Aclaraciones sobre mi columna anterior

13 de mayo del 2011

He recibido dos escritos provenientes de quienes hacen parte de la organización del Festival de la Leyenda Vallenata, en los cuales cuestionan mi columna anterior que se tituló: Lo bueno y lo malo del Festival Vallenato, escritos estos que vale la pena analizar en esta entrega y especialmente poner unos puntos sobre la íes.

En los últimos años he venido acostumbrando a mis lectores, una vez pasado el Festival Vallenato, a hacerles un balance que he denominado Lo bueno y lo malo del Festival y el cual no busca otra cosa que servirles a los organizadores de crítica constructiva que les ayude a corregir errores y a mejorar continuamente el evento.

Pues bien, el primero de esos escritos, del cual debo decir es elegante y respetuoso, lo suscribe Andrés Molina Araújo y en el expresa su desacuerdo con algunos aspectos de mi columna, especialmente lo malo del festival; allí se dice: “Así las cosas, su argumentación pone de relieve una contradicción lógica insuperable: no puede usted válidamente criticar la aparente falta de idoneidad del jurado y a la vez afirmar su conformidad, su aceptación y su satisfacción con los ganadores seleccionados por tales jurados no idóneos. ¿Cómo puede, entonces, un jurado -en su concepto- no idóneo, no apto, elegir unos ganadores que, en su opinión, merecen el triunfo?  Precisamente la conformidad de usted con los ganadores confirma, a posteriori, la idoneidad del jurado.”

Doctor Molina, con todo respeto, una cosa es la idoneidad del jurado y otra bien distinta es el resultado de la evaluación: la primera es la condición previa al concurso de las calidades que se deben exigir a quienes se seleccionan para calificar una determinada competencia; como en este caso se trata de una actividad calificada que exige unos conocimientos y experticias en la materia, no es un simple concurso de belleza, el jurado no puede ser un Juez en conciencia, sino un juez experto en la materia a calificar y la segunda que es el resultado, puede fácilmente ser compartido por los expertos en razón a que coincidencialmente puede ser acertada; en otras palabras, acertar (léase atinar) en una decisión no me convierte en experto ni en idóneo en ese tema.

Más adelante el doctor Molina manifiesta su inconformidad con el tema que yo denomino elitización del festival por los altos costos en las entradas y manifiesta: “Claro que la Fundación tiene que cobrar la entrada porque realizar tales espectáculos tiene unos costos que, muchas veces, superan el valor de lo recaudado en boletería.”

La pregunta que me surge es: ¿Durante cuántos años el Festival se hizo en la Plaza Alfonso López, con ingreso al público totalmente gratis y de dónde salía el dinero? Supongo que de los patrocinios públicos y privados, al igual que en la gran mayoría de festivales vallenatos del país.

El otro escrito es un artículo que firma mi entrañable amigo Juan Rincón Vanegas, jefe de prensa del Festival, y no es tan serio y respetuoso como el anterior; en él se afirma: “El abogado, periodista, compositor, escritor, cantante, verseador y otros títulos más, Jorge Naín Ruiz Ditta, escribió en El Pilón, kienyke.com y en eltiempo.com que Prensa Festival estaba en nada y rezagada, pero se le olvidó que además de él llegar al cubrimiento de los últimos días del festival, no se enteró  de que a la entrega de las credenciales y los chalecos, días 25, 26 y 27 de abril,  aportamos un paquete con el programa y un folleto con la más importante información de los concursantes y sus respectivas sedes, que cada noche de las finales llevamos a la zona de prensa más de 120 boletines con la más clara y precisa información de los concursantes que llegan a esa instancia…”

Estimado amigo Juan, cuando escribí sobre la falta de boletines escritos que orientaran a los medios, simplemente recogí las inquietudes de muchos locutores y periodistas que en las instancias distintas a la final preguntaban dónde encontrar información de los concursantes clasificados, porque sencillamente no tenían a la mano un computador para ingresar a la página web y ni en la feria ni en la plaza, había un café internet.

COLOFÓN: Compadre Juancho, no sé si: compositor, escritor, cantante y verseador sean títulos, como usted peyorativamente los llama; nunca me he creído periodista, simplemente escribo una columna de opinión y usted más que nadie debe saber las diferencias; el único título que reclamo y que usted no me da es el de ser un buen amigo y no solo cuando resaltan mis virtudes, sino también cuando me hacen caer en cuenta de mis errores. En las innumerables ocasiones cuando resalté y elogié su trabajo, me decía “Doctorazo” hoy que quise manifestarle una no conformidad, me dice: “Doctorcito, estas ‘miando’ fuera del pote”. Los amigos no son aquellos que te hacen reír con mentiras, sino aquellos que te hacen llorar con verdades.

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