Confianza inversionista

19 de enero del 2011

Como decidí quedarme en Bogotá para las fiestas de fin año, me puse en el trabajo de buscar, más por ociosidad que por ganas de viajar, los precios de hoteles en Colombia en las diferentes zonas del país y, compararlos con sitios parecidos en otros lugares del mundo.

Y he quedado aterrado de lo realmente escandaloso que se ha vuelto viajar en este país de la confianza inversionista que tiene, en hoteles de 3 y 4 estrellas, precios superiores a los mejores resorts en Centroamérica.

Explíquenme ustedes ¿Cómo en un hotel en Santa Marta pueden cobrar 2.000 dólares el día, o un hotel en Cartagena 500 dólares la noche, mientras, por ejemplo el hotel Mandarín en Miami tiene tarifas de hasta 270 dólares?  Me contaba una amiga que estuvo una semana en un hotel en la zona cafetera; entre pasajes y hotel pagó 4 millones de pesos, es decir más de 2.000 dólares. Eso es lo que le cuesta a una persona irse, por una semana,  al Hotel Barceló en Punta Cana con pasaje y  todo incluido. ¿Cómo pretenden los hoteleros progresar si, literalmente, están robando a los usuarios?

A eso agréguenle que Colombia se ha vuelto, después de Tailandia, en uno de los países más atractivos para el turismo sexual infantil y  para el consumo de drogas.

Tal como suena: A Colombia lo conocen como el país de la  pasión, porque acá a los turistas les está permitido absolutamente todo y, no les pasa nada.  Y lo peor, nos han tratado de hacer creer algunos medios que los miles de turistas que llegan en los cruceros le dejan millones de pesos a este país.

El turismo que llega a Cartagena en esos cruceros es turismo barato, de chancleta, ordinario, depredador. Hay que ver como queda la ciudad después de que llegan tres cruceros el mismo día. Pero lo peor aún, es lo que hay detrás de eso: venta de drogas y prostitución infantil femenina y masculina. Muchos de los empresarios dueños de los pequeños hoteles me cuentan  que no tienen –literalmente- como controlar a sus clientes tratando de meter menores a los cuartos.

Exceptuando muy pocas personas, somos un reducido grupo de colombianos los que nos preocupamos por esta monstruosidad. Empezando por el ICBF que está más ocupado por joder a Silvestre Dangond que por agarrar a los extranjeros que vienen a abusar de nuestros niños.

No podemos seguir permitiendo que eso pase. Cada niño o niña que entre a la prostitución será casi imposible de sacar, curar, sanar.  Realmente los colombianos deberíamos ponernos al frente de esta situación, pues por cuenta de la mal entendida confianza inversionista hemos convertido a Colombia en un destino  para el sexo infantil, la prostitución y el uso de drogas.  Así las cosas, sería mejor no tener turistas y que los colombianos sigan siendo explotados por los hoteleros y dueños de los restaurantes que nos están cobrando unos precios absolutamente ridículos. Esta hoy por hoy más caro comer en un restaurante de Bogotá que de Miami o  Lima.

A este paso  será más barato ir a  Nueva York que a Neiva York como se dice popularmente.

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