De nuevo aterrizó en Bogotá Gustavo Dudamel, el gran director de orquesta venezolano, que desde hace algunos años agota localidades en todos los escenarios del mundo. Y lo mejor es que llegó acompañado por más de cien jóvenes que integran la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela. Se presentó en Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo el sábado 2 de julio.
Como este año se celebra el centenario del fallecimiento de Gustav Malher, otra vez Dudamel nos acercó a la música de este gran compositor y director de orquesta. En su primera presentación hace algunos meses también programó a Malher. En esta oportunidad la Séptima Sinfonía llenó con su sonoridad apabullante el hermoso recinto del norte de Bogotá.
El mejor comentario sobre esa composición orquestal proviene del propio autor. Estaba en las notas del programa de mano que contenía un aparte de su carta a Alma su esposa. “…sin embargo he decidido no presentar la Séptima en New York, sino empezar con la Cuarta. Para un público que no está familiarizado con mi música la Séptima es demasiado compleja”.
Afortunadamente, tuve la oportunidad de asistir al ensayo del mediodía. Es muy interesante escuchar las indicaciones y comentarios de un director, pues permite conocer el pensamiento de quien está a cargo de llevar al público su propia versión de una pieza musical proveniente de la frialdad de una partitura. Cada director tiene su propia visión y es la que transmite a sus músicos.
Eso me permite esbozar algunos comentarios sobre el joven venezolano, que ha roto el paradigma de que los grandes directores deben ser mayores de sesenta. Un poco parecido al inolvidable Leonard Berstein que ya era famoso a la edad del venezolano al frente de la filarmónica de New York. Algunos de los consagrados directores dirigen de memoria obras que probablemente han conducido decenas de veces, pero ver a Dudamel dirigiendo sin partitura ésta y otras obras merece un comentario especial. Este joven es un superdotado, pues además después de tocar en el ensayo el primer movimiento completo, se dio el lujo de repasar partes de la obra indicando: segundo movimiento desde el compás número tal y así con otras secciones en las que deseaba recalcar la interpretación que deseaba escuchar. Eso requiere no solo una memoria privilegiada sino un conocimiento de la composición tan detallado que solo la tienen los elegidos de los dioses.
Al final del ensayó dirigiéndose a sus músicos agregó: “Esta noche estaremos felices, disfrutaremos esta gran obra, tocaremos con entusiasmo en este bello auditorio”. Y efectivamente así sucedió. Me atrevo a pensar que Malher jamás se imaginó que sus composiciones pudieran ser interpretadas por una orquesta de primera línea integrada por jóvenes menores de treinta años. El sonido debe ser diferente pues el entusiasmo y la vitalidad del grupo, es imposible encontrarlo en Viena, en Berlín, en New York o en Amsterdam, donde sus integrantes tienen mayor experiencia y mejor conocimiento de las obras que interpretan, pero no igualan en arrebato y sonoridad a este grupo, producto de un programa estatal serio dirigido desde hace varios años por José Antonio Abreu (1939).
Sobre la interpretación se podrían escribir varias cuartillas pues los cinco movimientos duran cerca de ochenta minutos. Baste decir que las ideas musicales del compositor son tantas y tan variadas, los contrastes sonoros tan radicales y la diversidad de timbres tan espectacular, que así sea una obra difícil de asimilar, este grupo mantiene al público embelesado con su sonoridad y con su entrega en el escenario. La ovación de varios minutos, con el público de pie, es la mejor demostración de cómo una obra densa puede hacer conexión con los oyentes.
GILBERTO SAA NAVIA
Coconut Creek, julio 9 de 2011
Dudamel ovacionado de nuevo en Bogotá
Sáb, 16/07/2011 - 09:00
De nuevo aterrizó en Bogotá Gustavo Dudamel, el gran director de orquesta venezolano, que desde hace algunos años agota localidades en todos los escenarios del mundo. Y lo mejor es que llegó acomp
