Parte Médico: la salud de los bogotanos en cuidados intensivos.

26 de junio del 2012

  Durante el fin de semana pasado, la Personería de Bogotá en cabeza de su director: Ricardo Cañón, ordenó la intervención de varios centros hospitalarios entre ellos el Hospital de Kennedy, Bosa, y Tunal entre otros, encontrando un panorama desolador para los pacientes y el personal médico, que cada vez se ve más restringido para […]

Parte Médico: la salud de los bogotanos en cuidados intensivos.

Durante el fin de semana pasado, la Personería de Bogotá en cabeza de su director: Ricardo Cañón, ordenó la intervención de varios centros hospitalarios entre ellos el Hospital de Kennedy, Bosa, y Tunal entre otros, encontrando un panorama desolador para los pacientes y el personal médico, que cada vez se ve más restringido para atender adecuadamente las urgencias por falta de personal administrativo especializado, así como también por escasez en implementos básicos como drogas, sueros, y camillas, limitación en la capacidad de espacio para ubicar a las personas, y estándares de higiene mínimos.

Todos estos aspectos son primordiales, para una prestación de servicio digno, que cada ciudadano merece, por derecho fundamental y constitucional, y son las falencias más visibles hoy en día en estas instituciones de salud, especialmente en el área de Urgencias, por falta de pago de las EPS, que asciende a un estimado de 250.000 mil millones de pesos, lo que agrava aun más esta desesperante situación.

Según el informe de la Personería, un paciente que ingresa por urgencias puede llegar a ser atendido en los siguientes tiempos: dependiendo de la gravedad del cuadro clínico“hasta 24 horas“, procedimientos médicos entre: “15 minutos hasta 8 horas“,  espera de resultados y segunda valoración médica para diagnóstico: “dos a cuatro horas“, y facturación: “dos a cuatro horas“. Por otra parte, los hospitales están excediendo la capacidad de atención en urgencias, por ejemplo una institución que tiene aforo para 52 pacientes, se estima que diariamente atiende alrededor de 130 casos, razón por la cual muchas veces se ven obligados a ubicar a los usuarios en los pasillos, carpas instaladas a las afueras de la institución, y muchos otros lugares que no presentan los estándares requeridos, para los hospitales de nivel I, II, III de Bogotá.

Precisamente, semanas atrás, un indigente de 40 años identificado como N.N Moisés Contreras, murió aparentemente por presentar heridas en el abdomen de arma corto punzante, en el hospital Santa Clara a las 7:00 am. El gerente de este hospital Hugo Méndez, se refirió al caso explicando que el hombre no había permitido a los médicos, tomarle los signos vitales. Es increíble saber, la causa de todo esto se debe al desinterés médico, que no cumple con el protocolo esencial de atención urgente a los solicitantes. ¿Cómo es posible, que no se le tome a una persona herida, por lo menos sus signos vitales, como parte del procedimiento de admisiones a urgencias?

Debido a estos acontecimientos, decidí acercarme a la Unidad de Servicios Médicos de Urgencias de la Clínica del Country, ubicada en la Cr 16 No 82 – 57, para profundizar sobre la crisis de la Salud en Colombia. En primera instancia, encontré la sala de urgencias llena, con varios pacientes, en su mayoría con virus mutantes, problemas respiratorios, esguinces, y presión arterial alta en personas de la tercera edad.

El tablero que indicaba el número de atención marcaba: 60 usuarios. Me senté entre ellos esperando a ser atendido, para solicitar la información que requería. Intempestivamente, y ante el asombro de los pacientes, hace entrada a la sala un  indigente o hombre de la calle, con una sudadera de color inidentificable, debido a la mugre que contenía. Su rostro era de color cenizo, mostrando que hacía por lo menos 2 meses no se bañaba,  así lo confirmaba el nauseabundo olor, que expedía su cuerpo.

El indigente mientras esperaba su turno para ser atendido, se sentó en medio de todos nosotros a ver televisión, disimuladamente la gente se paraba, dejándolo solo, el parecía regocijarse con la incomodidad, y sorpresa de todos los allí presentes, quienes sin dejar de asombrarse, veían como este descuidado personaje, se levantaba la camisa exhibiendo su piel desnuda, empezando a sacarse con sus negras y largas uñas, las garrapatas y pulgas, de las tetillas y del ombligo de su cuerpo. Posteriormente, se retiró la capucha de su cabeza, y comenzó arrancarse los piojos, matándolos con sus pocos dientes enfrente de todos. Como si fuera poco, muerto de risa, se quitó uno de sus gastados tenis, dejando al descubierto su pie derecho, y con sus manos se refregaba la planta del pie, retirándose la mugre.

Todos las personas se miraban atónitas, comentaban el hecho, y hasta se reían nerviosamente. Una señora de aproximadamente 60 años de edad exclamó: – “¡Dios mío yo con esta baja de defensas, y ni siquiera puedo respirar bien, con el olor tan desagradable de este señor!. Estoy que me voy de aquí“ -. Afortunadamente, uno de los vigilantes de la Clínica del Country, en menos de 20 minutos, llevó  a este necesitado personaje, al cubículo de la enfermera jefe, quien haciendo acopio de toda la paciencia y ética del mundo, le tomó los signos vitales, y presión arterial, colocándole la manilla identificativa de paciente de urgencias. Después, por parte de la oficina de admisiones de la clínica, fue remitido para ser evaluado por el médico de turno.

Posteriormente, conversé con este hombre de la calle, me dijo que se llamaba: Wilson Urquijo, tenía 36 años, y se había cortado la mano derecha con un bombillo. Observando su mano, aparecía en ella una pequeña cortada. Sin embargo el médico le hizo todos los exámenes de rigor, y diagnostico que no era necesario ninguna sutura, dándole entonces tres cajas de antibióticos, para controlar una posible “infección“. Wilson Urquijo, salió de la sala de urgencias, muy contento, y aparentemente tranquilo, mirando por encima de su hombro, a los desconcertados enfermos, sentados en la sala de espera.

Al preguntarle al personal administrativo y de salud por este hecho, se me informó que la política de la Clínica del Country, era atender estos casos con prioridad, sin importar la clase social o económica.  Los gastos de estas urgencias eran cubiertos por el: FOSYGA (Fondo de Solidaridad y Garantía), como parte del Sistema General de Seguridad en Salud, adscrita al Ministerio de Salud y Protección Social. Precisamente en ese momento, tenían el caso de otra indigente en cuidados intensivos, cuyo costo diario aproximadamente era de más de un millón de pesos, y estaba siendo cubierto por el SOAT, pues había sido atropellada por una buseta.

Este caso nos hace reflexionar en torno a las contradicciones que actualmente rondan el tema de la salud de Bogotá, pues en ese mismo lugar fue atendido el ex ministro: Fernando Londoño, tras el atentado, con todo y su reloj marca Rolex, como también fue atendido el indigente Wilson Urquijo, con la misma eficiencia, actitud de servicio y profesionalismo, del personal de la institución.

No podemos entender como el Dr. Juan Carlos Giraldo, actual vocero de clínicas y hospitales, declare que los servicios médicos de urgencias de la capital, están “recalentados“ y no funcionan de manera “óptima“. Además, el propio Secretario de Salud: Guillermo Alfonso Jaramillo, habla de un colapso en la salud por falta de ambulancias, pago a las EPS, y tantas otras denuncias que ha hecho públicas, entorno a este tema.

Afortunadamente, una de las mejores clínicas de  Bogotá, nos muestra este ejemplo de atención desinteresada y eficiente, hacia cualquier ciudadano necesitado, haciendo honor al juramento hipocrático, basado en la humanización y la entrega, al servicio del mejoramiento y cura de los demás seres humanos. Esto debería llenar de esperanza, a los apáticos y desmoralizados bogotanos, por lo menos empezando a mejorar desde la parte psicológica, asumiendo la vida con una actitud más positiva, y sobre todo diciendo: “si a la vida a pesar de todo“, dàndole gracias al Señor por cualquier día de salud que nos ofrezca, para evitar asistir a una urgencia en algún hospital de la red hospitalaria de  Bogotá.

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