El afrodescendiente no es especial

Mié, 12/10/2011 - 00:01
En el año de 1998 cuando se iniciaba la actividad proselitista para las elecciones de Cámara y Senado, fui invitado por primera vez en mi vida a participar de la polí

En el año de 1998 cuando se iniciaba la actividad proselitista para las elecciones de Cámara y Senado, fui invitado por primera vez en mi vida a participar de la política nacional bajo las toldas de un movimiento de negritudes por Colombia liderado por el entonces representante Agustín Valencia, quien aspiraba al cargo de Senador de la República.

De la campaña de Valencia recuerdo un dato muy curioso, su fórmula a la Cámara era nada más y nada menos que el actor de televisión Pedro Mogollón, un hombre de piel blanca, cabello castaño claro y ojos miel, en pocas palabras, el lado opuesto de Agustín Valencia, una persona afrodescendiente, nacida en el departamento del Chocó, cabello negro-crespo y ojos de color café. En dos oportunidades pregunte el porqué de esta extraña combinación, ¿De qué manera un cachaco de piel blanca podía representar a los comunidad negra del pacífico colombiano?, nadie supo darme una respuesta, más adelante me enteré que él era novio de una de las hijas de Agustín y ahí bajo el dicho “todo queda en familia”, entendí el porqué de la extraña mezcla política.

A pesar de que este candidato no logró el objetivo de su campaña política que era llegar al Senado y poner a su yerno en la Cámara bajo la misma cobija, seguí dialogando con ellos y me fui dando cuenta de la dispersión que existe al interior de la comunidad afrodescendiente, que no responde a una sola lógica como debería ser, sino que está dada no solo por los intereses personales de quien los representa, sino por el territorio en donde tiene origen su grupo. Por ejemplo, mientras la comunidades negras del Chocó luchan por la tenencia de sus tierras, conservar sus tradiciones y costumbres y mayor inversión estatal, las de Nariño, Cauca y Valle, les interesa más que el gobierno nacional las saque del olvido en que están, y ni hablar de las de la Costa Atlántica con quienes los del Pacífico no se juntan a menudo.

La consecuencia política de la dispersión de esta comunidad étnica es que personajes cuestionados como Juan Carlos Martínez y Enilce López alias la gata, se hayan tomado sus curules en la Cámara de Representantes y que en estos momentos cualquier decisión que tenga que ver con negritudes, pase por sus manos, cosa que en mi calidad de afrodescendiente no me enorgullece, como tampoco concluir que para tener liderazgo político a nivel nacional por la comunidad afrodescendiente, primero se tenga que pasar por una tarima de conciertos, patear un balón de futbol, alzar pesas o lucir una corona y el cetro de un reinado nacional de belleza. Y si no es así, que alguien me explique cómo es que llegaron a ocupar una curul en el congreso por las negritudes personajes de la farándula y el deporte como Willington Ortiz, María Isabel Urrutia, Leonor González Mina y el servicio de luz eléctrica en el municipio de la Unguía del departamento del Chocó fue instalado no por la gestión del alcalde de la época, ni mucho menos por el gobernador, sino por Vanessa Alexandra Mendoza, reina nacional de la belleza.

Por todo la anterior me he resistido a unirme a la causa o a las causas de mi comunidad o comunidades y he preferido buscar espacios de participación ciudadana, pero no como afrodescendiente, sino como ciudadano del común, ganándome de paso las críticas de mis similares, quienes me tildan de poco solidario, porque desde mi punto de vista la verdadera lucha que hay que dar, es por los derechos que se tiene como ciudadano. Porque pienso y estoy seguro que el ser de color negro no hace a ninguna persona especial, ni lo vuelve cojo, ni manco, es sencillamente el color de piel con el que nacimos y con el que vamos a morir y no por eso vamos a ser menos que los demás; porque contamos con las mismas capacidades con que nace una persona de color blanco y eso que se conoce con el nombre de racismo no es sino un obstáculo que hay que vencer y para eso es necesario superarse como persona dejando los miedos y las prevenciones atrás.

Hasta hace unos días pensé que era el único que tenía esa manera de mirar la vida. Sin embargo, me sorprendí cuando tuve la oportunidad de hablar con Otoniel Umaña, un periodista afrodescendiente del Valle del Cauca, quien por estos días aspira a ocupar una curul en el Concejo, pero no por un movimiento de afrodescendientes, sino por el Partido Liberal, en una campaña con pocos recursos y con la escasa presencia de Rafael Pardo y David Luna. Al igual que yo, Umaña cree que el grupo político de los Afros tiene más intereses personales que comunes o colectivos, aunque no por ello deja de ser importante un movimiento como este, pero sobre todo porque ve a la persona de color negra como un ciudadano común y corriente, igual a los demás. Por esta razón dice que de llegar al cabildo distrital, su lucha ha de ser por todos los habitantes de la ciudad, sean del color que sean, cosa que me gusta, porque como bien lo dije hace un momento, el ser de color negro no nos hace distintos a otros.

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