezó por la adaptación espontánea del animal a los asentamientos humanos, más que por la voluntad del hombre. En otras palabras: el perro se dio cuenta que cerca de las personas encontraba seguridad y alimento, así que se adecuó a ello. Con el tiempo, los humanos notaron las capacidades del perro, el oído, el olfato, la velocidad, y empezaron a usarlas a su favor.

La cantidad de años que han pasado, serían prueba suficiente para explicar porque, entre una persona y un perro, se da una relación tan íntima y cercana. ¿Por qué hay una alegría tan desmedida en ellos cuando llega su amo? ¿Sienten amor los perros?

El amor de los perros

La sensibilidad y el comportamiento de los perros los separa de los demás animales y los hace únicos. “Incluso el lobo más amigable se queda corto frente a un labrador retriever que solo quiere dar besos”, escribió el New York Times. En el mismo artículo se explica una investigación que determinó a qué se debía la “exuberancia social” de los perros. Las conclusiones son increíbles: los perros son así porque comparten el gen de una enfermedad con los seres humanos.

La enfermedad se llama síndrome de Williams-Beuren. De acuerdo con la enciclopedia médica es “un trastorno poco común (1 en 8500 personas), que se caracteriza por una pérdida de material genético en el cromosoma 7”. Entre otros síntomas la personalidad del que lo padece “incluyen ser muy amigable, confiar en extraños, miedo a los sonidos altos o al contacto físico y afinidad por la música”. Técnicamente, como los perros.

Un grupo de científicos de las universidades de Princeton y de la estatal de Oregon, estudiaron 16 perros y 8 lobos, y determinaron que en los genes GTF2I y GTF2IRD1  de los canes son los que se asocian con el comportamiento. En el ADN humano, esos mismos genes son los que codifican para el síndrome de Willians.

De acuerdo con el Times, los científicos “estudiaron un fragmento de ADN perruno que incluye 29 genes. Eliminar parte de la sección, o esta de manera íntegra, es lo que causa el síndrome en los humanos. Buscaron cambios estructurales en los genes, como la transposición de secuencias del ADN o la eliminación de estas”.

 ¿Cuestión de instinto?

Otros científicos, más ‘puristas’, digamos, explican que no es que un perro sienta “amor” como tal, sino que responde positivamente a una serie de estímulos. Es decir que, si se le da, básicamente, cobijo y alimentación, el animal reaccionará con emoción en la medida que esa es la orden que le da su instinto. Es como si por allá en la cabeza del perrito algo le dijera: “él –o ella– te dan comida, así que bate la cola, lame, brinca, ladra y entonces de darán más”.

Amor, en una definición simple y directa –la del diccionario– es, básicamente, “sentimiento de afecto y pasión hacía una persona; inclinación o afecto hacia una cosa o hacia alguien”.  Entonces ¿Puede un perro sentir amor?

El portal Supercachorros.org explica que “Cientí­ficamente está comprobado que todos los mamí­feros, incluidos perros y humanos, tenemos un centro de placer en el cerebro que es estimulado por sustancias como la dopamina, la oxitocina, la serotonina; sustancias responsables de hacernos sentir bien. Por otro lado, los estudiosos del comportamiento aseguran que los animales que son sociables necesitan entender a sus congéneres para poder comunicarse y establecer vínculos, lo cual es una señal muy clara de que definitivamente tienen emociones”.

Si tomamos el concepto de amor, como nosotros lo entendemos, y lo aplicamos a un perro –o a cualquier animal–, nos encontraremos con una serie de complicaciones. No obstante, si lo aterrizamos a una “forma simple y aterrizando el tema como un ‘vínculo afectivo’, los perros SÍ generan vínculos afectivos y lazos importantísimos con su familia. Son mamíferos sociales y dentro de sus principales necesidades está el poder satisfacer ese contacto social”.

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En esa medida, si se tomaran las máximas virtudes de alguien que ama, por ejemplo la entrega, la ternura, la lealtad, la disposición absoluta, la alegría, la ausencia de egoísmo, todo encajaría perfectamente en un perro. La conclusión, y quien tiene un perro en casa lo probaría con creces, es que un perro SÍ puede amar.

Jeffrey Moussaieff, autor del libro Los perros nunca mienten sobre el amor escribió que “Los perros SON amor. Entonces la pregunta no es si los perros sienten amor, el misterio radica en cómo logran tener esa enorme capacidad de amar. Aún los perros maltratados o abandonados siempre guardan espacio para la esperanza, la esperanza de recibir un poco de afecto por parte de los humanos”.

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