Bella con la brillantez del sol y oscura como el otro lado de la luna enloquecida

8 de enero del 2011

Ojos azul cobalto que presenciaron delirios y sueños de secuestro.  Ávidos de amor y seguridad.  Los que no tuvo Norma Jean sin padre conocido, abuelo suicida, madre y abuela locas, abandonada en la infancia de la que nunca salió.   Era alegre a pesar de las rasgaduras entre el mundo interno y el afuera de su esquizofrenia paranoide.  “Para sobrevivir habría tenido que ser más cínica o por lo menos estar más cerca de la realidad”, afirmó Arthur Miller. “No he tenido Fe en la Vida entiéndase la Realidad”, escribió corroborando a su exmarido.

Marilyn Monroe de hermosura insólita.  ¿Fue su belleza un regalo de los dioses, una trampa o un castigo en un mundo en el cual lo primero que se señala de una mujer es su atractivo físico o la falta de éste?  Sin duda, un medio de supervivencia para una chica que quería salir de la pobreza.  Fuente de gozo al exhibirse para ser objeto venerado: el símbolo sexual que quiso dejar de ser y no pudo.  Punto de partida para sumergirse en su propia ficción.  Marilyn  transformada en su personaje: la diva de los tiempos modernos, la femme fatale de aire ingenuo que en el set evadía sus tormentos: “En el escenario –no/me castigarán por ello/ ni me azotarán/ni me amenazarán/ni me dejarán de amar/ni me mandarán al infierno a arder/con los malos/haciéndome creer que yo también soy mala/ni tendré miedo ni vergüenza de que/mis genitales/queden expuestos conocidos y vistos”.  Radiante como el sol a mediodía.  Como la imagen que la aprisionó.  Ícono de hablar aniñado, a expensas de esposos, asesoras de actuación y psiquiatras.  Al servicio de eróticas fantasías.

Todo lo de Marilyn se vende.  Ahora se pone al mercado a la intelectual, autora de Fragmentos. Poemas, notas personales, cartas editado por Stanley Buchtal y Bernard Comment, que publica en español Seix Barral.  Retazos de angustia de 1943 a 1962, con caligrafía fracturada y escasa puntuación que evocan la escritura automática, el zigzag de la enajenación, el diario que se prepara para comparecer ante el diván, o cierta intuición de poesía.  El libro contiene numerosas fotografías.  Marilyn lee.  Hay cartas a psicoanalistas y anexos.

Reclamos al primer marido, James Dougerthy, para “Mostrar que es mi ser femenino quien exige satisfacción” y el mismo deseo de ser ella, tras su ruptura con Miller: “A partir de mañana empezaré a ocuparme de mí misma porque eso es lo único que tengo realmente”.  La imposibilidad del amor o la soledad, porque “Sólo partes de nosotros llegarán a tocar partes de los demás…la verdad de cada uno es eso solamente-la verdad de cada uno”. El horror de envejecer.  “Deprimida loca” en uno de sus cuadernos negros.  Esperar la muerte buscada: “Fuerte y desnuda debes permanecer –viva-mientras miras de frente a la muerte”. El psicoanálisis que hurgó  demasiado en su niñez y no le permitió pasar la página: “Tras un año de análisis/Socorro, socorro/Socorro/Siento que la vida se me acerca cuando lo único que quiero es morir”. Y la depresión eterna: “llevo la vida entera deprimida hasta dónde puedo recordar”.

Rastros de lo oscuro de la mariposa que nunca abrió sus alas, como ella hubiera querido.  Lo dice Antonio Tabucchi en el prólogo,  lo mejor de la publicación.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO