Carta a Julio y a Felipe

Jue, 31/05/2012 - 01:01
El señor Juan Fernando Uribe Arcila, que al parecer conoce mucho sobre Pablo Escobar, hace un aparente descubrimiento a partir de una supuesta afirmación mía, según la cual el Robin Hood paisa hab
El señor Juan Fernando Uribe Arcila, que al parecer conoce mucho sobre Pablo Escobar, hace un aparente descubrimiento a partir de una supuesta afirmación mía, según la cual el Robin Hood paisa había sido portada de Semana. Con esto logra meterse en el debate pero con tales niveles de subjetividad que me obligan a intervenir. Dice su invitado especial que Escobar se volvió malo a raíz de la extradición. Esa es una percepción sesgada porque los hechos dicen lo contrario. Y no por recopilar 210 libros se conoce mejor la historia o se interpreta mejor la realidad. Y todo el mundo tiene derecho a sentirse pablólogo y seguramente mucha gente se interesó en investigar sobre el tema y no por eso puede descalificar a nadie. Pablo Escobar, aunque no nació malo como lo intenta presentar la serie de El patrón del mal, si era estructuralmente malvado. Se abrió paso en el mundo del crimen porque era más bandido que los otros. Él, como en el Oeste, se ganó el respeto a punta del temor que producía tener la sangre más fría y pensar más rápido que los demás en matar a quien se le atravesara. Escobar fue adquiriendo esa capacidad criminal en la medida en que decidió enfrentar la ley para construir su fortuna. Y eso empezó a los 18 años cuando robaba lápidas, falsificaba pasaportes y había montado una oficina de chequeras robadas en Envigado. Él cogía ladrones de carros y con la colaboración de algunos policías les cambiaba su libertad por que robaran para él. Desde ese momento en el hampa se supo que quien le fallara terminaba muerto ejemplarizantemente. Desde muy joven quería construir fortuna y repetía con cinismo que detrás de cada gran fortuna hay un gran crimen. Escobar estaba convencido de que Ardila y Santo Domingo no se hubieran enriquecido jamás si no hubieran violado en algún momento el código penal. Y eso lo decía permanentemente para referirse a la oligarquía colombiana y para sentirse de alguna manera tapándose con la misma cobija. Que no venga el urólogo a decir que Escobar se volvió malo por la extradición. Como literatura aguanta pero como análisis de sicolgía criminal está grave. Aclaro que yo nunca he dicho que El Robin Hood Paisa fue portada de Semana y en su reportaje en la W con este nuevo mejor experto queda la impresión de que yo quisiera hacer creer algo que no sucedió. Por otro lado, no entiendo qué se pretende con el énfasis que se hace al decir que no fue un artículo mío. Si Felipe López dice que yo no lo escribí, pues en esa lógica ningún periodista de Semana ha escrito nunca nada, porque todo lo habría escrito Felipe, ya que prácticamente no existía ningún tema en el que el presidente de Semana no se metiera para tratar que las cosas se dijeran con cierto matiz, con tal rigor periodístico, o incluso con determinado giro literario. Y sí hay alguien que dice que yo no lo escribí sino que fueron Felipe, María Isabel Rueda y María Elvira Samper, a tres manos, sugiere que yo entregué unos datos y me fui esperando a que ellos tres interpretaran mis apreciaciones y mis vivencias de primera mano. Y eso, ni sobrados que estuvieran, se lo iban a permitir. O que se escribió a varias manos pero yo era el único manco en esa jornada periodística. Eso no sucedió así. Felipe tenía una información que le había dado Carlos Nader, muy descriptiva por cierto. Pero a mi regreso de la entrevista con el jefe del Cartel de Medellín, yo me senté a la máquina con Felipe, él pidió un par de whisky sour y, eso sí con pinzas, redactamos el artículo. Luego las Marías le hicieron su estricto control de calidad porque decían que Felipe pensaba en inglés y no sabía castellano y confiaban más bien poco en mi capacidad de construcción gramatical. La verdad suena un poco raro que en materia de autoría se quiera hilar tan delgado. Por supuesto que en Semana se escribía a dos, tres y hasta cuatro manos, y eso pasaba con casi todos los artículos, pero desde luego había una persona que tenía la información, hacía la investigación y obviamente construía la percepción primaria sobre el hecho. Y por primíparo que fuera tenía una forma de decir las cosas y de narrar los hechos. No se entiende mucho que durante casi 30 años Fernando Álvarez haya sido hasta estigmatizado como el biógrafo de Escobar. Y ahora, que se puede hablar, se pueden contar cosas y revivir historias reales porque ya no existe tanto miedo a terminar acribillado, surja la idea de que Álvarez no hizo el artículo de El Robin Hood Paisa. No suena muy comprensible ni coherente. Y en esa lógica yo nunca escribí nada. Porque hasta el descubrimiento que hice del asesino de Tacueyó, en el que estuve a punto de engrosar la lista de los 164 sapos que confiesa haber matado José Fedor Rey, aquel sicópata que eliminó físicamente a casi todo su grupo guerrillero, el Ricardo Franco, lo escribimos con Antonio Caballero, a dos manos, pero él siempre me dio el crédito del artículo a mí. Ese si fue portada, con foto mía. Ese artículo estuvo supremamente enriquecido no solo por la pluma de Antonio sino por su criterio de experto en temas de izquierda y su conocimiento sobre la realidad de la guerrilla colombiana. Con Antonio escribí a dos manos en 1989 el artículo de portada que preguntaba para entonces ¿Son las FARC el tercer cartel? Pero yo había viajado previamente a conocer los laboratorios que las Farc cuidaban por Yacopí, Cundinamarca, y a hablar con raspachines en los Llanos Orientales. Con Antonio escribimos a dos manos el tema, de portada, que daba cuenta de la toma paramilitar de Urabá titulado La contrarrevolución en Urabá. Y con Mauricio Vargas, el de El Dossier Paramilitar, con la valiosa colaboración del general Miguel Maza Márquez, quien nos dejo copiar a mano todo un expediente. Igual sucedió con Laura Restrepo cuando escribimos sobre la guerra de los Cárdenas y los Valdeblanquez. Y seguramente con Felipe también escribimos un artículo que en su momento prefirió que no lo asociaran como autor, el que salió en Portada, con foto mía llamado El Prontuario de Escobar, que originó una amenaza sutil del capo a Semana, en mensaje enviado con Santiago Londoño White. También aparecerá quién niegue la autoría mía sobre el artículo titulado ¿Conversación en La Catedral?, en el que se da cuenta del secuestro y asesinato de los Moncada y los Galeano, los socios del Cartel de Medellín, luego de que Escobar los mandara ¨levantar¨ y asesinar en la propia Catedral, después de quitarles la plata y de hacerlos firmar escrituras a nombre de sus testaferros. Ese fue un artículo que le propuse a Felipe, y según él ha contado después, coincidía con una información que le dio Gilberto Rodríguez Orejuela en una llamada que le hizo. Allí se revelaba la realidad de lo que sucedía en la cárcel privada de Escobar y fue lo que originó que el gobierno de César Gaviria hiciera la pantomima de capturarlo. Y ese día que huyó Pablo Escobar de La Catedral fue el comienzo del fin de su carrera criminal.
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