El barquero Calderón ironiza sobre Gardeazábal

El barquero Calderón ironiza sobre Gardeazábal

26 de marzo del 2016

El periodista Willian Calderón piensa que Gardeazábal es caso perdido y pierden el tiempo los grupos de oración de Tuluá que piden a Nuestro Señor Jesucristo por su alma (pues el cuerpo ya lo tiene podrido).

Es misión imposible que este Voltaire de vereda, hijo de doña Maruja, quien se distinguió por ser una matrona de perladas virtudes, fervorosa y practicante de la fe católica, se convierta y vuelva al redil y no ataque el dogma de la Resurrección como lo ha hecho en su reciente libro “El Resucitado”, ante el silencio cómplice de nuestra jerarquía eclesiástica.

Si viviéramos –dice- en una comunidad Musulmana o en el Hinduismo o en el Taoismo, el susodicho personaje ya estaría en el horno a fuego lento y lo habrían chamuscado como a un marrano en noche buena, con música parrandera, voladores y quema de libros.

¿Por qué? por renegar de una religión, la más permisiva, la más tolerante, la misma que permitió que se diera el maravilloso mestizaje que hay en Latinoamérica y uno de cuyos representantes más conspicuos es el señor Gardeazabal, que reúne todas las mezclas que salieron del blanco europeo, el indio americano y el negro africano, pero que al parecer, en su caso, se metió un animal con cachos y con cola.

Cómo es posible que semejante engendro del demonio, un sujeto alimentado con sancocho, agua de panela, mazamorra, chicharrón peludo, arepa de pela’o y frisoles con pezuña se quiera equiparar a personajes de la talla de Voltaire, Papini, Santo Tomás y el propio San Pablo de Tarso, pero no de Tarso, Antioquia, sino del Tarso de Turquía.

Es una osadía inadmisible pretender emular las convicciones y el alto vuelo intelectual de Voltaire o de los grandes enciclopedistas y compararse con lumbreras del pensamiento universal, sin salir de la parroquia tulueña.

También el pirómano Eróstrato en Grecia se quiso hacer famoso por meterle candela al templo de Diana, en Efeso, pero lo único que se consiguió fue prohibir la mención de su nombre, so pena de muerte. Así va a pasar con este pequeño Eróstrato de Rio Frio que pretende llegar a las cumbres de la literatura universal escribiendo libelos en contra de la grandeza y la omnipotencia de un DIOS en el que dice no creer, pero que es simplemente un pobre ateo al que me gustaría verlo en un avión en medio de una tempestad y observar por el rabillo del ojo a ver cuántas bendiciones se raya por minuto.

Un individuo que fue un problema como estudiante de la Universidad Pontificia Bolivariana, de donde lo arrojaron como escupitajo de sastre, ahora pretende vomitar todo su resentimiento en contra de la omnipotencia de la grandeza de un DIOS que hoy reconocen las multitudes creyentes que seguramente desprecian esos retozos audaces de escritores que se quieren hacer celebres ofendiendo los valores y los símbolos más preciados de una comunidad que los detesta.

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