¿Castigo a los Partidos?

Mar, 13/09/2011 - 00:01
Héctor Abad, el domingo en El Espectador, trajo a colación, hablando de Aurelio Suárez en Bogotá, una explicación de Karl Popper sobre las elecciones: “

Héctor Abad, el domingo en El Espectador, trajo a colación, hablando de Aurelio Suárez en Bogotá, una explicación de Karl Popper sobre las elecciones: “sirven para castigar o premiar partidos”. Sin lugar a dudas, es lo lógico. Y lo absurdo en ese mundo de la lógica sería que Bogotá premiara al Polo Democrático después del caos que causaron sus representantes, los hermanos Moreno. Sin embargo la propuesta de castigar a los partidos me puso a reflexionar y a ir más allá de Aurelio y del Polo en Bogotá, y concluí que si ese fuese el método, deberíamos el próximo 30 de octubre no salir de las casas y dejar las urnas abandonadas, ya que hasta el voto blanco ahora es propiedad de los partidos. No obstante, dicha posibilidad me parece aún más ajena a lo que requiere este país invadido por la antilógica, y la decidida de lo público, y debo decir, en el filo de la coherencia, que los colombianos no tenemos otra posibilidad distinta a marcar el voto por ciertos candidatos, juzgando sus costumbres, propuestas, competencias y experiencias, sin mirar sus partidos y mucho menos sus copartidarios, actuales o antiguos.

Es que si bien lo “soñado” sería una gran protesta civil en contra de la vergüenza de partidos con los que contamos, marginarnos del debate, y dejarlo en manos de la maquinaria clientelista sería un fatal error, e incluso hasta injusto con algunos candidatos. Resulta inconcebible juzgar a Antanas Mockus o a Juan Carlos Flórez por la ASI o “fábrica de avales”, como alguna vez la describió la revista Semana. En ese sentido también resultaría incompatible juzgar a Fajardo por lo que hace y deshace la dirigencia Verde en algunas regiones bailando con militantes de la politiquería tradicional. Igual de desafortunado sería calificar a Aníbal Gaviria por sus copartidarios en regiones como Santander, donde los liberales han sido gestores de gran parte del resquebrajamiento moral y legal de la gestión pública. Si bien es cierto que resultan más interesantes candidatos que se marginan de la telaraña partidista, como Gina Parody, en Colombia la política no es un cuento de hadas, y es una historia de hijos “de la patria”, como los de María Eugenia Rojas, que, oportunistas y camaleónicos, dejan su mancha en los partidos políticos colombianos.

Me encantaría, como elector, depositar la confianza en una colectividad libre de pecados, que me permita castigar a los partidos que avalan pecadores. Pero este 30 de octubre, más que ponernos a navegar en la nostalgia ideando fantasías, debemos salir a buscar a los mejores candidatos. Aquellos que como personas, encarnen la pulcritud y promuevan una política electoral ajena a las prebendas del clientelismo, siendo partidarios de un debate de propuestas e ideas en la búsqueda de un voto libre e ilustrado.

Si votamos por buenos candidatos, estaremos premiando a hombres y mujeres que tratan de marcar la diferencia en el mar de inconsistencias que nos ofrecen sus partidos. Un girasol no es garantía de pulcritud, una U no es sello de AIS, falsos positivos o chuzadas (mirar caso Santos), el Polo no trae consigo el síndrome de Iván o de Samuel. Este 30 de octubre voy a elegir personas y, obligado por las circunstancias, sin disfrutar la situación, me abstendré de analizar si estoy castigando o premiando sus partidos.

manoloazuero@hotmail.com

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