Continente salvaje

16 de enero del 2016

Lo importante y novedoso de este libro es que aborda el denominado Postconflicto.

Europa después de la Segunda Guerra Mundial
Keith Lowe
1ª Edición española, Galaxia Gutemberg, Barcelona 2015
Colaboración de Mauricio López González

Keith Lowe es un experto en todo lo que tiene que ver con la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su juventud ha entrado al Parnaso de los historiadores modernos que han aprovechado la desclasificación de los archivos militares de los Aliados (incluyendo los soviéticos), así como los correspondientes a los países del Eje para presentarnos unas visiones más completas y analíticas en el caleidoscopio de un conflicto, que aún después de 70 años de haberse terminado (al menos la suscripción de los documentos de rendición), sigue siendo una guía de la geopolítica actual.

Lo importante y novedoso de este libro es que aborda el denominado Postconflicto, una vez suscritas en mayo de 1945, la rendición incondicional de la Alemania Nazi y en agosto del mismo año, la rendición del Imperio Japonés.

Muchos de los libros de la Segunda Guerra Mundial terminan con estos documentos y eventualmente con algo de las conferencias de Yalta y Postdam, en cuando al reparto de las zonas de influencias de las potencias vencedoras.

Al contrario en este libro, Lowe empieza su relato casi al terminar formalmente el conflicto, aunque aborda situaciones a partir de finales de 1943 (invasión a Italia), al desembarco en Normandía (agosto de 1944), la liberación de Francia e Italia en otoño de 1944, la fuerza partisana ascendiente en Yugoslavia y la entrada a Alemania por ambos flancos, con el Ejército Rojo retomando Ucrania y Polonia y avanzando a Berlin por el Este y el cruce del Rin y el Elba por los aliados occidentales en primer trimestre de 1945.

Nos muestra lo que es natural al ser humano; es aprovechar la condición de vencedor para tomar literalmente la revancha, con su carga de inhumanidad, brutalidad, odio e injusticia. Lo que pasó con los colaboracionistas en Noruega, Dinamarca, Francia, Holanda se muestran con la crudeza de los acontecimientos. También el desplazamiento forzado de millones de personas que por razón de su raza tienen que movilizarse, así los alemanes polacos y checos a Alemania; los polacos ucranianos a Ucrania; la homogenización étnica en Ucrania, países Báticos, Hungría, Eslovaquia, Croacia, Serbia, Polonia.

También las crisis políticas intestinas al no haber más Ley que la del más fuerte; la desconfianza natural hacia quienes regresaban a recuperar sus posesiones de antes de la guerra, en donde la población judía sobreviviente fue sometida a progromos peores que los de la época nazi; también nos presenta las crisis en Yugoslavia, Italia y Grecia en donde la Guerra Civil casi se desata (o se desató en el caso griego) con nefastas consecuencias aún casi una década de terminado oficialmente el conflicto.

Ni que decir que el Plan Marshal apenas se avino a finales de 1948; es decir que durante tres años la situación del Continente Europeo del inmediato Postconflicto fue de caos, de reconstrucción sobre nada, de lucha continua con el refugiado, con su carga de odio e injusticia.

Como dice Lowe al final de este intersante libro documental es que “la Segunda Guerra Mundial no fue sólo el clásico conflicto por el terrtorio: fue a la vez una guerra de razas, una guerra de ideologías, entrelazada con media docena de guerras civiles que se libraron por razones puramente locales”.

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