Cáncer de mama: enemigo mal conocido y estrategias diferentes

Mar, 12/07/2011 - 23:56
Supongamos que Ud. es funcionario de salud en nuestro país.  Por razones de reforma presupuestal o donación de campaña social, Ud. tiene 2.000 millones de pesos extras para gastar en el problema d
Supongamos que Ud. es funcionario de salud en nuestro país.  Por razones de reforma presupuestal o donación de campaña social, Ud. tiene 2.000 millones de pesos extras para gastar en el problema de cáncer de mama. ¿En qué los gastaría? En una campaña de educación para combatir el cáncer de mama.  O en un proyecto de investigación sobre distintas variedades genéticas del carcinoma de mama en Colombia, su comportamiento biológico y su pronóstico. La primera actividad de seguro generaría titulares en los periódicos, segmentos en los noticieros de la noche y trabajo comunitario.  La segunda actividad sólo generaría trabajo en dos o tres laboratorios universitarios, uno o dos artículos en alguna revista científica y quizás, quizás, alguna prueba diagnóstica o terapia de utilidad en un subgrupo de pacientes con cáncer de mama.  La respuesta parecería obvia a nuestros políticos, más interesados en la opinión pública que en resultados a largo plazo.  Y la respuesta contraria también obvia a nuestros investigadores.  Pero la decisión no es tan simple. Desde hace un siglo, luego de “campañas” de vacunación y búsqueda de “balas mágicas” para combatir las infecciones, el discurso social de la medicina se llenó de metáforas militares.  Quizás hubo himnos marciales contra algunas enfermedades.  Hoy nos damos cuenta que este enfoque del problema tiene sus límites.  No todo es solidaridad, empeño, lucha y victoria, debemos conocer mejor los complejos procesos que llamamos nuestros “enemigos”, las enfermedades. Todos estamos de acuerdo en participar activamente en la lucha contra el cáncer.  La realidad para quienes de alguna forma participamos en estas “batallas” es que no conocemos bien nuestro enemigo y la estrategia es materia de discusión. En el pasado Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo de 2011, se realizó un interesante foro en la Escuela de Salud Pública de Harvard.  El título era provocador: “Mamografías, ¿para quién en el mundo son buenas?”.  Los que quieran consultar el foro la dirección es www.hsph.harvard.edu/forum/ bajo “science controversies”. La discusión fue interesante  y hay traducción al español. La Dra. Kalager, noruega y  autora principal de un artículo que impactó en septiembre del año pasado la opinión médica, inició explicando sus hallazgos. En Noruega se analizaron cuidadosamente las historias clínicas de más de 40.000 mujeres con cáncer de mama, sometidas previamente o no a tamizaje con mamografía.  Se observó una reducción de mortalidad en los últimos diez años del 28%.  Pero la mamografía era responsable solo del 10% de esta reducción de la mortalidad.  Las dos terceras partes de esos mejores resultados se debieron a nuevos conocimientos en biología básica y terapia del cáncer, no al hallazgo temprano del tumor.  Entonces parecería que en países ricos con buenos sistemas de salud, la mejor decisión hoy es invertir en investigación básica y clínica.  Sin dejar de lado el tamizaje de la población. ¿Será esa también la mejor decisión para nuestros países en desarrollo con sistemas de salud menos buenos o menos ricos? La intervención de la Dra. Felicia Knaul, de México, planteó un punto de vista contrario desde nuestra perspectiva de países de ingreso medio.  No sobra advertir que la Dra. Knaul sobrevivió al cáncer de mama y conoce las entrañas del monstruo, como diría Martí. Ella explica que en nuestros países muy pocas mujeres acceden a la mamografía de tamizaje (sólo el 20% en México) y muy pocos cánceres son detectados en estadios tempranos (sólo el 10%).  En esta situación es necesario por ahora hacer mejor educación de la población y aumentar el diagnóstico del cáncer de mama en estadios primarios con un tamizaje adecuado de la población. La Dra. Knaul había resumido anteriormente su punto de vista del problema en una columna titulada “La epidemia silenciosa de cáncer de mama” publicada en la edición digital de Newsweek en español, el  26 de febrero de 2010. Volviendo entonces a nuestra pregunta inicial de los 2.000 millones de pesos, la mejor decisión sería gastarlos en educación y tamizaje de la población.  Por ahora y mientras implementemos un sistema de salud integral y justo, no sólo con cobertura aumentada de la población sino con tratamiento pronto de las condiciones patológicas más importantes.  A los primeros que debemos educar, con presión social, en estas decisiones es a nuestros políticos y en ese sentido tienen razón las señoras  y señores del lazo rosado. Por último quiero citar a la Dra. Knaul en el Foro: “no podemos esperar hasta tener toda una serie de estudios bien controlados en países en desarrollo para hacer algo contra la segunda causa de mortalidad en mujeres jóvenes en nuestra sociedad”. Y para crear cariñosa polémica con mis colegas investigadores esto es una variante del célebre aforismo de Don Miguel de Unamuno hace más de cien años: “Que sigan investigando ellos”.
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