Consejos para Gustavo Petro

2 de enero del 2013

Es imposible decir o asegurar que en el momento en que Gustavo Petro tomó las riendas de Bogotá, ésta se encontraba bien. Sería una mentira que no se la creería ni el ser más ingenuo de este mundo, mucho menos si fue testigo del estado deplorable  en que la dejó la corrupción y politiquería al […]

Es imposible decir o asegurar que en el momento en que Gustavo Petro tomó las riendas de Bogotá, ésta se encontraba bien. Sería una mentira que no se la creería ni el ser más ingenuo de este mundo, mucho menos si fue testigo del estado deplorable  en que la dejó la corrupción y politiquería al que la sometieron Samuel Moreno y sus 40 ladrones. Fue precisamente por esa razón que consideré que cualquiera de los candidatos que ganara las pasadas elecciones sería un alivio para la capital, pero desafortunadamente no fue así,  porque hoy luego de un año, es necesario decir que a pesar de que ya no está la desastrosa administración anterior, las cosas no van por buen camino, esta vez por culpa de la terquedad del actual alcalde mayor.

Resulta  increíble que una persona pueda ser muy bueno en la política de oposición, y  pésimo en la administración pública. Eso es lo que ha demostrado Gustavo Petro Urrego, durante su primer año al frente de la ciudad más importante de Colombia, quien al parecer no ha entendido que su puesto de trabajo no se encuentra en el Edificio Nuevo del Congreso de la República, sino en la Alcaldía de Bogotá, donde debe dedicar la mayor parte del tiempo a concretar acciones que favorezcan a toda la ciudadanía, y dejar a un lado la oratoria veintejuliera que hizo famoso a Jorge Eliecer Gaitán y que, hoy por hoy, poco convence a una población que pide a gritos que la capital del país retome el camino del progreso.

Fui uno de los columnistas de opinión que a pesar no haber votado por él, pidió se esperara por lo menos un año para calificar las primeras ejecuciones del Alcalde Mayor de Bogotá, porque consideré, por ejemplo, que era poco objetivo decir como lo hizo María Isabel Rueda en su columna del diario El Tiempo del 14 de enero de 2012 “La Paja de Petro”, que el 95% de sus propuestas eran un fracaso,  a solo tres de semanas de llegar al cargo. Pero hoy, cuando se cumplen los primeros trescientos sesenta y cinco días de la administración actual, debo reconocer que los opositores del burgomaestre al parecer tenían razón,  y que las predicciones del exalcalde Enrique Peñalosa se han cumplido al pie de la letra, porque ha quedado claro una vez más que elegir a un político que no ha administrado ni siquiera un parqueadero, no es bueno para una ciudad con los problemas que hoy padece la capital del país.

Al día de hoy, no son claros ni los objetivos, ni las metas que para  Bogotá proyecta Gustavo Petro, en primer lugar porque pareciera que todo lo quisiera mover alrededor de la gestión pública, olvidando que más del 60% de la economía de la ciudad se mueve por la empresa privada, a quien el burgomaestre le ha declarado la guerra queriendo imitar al presidente venezolano Hugo Chávez, olvidando que en materia de desarrollo económico y productividad es necesario trabajar de la mano con ella, y en segundo lugar porque es más que evidente que si algo le ha faltado al mandatario, es el trabajo en equipo y dejar de pensar que es el único en la Alcaldia Mayor que piensa y puede opinar, y sobre todo que quienes votaron por él  no lo eligieron para que desde el Palacio de Lievano ejecutara una dictadura local, sino para que pusiera un granito de arena para que la capital del país retome el rumbo que perdió,  gracias a la pésima gestión de Samuel Moreno y todo su grupo de secuaces que lo acompañaron en su triste administración.

Lo sucedido con el tema de las basuras es un claro ejemplo de lo que puede seguir pasando en Bogotá, si el Alcalde Mayor no cambia su actitud y descarta la posibilidad de querer imponer un modelo de ruptura total,  al que se ha venido implantando en la ciudad desde administraciones anteriores, y sobre todo que ojalá deje a un lado  su particular manera de gobernar, y así de paso no le dé más la razón a quienes no quieren que continúe en el cargo, porque de seguir así lo único que va a lograr es que los colombianos pierdan toda confianza en los líderes de izquierda, y que a este sector político se le terminen de cerrar las puertas y las posibilidades de que se proyecten como opción de poder.

@sevillanojarami

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