Bizancio: el imperio que hizo posible la Europa Moderna

22 de septiembre del 2012

  Judith Herrin Debate 2 Edición en español Barcelona, España, 2010   En el imaginario colectivo, el término bizantino se usa peyorativamente para indicar cuestiones intrincadas sobre asuntos que realmente no tienen importancia. Nada más alejado de la realidad. Con este interesante libro, escrito a manera de capítulos autocontenidos para una mejor y más fácil […]

Bizancio: el imperio que hizo posible la Europa Moderna

Judith Herrin

Debate

2 Edición en español

Barcelona, España, 2010

En el imaginario colectivo, el término bizantino se usa peyorativamente para indicar cuestiones intrincadas sobre asuntos que realmente no tienen importancia. Nada más alejado de la realidad. Con este interesante libro, escrito a manera de capítulos autocontenidos para una mejor y más fácil lectura, la erudita profesora del King´s College de Londres rescata para todos la singular importancia que para este mundo moderno significó el Imperio Bizantino.

Va recorriendo los fundamentos del imperio, a través de su refundación como Constantinopla, la ciudad de Constantino El Grande, en el siglo IV de nuestra era, su derecho, la importancia en la propagación del cristianismo como religión predominante, la monumental arquitectura que tiene su cima en la Basílica de Santa Sofía (Santa Sabiduría).

Luego plasma con maestría la transición de lo antiguo a lo medioeval, con el papel protagónico que el Imperio Bizantino tuvo como contención del Islam, durante ochocientos años; relata también la expansión del credo ortodoxo por todas la península balcánica y las inmensas planicies rusas, incluso con la creación de una escritura particular para difundir estas nuevas creencias, como el alfabeto cirílico, hoy referencia de los idiomas ruso, serbo-croata, ucraniano, búlgaro por decir algunos; armas sofisticadas para la lucha en el mar, como el denominado “Fuego Griego” que se esparcía en las aguas quemando todo lo que estuviera en su dirección.

También Herrin muestra con detalle como era el aspecto de la Corte Imperial; la importancia de las emperatrices; la figura de los eunucos; su papel como centro comercial de primer orden, con lo que la Ciudad, la Nueva Roma, Constantinopla, era en verdad una verdadera metrópoli cosmopolita; la disciplina para acuñar y mantener una moneda estable durante más de setecientos años.

Refiere también las luchas contra el Papado en Roma; el debate sobre los íconos, la identidad y la creencia religiosas; las excomuniones y los cismas; las diferencias dogmáticas, en un mundo regido por los Estado-Nación en la Europa Occidental cercanos a la Tiara Papal.

En resumen, Herrin nos muestra cómo “una y otra vez, la extraordinaria combinación de los legados romano, pagano, cristiano y griego le otorgó la capacidad para recuperarse de las adversidades, en lugar de desaparecer dejando apenas un rastro de sus logros”.

Es la historia de muchos siglos; es la cultura que cual palimpsesto ha sido grabada y regrabada varias veces; y que a pesar de haber sucumbido en mayo de 1453 al Imperio Otomano, dando fin a la Edad Media, y siendo la última lucha “con los descendientes de griegos y romanos”, como diría el último emperador Bizantino Constantino XI Paleólogo, ha superado con este libro los estereotipos negativos y magnificado el inmenso legado de una cultura que aún hoy subsiste como base y esencia de la modernidad.

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