En medio de tantas noticias negativas, el anuncio del inicio de las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) fue un respiro para el arrinconado gobierno Santos. Muchos recordaron que la firma con las FARC no traería la anhelada paz porque quedaba el capítulo de los elenos, que tienen capacidad militar más reducida pero mucho más consolidada en ciertas regiones del país.
Las FARC son un modelo estalinista de guerrilla, vertical y centralizada. Su contenido ideológico es obsoleto y dogmático. Su discurso está lleno de la verborrea tradicional de los movimientos comunistas. El ELN es un grupo terrorista mucho más interesante, con figuras llamativas y un indudable anclaje en ciertos sectores productivos, sociales y regionales. Los elenos son menos numerosos pero más creativos y espectaculares en sus acciones terroristas.
El gobierno, desgastado hasta más no poder, con la infinita negociación con las FARC espera que el proceso con el ELN sea más sencillo y expedito. Otra vez se equivoca al creer que la lógica de los terroristas es igual a la de las instituciones. Los elenos no se van a dejar considerar como un grupo “menor” al que se le dan los sobrados del proceso de las FARC. La idea de que ellos deben suscribir lo negociado en La Habana y contentarse con algunas condiciones adicionales es irreal. Es una equivocación mayor la de exigirles a ellos más de lo que se les ha generosamente concedido a las FARC (por ejemplo el cese de hostilidades). Por ello no se prevé una negociación sencilla ni corta. A ello hay que sumarle las públicas desavenencias entre el Comisionado de Paz, el pretencioso y poseído, Sergio Jaramillo y su pragmático predecesor Frank Pearl, encargado de dirigir el proceso que el ELN.
También es un error el de considerar sedes diferentes y cambiantes para las negociaciones con los elenos. Esto ratifica ante la opinión pública que, detrás de las negociaciones, hay unas vacaciones pagadas con nuestros impuestos que sólo sirven para los terroristas se reorganicen, se fortalezcan militarmente y consoliden sus contactos con simpatizantes internacionales para aumentar la presión sobre el débil gobierno.
La competencia entre las FARC y el ELN es nefasta para Colombia. La lucha entre estos dos grupos armados por obtener cada uno más, es un escenario inconveniente para el país. El gobierno, obsesionado por mostrar un resultado en medio de su debacle en las encuestas, se ha situado en una posición de extrema debilidad. Ha puesto a competir a sus dos contrapartes que, en lo único que están de acuerdo, es en seguir desgastando a un gobierno anémico que depende de ellos para no sucumbir en el desprestigio.
Asesor económico y empresarial
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Competencia nefasta
Lun, 04/04/2016 - 19:14
En medio de tantas noticias negativas, el anuncio del inicio de las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) fue un respiro para el arrinconado gobierno Santos. Muchos recordaron q
