En un ataque de singular originalidad, Samuel Moreno decidió borrar de la faz de la ciudad el nombre de “Bogotá Sin Hambre”, la política de seguridad alimentaria del gobierno de Lucho Garzón. Y denominó en su Plan de Desarrollo, a esa misma política, “Bogotá Bien Alimentada”. Lo mismo hizo con otros emblemáticos programas sociales que recibió cuando asumió el gobierno de la ciudad.
Y digo singular originalidad, porque en teoría, la política pública era exactamente la misma. No se modificó en una coma. Salvo las metas en ampliación de coberturas, en manos de Samuel la política alimentaria prometía ser una afortunada continuidad. Y no lo fue. Su nuevo nombre no representó un salto en calidad y en cantidad, sino más bien un franco deterioro. O un retroceso, que es lo mismo.
En el campo del abastecimiento, esto es, la disponibilidad y acceso a los alimentos de calidad para las familias más pobres, la propia administración reconoce incumplimientos en las metas. El Sistema de Información, útil para garantizar mejores precios a productores agrícolas y consumidores finales, aún no funciona plenamente. Luego de tres años, a junio de 2011, esta meta solo alcanza un avance del 61%. Al tiempo que solo se terminó la construcción, en El Lucero en Ciudad Bolívar, de una de las dos plataformas logísticas de abastecimiento previstas. Concebidas como grandes infraestructuras de intercambio entre productores y comercializadores, la de El Lucero, recién inaugurada, ha sido objeto de serias críticas, pues se encuentra subutilizada y opera como una plaza de mercado de barrio.
Los problemas más graves se concentran en el programa “comedores comunitarios”. Resulta alarmante que, según el último informe de auditoría de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD, 155 de los 288 comedores que operan en la ciudad, el 52%, fueron calificados como No Favorables en los aspectos técnicos nutricionales. El componente técnico nutricional garantiza que los alimentos sean entregados en óptimas condiciones de infraestructura, menaje, cantidad, calidad y condiciones de higiene. Pero francamente es imperdonable que entre el 2008 y el 2010 se haya suspendido, por razones administrativas, temporalmente el servicio en 127 comedores, el 42% del total. A 38.000 personas, de las más pobres de Bogotá, les han negado su derecho a la alimentación hasta por más de 90 días, como ocurrió en el comedor La Peña en la localidad de Santa Fé y El Tesoro en Ciudad Bolívar.
Con razón las cifras indican un estancamiento en las condiciones nutricionales de la población. Según el Área de Vigilancia en Salud Pública-Sisvan- de la propia de Secretaría Distrital de Salud, mientras la desnutrición aguda en niños y niñas menores de 10 años, bajó de 5.6% en 2004 a 4,2% en 2008, en la administración Moreno se estanca en el último porcentaje. Entre tanto la desnutrición crónica en niños y niñas menores 10 años, bajó del 13,4% en 2004 al 12,6 en 2007. En tiempos de Samuel, este indicador decrece durante el 2008 al 12,2%, pero en el 2009 se incrementa al 12,3%.
Qué buena la originalidad de Samuel. Con ella quedó demostrada otra vez su incompetencia.
