¿El 10 de marzo de 2019 fue otro 12 de julio de 1785?

¿El 10 de marzo de 2019 fue otro 12 de julio de 1785?

16 de marzo del 2019

¿Por qué la pregunta? Porque ese 10 de marzo, el presidente Iván Duque expuso ante el país las seis objeciones que, en conciencia y en derecho, tenía para formular a la ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz, JEP. Y porque ese 12 de julio ocurrió el famoso terremoto que asoló a la colonial Santa Fe de Bogotá y a la Sabana. ¿Y es que se relacionan? Parece que sí.

  • El 12 de julio, según cuenta Sara González H. (www.banrepcultural.org), el movimiento telúrico causó “daños considerables en casi todos los edificios de la ciudad, [en los] conventos, y las torres de casi todas las iglesias quedaron en ruinas”. El 10 de marzo fue Troya: para los enemigos del gobierno actual, las objeciones provocaron un daño enorme en universidades, centros de pensamiento, organizaciones políticas, ONG, sindicatos, ámbitos eclesiásticos, militares en retiro, partidos de izquierda y aliados suyos, etc. Como si don Pablo Escobar hubiera resucitado con sus comandos de sicarios.

  • El 12 de julio, en los pueblos de la Sabana de Bogotá el terremoto abrió grandes bocas, una de las cuales “se comió a un jinete y a su caballo”. El 10 de marzo, la tierra también se abrió y dizque se tragó a un caballo llamado “Acuerdo” y por poco también a sus dos jinetes, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño.

  • El 12 de julio, “muchos sacerdotes se lanzaron a las calles exclamando que el temblor se repetiría y con mayor rigor”. Un observador dejó escrito que “todo ha sido confusión y lastimoso estrago”. El 10 de marzo las cosas tuvieron una dimensión parecida en “confusión y estrago”: los defensores recalcitrantes de la JEP salieron a proclamar, temblando de pánico y angustia, que Colombia estaba ad portas del abismo; que la guerra de las Farc se repetiría; que la infancia y la juventud se ahogarían en los ríos de sangre que el mandatario de la nación provocaba con su “demencial” decisión; que lo bueno del acuerdo de paz desaparecería para siempre; que el malvado Álvaro Uribe y sus seguidores pagarían caro ante la historia y las víctimas por forzar a Duque a objetar seis artículos “esenciales” relacionados con la JEP. Y así.

  • El 12 de julio, el fenómeno natural “alteró la vida cotidiana de la ciudad y se convirtió en motivo habitual de conversación”. El 10 de marzo, lo que cambió la vida de las gentes y se volvió motivo constante de coloquio y coloquios fue la alocución presidencial. Ese día, redes, medios, colectivos de toda clase, “bodegas”, etc., estallaron contra Duque. Con decir que uno de los mensajes más “suaves” fue de Juan Manuel Galán: “Las objeciones del presidente Iván Duque a la JEP son una ruptura al estado de derecho, un burdo desconocimiento a la rama judicial y a sus decisiones. Los perdedores: las víctimas condenadas a la repetición de la guerra”. Mensaje con el que coincidió Martín Santos, hijo de exmandatario: “No puedo pensar en algo más egoísta que arriesgar la paz de más de 46 millones de colombianos por la popularidad de uno solo”.

  • El 12 de julio en Santa Fe de Bogotá, la autora citada anota que “el fanatismo religioso hizo que la gente se dedicara a orar con mayor ímpetu”, y supone que “se realizaron interminables procesiones e incontables ceremonias religiosas “, mientras que “los púlpitos se colmaron de sermones en la plaza de Bolívar”. El 10 de marzo, el fanatismo ideológico acordó efectuar movilizaciones en lugar de procesiones; juicios políticos a Duque en lugar de ceremonias religiosas; manifiestos de oposición en la plaza de Bolívar en lugar de sermones (como el expuesto por Juanita Goebertus, a quien el director de la revista Semana ya señaló como “la líder que necesitábamos”). Sin excluir las declaraciones no sacras del arzobispo de Cali y el sacerdote jesuita que dirige la Comisión de la Verdad oficial.

  • El 12 de julio, dice González H., “no faltó quienes afirmaron que aquello había sido … asunto solo del diablo pues en vez de salvar las iglesias protegió destilerías de aguardiente y fábrica de pólvora”. El 10 de marzo –y días posteriores–, muchos sostuvieron que “la diabólica” declaración de Duque (“un presidente hipócrita que por fin se quitaba la careta”, se dijo en Blu Radio ayer viernes), en lugar de salvar la paz, lo único que buscaba era salvar los intereses políticos y las ideas del expresidente Álvaro Uribe y el Centro Democrático.

Etc.

Entonces, ¿el 10 de marzo de 2019 fue otro 12 de julio de 1785? ¡Ni de fundas! Eso, un terremoto mortal, es lo que buscan hacer creer quienes se oponen a las seis objeciones de Duque, pues los tales han caído “en un entramado de falacias, sofismas y, en algunos casos, de abiertas mentiras”. Palabras que le tomo prestadas a la abogada y columnista María Isabel Rueda (El Tiempo, 23febrero2019).

INFLEXIÓN. Si Colombia es el país del “Tigre” Falcao, el “Pibe” Valderrama, el “Bolillo” Gómez, etc., desde el 10 de marzo lo es del “Terremoto” Duque…

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