Del juicio al “Gran Dictador”

3 de agosto del 2011

Meses de inmensa incertidumbre llegaron a su fin en pocos segundos. Los televisores instalados alrededor de Egipto mostraban la imagen del otrora simpático, imponente y poderoso líder Hosni Mubarak, ahora todo de blanco (uniforme que usan los presos en el mundo árabe), en una camilla, tras las rejas. Pero a pesar de los meses de […]

Meses de inmensa incertidumbre llegaron a su fin en pocos segundos. Los televisores instalados alrededor de Egipto mostraban la imagen del otrora simpático, imponente y poderoso líder Hosni Mubarak, ahora todo de blanco (uniforme que usan los presos en el mundo árabe), en una camilla, tras las rejas. Pero a pesar de los meses de espera y agotadoras jornadas de protestas en la Plaza Tahrir, los egipcios que miraban las pantallas no levantaron gritos de júbilo ni alegría, sino que en un ensordecedor silencio mostraron al mundo el verdadero significado de la caída del “gran” dictador.

Mubarak afronta cargos por corrupción y el asesinato de 850 manifestantes durante las protestas que acabaron con su régimen. Según reportes, la defensa del ex presidente se basará en que la orden de disparar en Tahrir nunca provino de su escritorio y que, así lo hubiera querido, le hubiera sido imposible parar la matanza. En caso de ser encontrado culpable, Mubarak podría enfrentar la pena capital y aunque serán los jueces (el juicio se retomará el 15 de agosto) los que definan el futuro de este octogenario , plagado de cáncer e incapaz de levantarse de su cama, la cara silenciosa y acusadora de los egipcios ante su anterior verdugo es un avance de lo que está por venir.

Pero la principal repercusión del juicio no se debe buscar en Egipto, donde la suerte ya está echada sino a la vuelta de la esquina en Siria y Libia donde dos prepotentes siguen su ataque contra los que protestan. Porque seguramente Bashar Al Asad y Muamar Gadafi no duermen y la imagen de Mubarak los atormentará mientras sigan en el poder. Porque Gadafi debe estar, en este momento, recordando a Saddam Hussein, ahorcado en una habitación oscura y con la cámara de un celular registrando sus últimos momentos de agonía. Y Al Asad, debe estar viéndose todo vestido de blanco mientras oye a los periodistas de los medios internacionales hablar de un Consejo de Seguridad reunido en algún lugar de Europa, solamente discutiendo lo que va a ser su final.

Lo de Mubarak es triste sin importar su grado de culpabilidad. Mostrar a un alguna vez poderoso ahora acabado, con poca vida por delante y vestido como un criminal es un símbolo de la peor humillación. Pero si sirve para disuadir a personajes como Gadafi, Al Asad o cualquier otro osado dispuesto a hacer lo que sea por el poder, a que terminen de una vez con su ataque frontal a la dignidad humana, es un sacrificio justo que este hombre debe pagar.

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