Buen político, ojalá buen gobernante

9 de agosto del 2011

Al año de posesionarse Santos ha demostrado hasta la saciedad que es un excelente político.

Al año de posesionarse Santos ha demostrado hasta la saciedad que es un excelente político.

Otros gobernantes con excelentes capacidades hemos tenido.

Pero lo que califica a un buen gobernante no son solo sus habilidades y virtudes sino también la orientación de sus políticas; una cosa es la capacidad de conducir el país y otra el hacia dónde se conduce.

Ejemplos hay en el país de hasta dónde cuentan la orientación y los modelos con los que se desarrollan las políticas. Nadie discutiría las cualidades de líder de un Gaviria y menos las de un Uribe, sin embargo las encuestas muestran que el gobierno del primero es el que menos buena calificación tiene, y el creciente cuestionamiento y la disminución de la aprobación al régimen del segundo muestran que con el tiempo la gente distingue el eventual carisma de un mandatario de lo que son sus resultados y sus métodos de su gestión.

El balance que con motivo del primer año Santos comentan los analistas muestra que el actual mandatario tiene una gran aceptación, pero respecto a los resultados y proyección del gobierno son bastante ambivalentes.

A Santos le basta el contraste con el gobierno de Uribe para ser apreciado como buen gobierno. Pero también algo hay de cierto en su frase “soy la continuidad del gobierno Uribe, pero con cambio de estilo”.

También se debe tener en cuenta que la presentación de todo gobierno tiene tendencia a ser parcial para mostrar el lado bueno y ocultar lo debatible. Fue, por ejemplo parcialmente, el caso de la disminución de homicidios y secuestros bajo el gobierno anterior, cuando se incrementaba la cantidad de ‘desaparecidos’, los cuales, aunque que implicaba al mismo tiempo probable secuestro y homicidio, no contaban como tales. O cuando se destaca el alto  crecimiento de esos ocho años, pero sin mencionar que fue uno de los tres menores de toda América Latina, ni que fue en comparación o por rebote respecto a la peor caída de la historia de Colombia con la cual había dejado Andrés Pastrana al país. O algo similar sucede ahora con la tasa de desempleo que baja 1,6% pero se omite destacar que al mismo tiempo el subempleo sube 6%.

Por un lado están las cinco locomotoras.

La de infraestructura está tan falta de motor que el Ministro parece ser el primer llamado a renunciar. La verdad es que fue escogido para evitar que se continuaran o se repitieran los escándalos producidos bajo el gobierno anterior, pero que se encontró con la catástrofe invernal que a todas luces lo desbordó (a él y al país).

En la del sector agrícola se habla de un crecimiento del semestre de 7,8% y de unos logros en la titulación y la restitución de tierras que es imposible ante lo que se vive en el campo.  Según el ministro tenemos 4,9 millones de hectáreas en agricultura de los cuales el invierno acabó con la producción de un millón o sea el 20%. Los avicultores sufren la pérdida del mercado venezolano. La ‘marchitez XXX’ de la Palma Africana disminuye la producción y mata las plantas. La cosecha de café cayó a 9,5 millones de sacos y solo 6,5 millones fueron exportables. El arroz fue atacado por la bacteria que hizo que se prohibiera la siembra en el Tolima (más del 30% de la producción nacional). De las empresas floricultoras que habían sobrevivido a la devaluación del dólar buena parte se ahogaron con las inundaciones. La leche de Ubaté, Simijaca, Lenguazaque, San Miguel de Sema, o sea del altiplano, por remate de las vacas o por su traslado se redujo a la mitad. Eso sin tocar el ‘pancoger’ de los más de tres millones de damnificados por el invierno. Incluso, según datos oficiales, los cultivos de droga disminuyeron sensiblemente.

Con más de 100.000 licencias de construcción aprobadas la locomotora de vivienda parece prometer algo y debe aplaudirse ese indicador; sin embargo ante la meta de un millón durante el cuatrenio el cumplimiento dependería de triplicar cada año esa cifra, lo cual puede ser difícil.

La inversión extranjera en minería disparó las reservas y esto, con la disminución en pesos de la deuda por la caída del dólar, nos ganó subir al grado de inversión. Pero al costo de una enfermedad holandesa y de ofrecer el derecho de explotación de nuestros recursos naturales al precio más barato de todos los países. Y no debemos engañarnos: los verdaderos dueños de ese incremento de las reservas y del aumento de la exportación correspondiente son las compañías extranjeras que trajeron esa inversión.

En la de ciencia y tecnología se ha reconocido como altamente positivo la destinación obligatoria del 10% de las regalías petroleras a ese rubro. Sin embargo, la plata no es todo, y como lo señaló  la Ministra de Educación con menos del 1% de los estudiantes y las carreras dedicados a la investigación y desarrollo no se ve en dónde van a estar los respectivos conductores.

Por otro lado se desinstitucionalizó el país con tres presupuestos (como lo describe Alejandro Gaviria): el de siempre, coordinado por Planeación Nacional. El segundo, el de regalías, será asignado con base en decisiones colegiadas de gobernadores, alcaldes y funcionarios. Y el tercero, el de Colombia Humanitaria, que es responsabilidad de representantes del sector privado y varios ministros. O sea, uno centralizado, otro descentralizado y otro más semiprivatizado.

El modelo de manejo con la guerrilla se mantiene según el presidente, pero se empiezan a ver resultados diferentes. El anuncio del ‘revolcón al sistema de seguridad del país’ dice más que todas las críticas al Ministro y al Comandante de las Fuerzas Armadas.

Los ‘logros’ en el legislativo no necesariamente son tan buenos: La ley de regalías es contraria al ‘Estado decentralizado’ y la ‘sostenibilidad fiscal’ al ‘Estado Social’ consignados en la Constitución; salieron unas grandes leyes marco (víctimas, anticorrupción) pero falta su reglamentación y no se debe olvidar que buena parte de la oposición a ellas es por considerarlas imposibles de implementar. En cambio las leyes ordenadas por la Constitución (ordenamiento territorial y estatuto del trabajo) siguen sin tramitarse.

La revaluación, si usamos los términos del Minhacienda, está en un estado crónico por debajo del umbral del dolor, y solo se le están dando drogas para aliviar el dolor, más no para curarse. La economía se volvió adicta y dependiente de la minería, lo cual como síntoma de desarrollo es un atraso, y como respuesta a los males y deficiencias internos (desempleo, falta de ahorro, ausencia de valor agregado y de generación de riqueza) los aumenta. Exportar recursos naturales no renovables para  importar bienes de consumo (aumento del 36% este semestre) a costa de acabar la industria nacional (caída del crecimiento de 5,4% frente al año pasado) no es un modelo ideal.

En fin, el tiempo tendrá la última palabra….

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