Apenas nació se burlaron de ella

Dom, 26/06/2011 - 23:56
A tempranos veinte años de la Constitución de 1991, basta con contrastar su Preámbulo con nuestra realidad actual para medir los logros del país tras su promulgación constitucional como Estado So
A tempranos veinte años de la Constitución de 1991, basta con contrastar su Preámbulo con nuestra realidad actual para medir los logros del país tras su promulgación constitucional como Estado Social de Derecho. El asunto es que entre tanto pronunciamiento escrito y verbal de diversos actores de la vida nacional, con motivo de las primeras dos décadas de nuestra Carta Política, donde se destacan virtudes y pendientes suyos, son escasos los autores que se esmeran en poner la mira en factores de fondo que obstaculizan de manera importante los avances en procura de los fines establecidos en ese Preámbulo. Veamos: no se puede pretender “fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo…” (Enunciado principal del Preámbulo), porque, prácticamente, al mismo tiempo que el gobierno del momento promulgaba la nueva Constitución (fraguada en una Asamblea Constituyente, producto de un complejo esfuerzo de intención democrática), implantaba el modelo económico neoliberal que, con la deshumanización que nunca pudo esconder, habría de constituirse en la negación de tales fines. Cuando últimos estudios sobre desigualdad, promulgados por organismos internacionales entre los cuales se cuentan los mismos que imponen directrices que arrojan tales resultados, ¡Oh ironía!, ratifican que seguimos siendo el país más desigual de América Latina, no podemos hablar de unidad de nación, de asegurar la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, ni de democracia (sobre todo porque en decisiones como la de la adopción del modelo económico no participa la población. Sólo le son impuestas), y mucho menos de un orden económico y social justo. La sustentación sobra. Es culpa compartida entre gobierno y ciudadanos si la Constitución Nacional al cabo de estos años no puede mostrar avances importantes en cuanto a los propósitos para los cuales fue concebida. El gobierno (todos los que han transcurrido desde 1990 hasta nuestros días), por no querer tomarse en serio el hecho de que los beneficios de ese sistema económico se queden en unos pocos, con injusticias y abusos de por medio, y nosotros por ser tan pasivos ante este estado de cosas. Ese sistema, donde la racionalización de costos en procura del lucro desmedido y el crecimiento rápido deshumaniza tanto a propietarios de empresas como a directivos, a empleados y a consumidores o usuarios; donde se mezclan desempleo, empleos de mala calidad, bajos salarios, menosprecio por el ser humano, reducción de relaciones humanas al ámbito jurídico o al interés económico, y mala calidad en la atención, en los productos que se venden o en los servicios que se contratan o subcontratan, tiene mucho que ver con los logros que hasta ahora alcanza la Constitución y con nuestro resultado como sociedad. Está muy bien que se comente sobre los logros que la mayoría de celebrantes destacan: entre otros, que la tutela puso la justicia al alcance real de los individuos (lo que ratifica la inoperancia del sistema ordinario); que ya no exista el Estado de sitio; que se hayan acabado los auxilios parlamentarios; que el Banco de la República sea independiente del gobierno; que se esté en el camino de mejorar la administración de justicia en el ámbito penal mediante la creación de la Fiscalía (aunque persista, ante la indiferencia de la mayoría, el esperpento del Congreso como juez del presidente de la República); que exista la Corte Constitucional (pues se ha convertido en el órgano del Estado que vela por los derechos fundamentales de la gente); que se reconozca (aunque todavía no como se debería) la diversidad étnica y cultural de los diferentes grupos humanos que conforman el país; pero, mientras nos sigamos haciendo los de la vista gorda con cuestiones de fondo como la exclusión que define a nuestro sistema económico, por más Constitución ideal que tengamos, no saldremos adelante, ni como comunidad, ni como país.
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