Nosotros nos juntamos, ellos se separan

14 de septiembre del 2012

De unos años para acá mis amigas comenzaron a casarse con sus novios y a todas les ha resultado el nuevo estado civil; mientras mis amigos se quejan porque no encuentran una mujer con la cual armar una relación estable que, de pronto, cuaje para pensar en un futuro matrimonio, entonces se me hace inevitable […]

De unos años para acá mis amigas comenzaron a casarse con sus novios y a todas les ha resultado el nuevo estado civil; mientras mis amigos se quejan porque no encuentran una mujer con la cual armar una relación estable que, de pronto, cuaje para pensar en un futuro matrimonio, entonces se me hace inevitable pensar en por qué las relaciones de pareja duran tan poco hoy en día.

He oído en todos los tonos y de varios hombres la misma queja: ennoviarse es súper complicado. Unos dicen que las mujeres que a ellos les gustan ya están comprometidas o que no hay química con quienes salen, otros que las únicas que los ven como buenos partidos son las madres solteras en busca de un tipo que las mantenga y algunos más afirman que el asunto es tan enredado como la bolsa de valores, por lo que prefieren esperar a que la situación se calme un poco antes de meterse de cabeza para intentar entenderla.

Entretanto las mujeres que siguen solteras y sin hijos están gozando tanto de su independencia que no piensan en concretar a alguien para más adelante, sino que más adelante cuando sienten que las está dejando el tren, se angustian porque no aprovecharon los pretendientes que antes les cayeron, aunque para hacer honor a la verdad, son pocas las que conozco en esta situación, pero quizás allá llegaremos.

Sin importar la edad o la etapa que estén viviendo los implicados, hombres y mujeres, encuentro un punto en común en los comentarios que hacen y es la alta probabilidad de que una nueva relación termine rápidamente gracias a la facilidad que existe para acabar una unión, sobre todo si se compara el momento presente con épocas pasadas.

Cuando los matrimonios eran por conveniencia, el divorcio se veía como una vergüenza y las mujeres difícilmente podían sostenerse a sí mismas porque dependían económicamente de los hombres, la opción de terminar un enlace era complicadísima, así que pocos se le medían a esa aventura. Ahora la libertad que hay para elegir a la pareja que se desee y la independencia financiera femenina parecen estar inevitablemente acompañadas por la falta de dramatismo que implica romper un vínculo, viéndose con mucha frecuencia cómo la gente cambia de relaciones varias veces en un año casi sin inmutarse.

Hoy somos víctimas de nuestro propio invento.

Una vez descubrimos que separarse es una buena solución para las llamadas diferencias irreconciliables, como la falta de confianza o de amor, nos precipitamos al otro extremo, al de un carrusel de individuos que vamos desechando uno a uno cada vez que les encontramos pequeños defectos.

Para mí la situación es similar a la de quien asiste a un buffet y pretende saber cuál es su plato favorito sin probar ninguno. Del mismo modo en que no se puede saber cuál es el sabor que más nos gusta con sólo mirar, tampoco se puede averiguar cuál es la persona más indicada para comprometernos a largo plazo estando en relaciones de pocos meses.
Antes de que descubriéramos el sabor que más nos gusta tuvimos que probar varios alimentos hasta hallar ese que luego decidimos es nuestro preferido.

Actualmente las personas pasan de una relación de pareja a otra sin darse el tiempo suficiente para acoplarse a ellas y descubrir que molestias pasajeras son perfectamente solucionables si saben ponerse de acuerdo. Después llegan a convencerse de que todos son lo mismo y que ya no hay esperanza en nuevos intentos.
Así como para saber cuándo un ajiaco está bien preparado hay que probarlo una y otra vez, hasta que entregue todos sus sabores y olores escondidos, es necesario vivir ciertas experiencias con una persona antes de convencerse de si será o no la adecuada para emprender un viaje de crecimiento continuo.

Mientras no estemos dispuestos a pasar un poco más de tiempo probando los elementos de cada persona que luce como una opción interesante para un compromiso a largo plazo, seguiremos siendo los que se separan mientras otros se “casan”.

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