El arte de la conciencia

16 de septiembre del 2012

Fernando Arias  (Armenia 1963) vive entre Colombia y Gran Bretaña y es un artista conceptual de primer orden en un escenario internacional. En la galería  NC- arte en Bogotá expone su proyecto El País de los demás, porque su obra presenta una diatriba contra las intervenciones mineras que alteran dramáticamente al sistema ecológico que sostienen al mundo […]

Fernando Arias  (Armenia 1963) vive entre Colombia y Gran Bretaña y es un artista conceptual de primer orden en un escenario internacional. En la galería  NC- arte en Bogotá expone su proyecto El País de los demás, porque su obra presenta una diatriba contra las intervenciones mineras que alteran dramáticamente al sistema ecológico que sostienen al mundo con su cuenca amazónica.

La propuesta cuenta con varios escuetos argumentos, que insisten, en un estudio bien argumentado cómo la minería del país se ha ido entregando a las concesiones internacionales. Ellas, las compañías que explotan el subsuelo de nuestra tierra, están socavando y explotando sin muchos controles los territorios nacionales, están sacando la riqueza del país mientras, esta Colombia de nadie le parece no importar y se consume en la pobreza.

Columbia

Solamente las comunidades indígenas tienen el conocimiento ancestral de lo que en realidad significa el balance y el respeto entre hombre y naturaleza, que es lo que protege a la biodiversidad. Pero los negocios se hacen desde arriba, los contratos los otorgan los gobiernos que, me imagino, reciben millonarias comisiones a cambio de una la indecorosa explotación.

De la Colombia minera, Arias nos lo cambia por el nombre de Columbia donde dos terceras partes del país se encuentra bajo la explotación minera. También los grupos armados ilegales encontraron su otra panacea y lo realizan con la misma suerte brutal a la que están acostumbrados, donde no importa el ser humano ni los recursos naturales ni salvaguardar la riqueza. Ellos arrasan a la tierra sin piedad.

Conocí  el trabajo de Fernando Arias, en un salón Nacional en los años 90, donde presentó una obra que era un cuestionamiento sobre la crisis del Sida, al construir  un túnel negro y sin salida. Como la muerte, tenía en todas sus paredes placas de laboratorio  iluminadas con esa luz de neón azul y fría. En su  época de los interrogatorios más humanos, fotografiaba seres en un mismo lugar, tan deteriorado como olvidado en la guerra, cuestionando la integridad del ser. También  lo vi controvirtiendo la política de drogas, cuando construyó una enorme línea de polvo blanco en la frontera entre México y Estados Unidos. Lo hemos visto trabajando sobre el tema socio cultural de la identidad nacional a través de los símbolos, como sucede con sus escudos de Colombia.

Arias altera el orden de los elementos y muestra el otro lado de la moneda. En La Bienal de Venecia, asumió la pobreza como un mal endémico e incondicional  mientras su obra de arte le pedía al espectador limosna. Ha trabajado, en videos sobre la gente marginada. Ha buscado expresarse en bellos videos rescatando  al mundo olvidado en la miseria. Construye ahora mapas sin geografía, donde solo queda el contorno de una línea construida  con un cordón rojo de pasa manos que ilustra, por ende, los límites frágiles de las fronteras. O realiza un mapa virtual  también vacío donde muestra las aterradoras cifras de los permisos  de explotación de la minería de los últimos gobiernos. A un lado, dentro de una urna, expone simbólicamente una pieza en oro que, no  habla sobre del arte precolombino cuando los hombres se vestían con oro, sino de una veta que se roban, sin medir las consecuencias funestas,  todos los días a la naturaleza.

Haga clic aquí para ver el video VIOLIN 2007-08 (10′).

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