Justamente en este error se ha venido cayendo administración tras administración, en lo que tiene que ver con el canal de televisión pública en Bogotá, es decir, en Canal Capital. Esto hizo que los habitantes de la ciudad perdieran interés por este medio de comunicación, porque en él solo se veía al mandatario de turno y sus funcionarios hablando sobre lo hermoso y lo maravilloso de su gestión de gobierno, sin que la ciudadanía tuviera mayor participación, lo que a su vez hizo que su rating cayera, cosa de la que todos sabían y eran consientes y, sin embargo, nadie decía nada. Por eso resulta extraño que ahora que las distintas expresiones que se viven en una urbe y que tienen espacios de participación en este medio, concejales como Marco Fidel Ramírez se opongan. Es algo que resulta difícil de entender.
En Colombia se cree, o se tiene la idea, cuando se habla de participación ciudadana que se limita únicamente al tema electoral, y es por esto que nos consideramos como la mejor democracia de Suramérica, cuando en realidad no lo somos, porque muy poco espacio le cedemos a los ciudadanos para que expresen su manera de ver las cosas, y cuando se abren estos espacios, se lo hace por cumplir como un requisito de Ley.
Prueba de lo anterior son los famosos encuentros ciudadanos que autoriza el Acuerdo 13 en Bogotá, donde se supone que las personas interesadas en participar en la elaboración de los Planes de Desarrollo Local, tienen incidencia directa, pero a la hora de la verdad esto no sucede y terminan por convertirse en espacios lúdicos donde hablan, discuten, pelean y a la final se hace lo que el mandatario de turno ordena.
Algo así parece estar sucediendo en Canal Capital, donde durante las administraciones anteriores solo veía a Enrique Peñalosa hablando sobre Transmilenio y sus bolardos; Antanas Mockus de Cultura Ciudadana y explicando los motivos de su reforma tributaria; Luís Eduardo Garzón de lo rico que era comer gratis en sus comedores comunitarios; y a Samuel Moreno entrevistando a sus secretarios, preguntándoles cosas que el cómo Alcalde Mayor debía saber. Así mismo se veía a los concejales de la época haciéndose algo de propaganda política.
Con lo anterior, me pregunto si tenía la razón la ciudadanía en perder el interés por ver el Canal donde, por derecho propio, les corresponde tener un espacio, el mismo que les fue usurpado tanto por los alcaldes anteriores como por los mismos concejales, que no se tomaron la molestia de preguntar cuánto se gastaba el Canal en hacer programas de propaganda política, no solo para el burgomaestre de turno, sino también para ellos mismos. Y lo que es peor, que salgan ahora a escandalizarse por los gastos en que se incurre cuando se hacen viajes para llevar a cabo entrevistas y reportajes, cuando un medio de comunicación no se hace con el fin de tener contentos a los gobiernos de turno, sino para transmitir información de interés general a la ciudadanía.
Es precisamente por esto que opino que los debates que se le han hecho a la gestión que está cumpliendo el Canal Capital son hipócritas, y estoy seguro que más allá de la simple “preocupación” por los temas que a través de este medio se transmiten, que son los mismos temas que se viven en el día a día de cada ciudadano en Bogotá, pueden existir otros motivos. Por eso mismo, reto al concejal Marco Fidel Ramírez a que diga públicamente cuáles son los verdaderos motivos para que ponga tanto al Gerente General de Canal Capital y a todo su equipo a desgastarse innecesariamente, preparándose para un debate que más que ser serio, promete ser un show a los que el cabildante debe estar acostumbrado cada vez que quiere darse pantalla.
Espero entonces que el concejal responda a mi pregunta y deje de que la ciudadanía bogotana, en sus distintas expresiones, participe como ordena la Ley, con sus opiniones en el medio de televisión pública en la capital del país.
Cambiando de tema, Sin el ánimo de caer en el antipetrismo de algunos columnistas de opinión, le pido al Alcalde Mayor de Bogotá cumplir con su promesa de ser aliado de la empresa privada, y no pretender llevar a la ciudad a un modelo estatista como parece ser su intención. Así como hay corrupción en la empresa privada, también la hay en la función pública, y lo que hay que hacer es fortalecer los órganos de control y vigilancia en la capital, para que de la mano con la administración luchen por una mayor transparencia en la gestión.
@sevillanojarami
