La Nueva Justicia

2 de mayo del 2011

La aniquilación del otro es una buena manera de ganar una posición envidiable frente a la historia: anular al otro, borrarlo de la memoria colectiva o sólo presentarlo como lo que se desea presentar. En fin, deshumanizar al adversario. Todo eso y más es la nueva dinámica del manejo de la información alrededor de los conflictos sociopolíticos a lo largo y ancho del mundo.

Desde que se desatara lo que se ha llamado la “Guerra Contra el Terrorismo”, cualquier tipo de sospechoso de tener nexos con alguna de las organizaciones islámicas que tienen relación directa con el terrorismo siente caer sobre su cabeza todo el peso de la “justicia”. Una justicia entre comillas y extraña a todas luces. Usar un reloj de una marca y modelo determinados convierte a cualquier musulmán o habitante de Afganistán en un sospechoso peligroso que debe ser detenido.

Una justicia de nuevo corte que se inventa nuevas cárceles (aunque no son tan novedades si se miran a la luz de la Inquisición Española). Centros de reclusión en donde las condiciones de supervivencia son las mínimas necesarias, y en los que se bordea la tortura permanentemente, como sucede en Guantánamo. Miles de “terroristas” que se encuentran en un inexplicable y casi que total y permanente aislamiento, no sólo por estar en las celdas -que más bien parecen jaulas- sino porque les anulan los sentidos al ponerles tapabocas, guantes, lentes completamente oscuros y tapa-oídos en los quince minutos diarios de contacto con el sol. En algunos casos no existen cargos formales ni el derecho a réplica o a un defensor. Estas condiciones pueden extenderse por años, e incluso a menores de edad, sin que exista un desagravio real al momento de dejar ir a algún retenido debido a su inutilidad.

Una justicia unilateral que permite torturas en las cárceles Afganas e Iraquíes y que incentiva el irrespeto por los cadáveres del otro bando. Fotos de marines pisando cabezas cercenadas u orinando pilas humanas, sin que ello transgreda ningún límite legal o ético. Todo ello envuelto en una nube de términos sinuosos y mentirosos como “Daño Colateral” o “Combatientes Enemigos”, entre otros.

Lo que anima cualquier tipo de acción después de los hechos del 11 de septiembre de 2001 es un deseo de venganza antes que un accionar legal. No hay la intención de someter la destrucción de las Torres Gemelas a la justicia internacional, o tan siquiera a algún marco jurídico existente. La última prueba de ello ha sido la misión que dio como resultado la muerte de Osama Ben Laden; la directriz fue la de buscar y destruir, antes que la de capturar y juzgar.

La desaparición del cadáver arrojándolo al mar es el último de esos actos tendientes a deshumanizar al otro, a desaparecer cualquier rastro físico de su existencia en la historia. Una historia que cada día se politiza mucho más con el silencio cómplice de la mayoría de nosotros. Una historia que se inventa y se sustenta en una justicia que a su vez también se inventa, a pesar del resto de naciones del mundo.

No es raro pues, según esta lógica de la deshumanización y el desconocimiento del otro, que en unos cuantos años aparezcan los documentos y denuncias de las acciones en Libia como producto de esa nueva justicia.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO