El choque de civilizaciones

3 de julio del 2012

Un viaje al exterior lo primero que muestra es que en relación con otros países somos cada día más subdesarrollados. Esto invita a algo de análisis. Huntington escribió uno de los ensayos más reconocidos sobre cómo evolucionan las sociedades alrededor del desarrollo económico. Su tesis es que las condiciones de la realidad cambian más rápido […]

Un viaje al exterior lo primero que muestra es que en relación con otros países somos cada día más subdesarrollados. Esto invita a algo de análisis.

Huntington escribió uno de los ensayos más reconocidos sobre cómo evolucionan las sociedades alrededor del desarrollo económico. Su tesis es que las condiciones de la realidad cambian más rápido que las instituciones, y que los niveles de subdesarrollo dependen de la capacidad de estas últimas de adaptarse rápidamente a las primeras. (En este sentido el reciente episodio de la reforma a la justicia es diciente, en cuanto a lo que hemos retrocedido en institucionalidad y con ella el desarrollo sino económico, si social y político de Colombia).

Igual de importante pudo ser en su momento el artículo de Fukuyama sobre el fin de la historia, planteando como tesis que el sistema democrático capitalista había logrado convertirse en el modelo último y único al cual se orientarían todas la culturas y naciones mundo.

Huntington a su turno desarrolló una tesis alternativa según la cual lo que se produciría sería un choque de culturas que iría más allá de los modelos políticos y económicos pues implicaría un choque inevitable entre valores de las diferentes civilizaciones.

Dentro de esa especie de procesos de interpretaciones dialécticas sería interesante buscar lo que representaría el fenómeno de la ‘globalización’.

En efecto el desarrollo de las naciones podría ser visto más como un tema cultural que simplemente económico. Pero puede ser estudiado a través de sus repercusiones económicas.

El neoliberalismo pretende o supone representar ese ‘fin de la historia’ que proponía Fukuyama, y es el que ha imperado en estas últimas décadas. Pero, ¿cuáles han sido sus consecuencias?

La lógica de quienes deben ser los más favorecidos con las reglas del juego del mercado libre se ha cumplido: los más poderosos, se han vuelto más poderosos y los más marginados, cada vez más excluidos.

La matemática también lo explica: siendo el desarrollo un concepto comparativo se puede asignar al país más desarrollado un puntaje referencia de 100 (se puede asumir que ese corresponde a Estados Unidos); tendrían entonces los otros países índices comparativos inferiores según su nivel de desarrollo (Colombia estaría alrededor de un índice de 50, o sea medio subdesarrollado). En tal caso a un crecimiento de la economía estadounidense de un determinado porcentaje se requeriría para mantener la misma brecha un incremento del doble por parte de nuestra economía.

Y si eso aplica para el promedio de la población, como nuestra distribución tanto del ingreso como de la riqueza son mucho más desiguales que las de allá, lo que un colombiano medio tendría que mejorar su ingreso para no caer en un mayor subdesarrollo tendría que ser cinco o seis veces más que un norteamericano.

La globalización sí tiende a igualar a toda la humanidad en sus gustos y aspiraciones —todos bajo el imperio del consumismo—; pero, al no ofrecer al mismo tiempo la desaparición de las condiciones específicas de cada nación, el resultado que produce es el contrario, o sea una diferencia cada vez más marcada en sus niveles de desarrollo.

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