Con espejo retrovisor

11 de abril del 2011

Da tristeza, por decir lo menos, lo que les está sucediendo a varios de los principales colaboradores de Álvaro Uribe. Una situación que en gran parte obedece a una táctica deliberada de los malquerientes de su gobierno: si no podemos con él, entonces jalémosle a su círculo más cercano, dicen.

Ya nadie habla, por ejemplo, de que hace diez años la cúpula del DAS -gobierno Pastrana- estuvo investigada por un presunto espionaje a magistrados, líderes sindicales, periodistas y opositores. En ese momento sólo El Espectador se puso a la cabeza de esa investigación periodística. Pero como una golondrina sola no hace verano, al final todos los sindicados fueron favorecidos con el archivo del expediente. Y nadie dijo nada.

Ahora, en cambio, los anti-Uribe se quieren comer vivo a todo aquel que aparezca relacionado directa o indirectamente -incluso con mentiras- en el escándalo conocido como el de las “chuzadas” del DAS. Los que no duermen pensando en el exmandatario poco o nada les importa los funcionarios de la policía secreta que hoy están en prisión. No, ellos quieren llevarse por delante a su guardia pretoriana como “seguros responsables” de haber ordenado una serie de interceptaciones telefónicas ilegales cuya existencia y detalle aún hoy se desconocen. Otra cosa es que la prensa ha denunciado cosas muy graves -diferentes a las supuestas escuchas- que pudieron cometer funcionarios inescrupulosos.

En cuanto a casos de corrupción, el espejo retrovisor está servido. El gobierno de Ernesto Samper (1994-1998), aún sin iniciarse, ya estaba contra las cuerdas por la financiación de la mafia del cartel de Cali a su campaña a la Presidencia. Durante su paso por la Casa de Nariño no faltaron perlas como el “miti-miti” o la investigación contra tres de sus ministros por el proceso 8.000. En el cuatrienio de Pastrana (1998-2002) se dieron escándalos como los de Dragacol, TermoRío o Planiep, en los que el Estado perdió miles de millones de pesos.

Hoy, no obstante, dicen los enemigos de Uribe, no ha habido un gobierno más corrupto que el suyo y los responsables deben ir a la cárcel. Y parece que muchos de ellos van a ir, me temo, porque hay un complot enfermizo para conseguir ese objetivo. Desde luego nadie va a salir a defender corruptos, si es que les prueban que son. Lo que se pide es equidad histórica o, mejor dicho, memoria.

Una memoria que cada vez es más escasa, pese a que la tecnología del internet le permite a cualquier colombiano revisar la gestión de gobiernos anteriores. Que Uribe se inventó el paramilitarismo en Colombia, dicen sus contradictores. ¿Acaso ese fenómeno no nació a principios de los años ochentas? ¿Qué hicieron los antecesores de Uribe para combatir a los paramilitares? La verdad, poco o nada. Que todos los llamados para-políticos siempre fueron aliados de Uribe. ¿Será que ellos antes no hacían política o nunca estuvieron en el Congreso?

Ahora, en cambio, quién lo creyera, el malo del paseo es Luis Carlos Restrepo, ex Alto Comisionado para la Paz. Por cuenta de un grupo de bandidos mentirosos, que lo han acusado de haber cohonestado con montajes en las desmovilizaciones de paramilitares y guerrilleros, Restrepo está hoy en la penosa tarea de darle explicaciones a la justicia.

Y para ir no muy lejos, en la feroz campaña a que hacemos referencia, es evidente que a los “anti-furibistas” no les suena que el escándalo del llamado grupo Nule sólo toque el descalabro en la Alcaldía de Bogotá. El alcalde de la capital, el controvertido Samuel Moreno, en su desespero, dijo la semana pasada que el daño que estos personajes hicieron a Bogotá es mínimo al que perpetraron en todo el país. Un grupo de columnistas está impulsando de manera juiciosa ese trabajo de endoso de los Nule a Alvaro Uribe.

Así las cosas, a nadie debe extrañar que próximamente se diga que también Uribe fue el responsable de la eliminación de la selección colombiana de fútbol a los mundiales de 2006 y 2010. O autor intelectual de la patada a la lechuza en el estadio de Barranquilla. O que no tomó las medidas del caso para evitar que en los últimos meses lloviera tanto en Colombia. La gente, sin embargo, no parece comer cuento: en una reciente encuesta le concedió un 72 por ciento de imagen favorable.

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