Euro-latinoamérica

29 de septiembre del 2012

Las relacionas entre Europa y Latinoamérica son como la Coca Cola, un día pueden ser normales y clásicas, otro día pueden ser light o dietéticas y otro día pueden ser zero.

Las relacionas entre Europa y Latinoamérica son como la Coca Cola, un día pueden ser normales y clásicas, otro día pueden ser light o dietéticas y otro día pueden ser zero. Las cosas entre los dos hemisferios distan de lo que sucede al interior de cada bloque, porque aún sin estar de acuerdo con una Latinoamérica común o una Europa unificada, lo cierto es que por un lado las cosas pueden estar mejor, por el otro lado están regular, pero entre los dos, presentan problemas.

En un contexto actual que se comenzó a gestar con la caída del Muro de Berlín y encontró un alto en el camino con la crisis financiera, se hace necesario reflexionar sobre cuáles son las perspectivas entre dos hemisferios que se complementan pero al mismo tiempo se distancian por condiciones asimétricas marcadas por el fenómeno migratorio, el gobierno de los mercados y las desigualdades sociales.

La crisis financiera en Europa y los planes de ajuste para alcanzar resultados positivos en materia fiscal han desarrollado políticas que no benefician las relaciones con América Latina. Esto se puede notar con algunos ejemplos como el endurecimiento en la reglamentación cada vez menos favorable para el fenómeno migratorio, la disminución de recursos y subvenciones en ayudas para la cooperación al desarrollo y la cohesión social y el blindaje de los mercados europeos frente a la producción agrícola latinoamericana.

Ilustración Lucas Agudelo.

Latinoamérica es un espacio geopolíticamente estratégico para Europa, no solo por que se puede conectar con cualquier mercado del mundo, sino por que cuenta con valiosas reservas medioambientales, inmensas extensiones de producción agrícola con tierras cultivables, biodiversidad y recurso humano indispensable para generar riquezas globales a partir para dicho poderío. No obstante, sigue enfrentando el desafío diario que durante décadas no ha podido superar: la desigualdad social y la pésima distribución de la riqueza.

Con la crisis económica, intensificada durante la primera década del siglo XXI, la región latinoamericana aprendió con destreza lecciones de orden macroeconómico que permitieron adelantarse al gobierno de los mercados y la especulación financiera que permeó la mayoría de los gobiernos de Europa y el de los Estados Unidos.

La gran conquista de América Latina fue el control de la macroeconomía, pero su gran derrota siguen siendo los profundos niveles de desigualdad. Ante este panorama de suma cero, el éxito económico convive con la descomposición social generando la necesidad de trabajar de manera estratégica en las relaciones entre Europa y América Latina con el objetivo de mejorar las condiciones de competitividad regional y convertir la inclusión social en el principal objetivo de los sistemas políticos latinoamericanos.

Existe una confusión en algunas políticas migratorias europeas, las políticas públicas producidas por los gobiernos abordan el fenómeno migratorio como un tema de criminalización y no de regularización. En Francia lograron imponer restricciones a la movilidad de la población gitana, en Italia les recortaron derechos electorales y España la migración no regularizada tiene que pasar por un centros de internamiento para luego ser expulsados, como si fueran criminales, violando los preceptos universales del derecho al debido proceso.

La implicación más cercana entre los dos hemisferios tiene que ver con los casi cinco millones de migrantes latinoamericanos en Europa. Existe una amenaza “antimigracionista” que de manera sorprendente puede llegar a comportamientos xenofóbicos y racistas en la misma Europa que siglos atrás luchó por la defensa de los derechos humanos e inspiró los procesos de independencia en Latinoamérica.

Latinoamérica y Europa tienen que trabajar en una agenda común migratoria, una agenda que regule la igualad de condiciones de trabajadores extranjeros o nacionales, que no distinga entre extracomunitarios e inmigrantes, que proteja las estructuras familiares y no las desintegren las fronteras y que entienda que los conflictos derivados de la migración también tienen que ver con un tema de derechos humanos.

@politicadirect

Ilustración: Lucas Agudelo

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