El galimatías nacional

Mié, 27/07/2011 - 23:59
Santos fue elegido por el furibismo orgulloso que se aprestó a elegir el sucesor de Uribe ante el fuerte guiño del presidente más popular de la historia de Colombia, pero Santos no gobierna con Uri
Santos fue elegido por el furibismo orgulloso que se aprestó a elegir el sucesor de Uribe ante el fuerte guiño del presidente más popular de la historia de Colombia, pero Santos no gobierna con Uribe, ni gobierna con los amigos de Uribe que se creían sus amigos y ahora están seguros que Santos gobierna contra Uribe, por eso quisieran jamás haber votado por él. La derecha política se siente desplazada, estaba segura que en el nuevo presidente encontraría un digno exponente. ¿Cómo no? si fue el ministro de tres presidentes con fuerte raigambre en el establecimiento y la estrella del Ministerio de Defensa que debilitó militarmente a la izquierda armada, bajo el presidente que la derecha considera su máxima expresión: Uribe. Pero resulta que Uribe no se siente de derecha, más bien grita a los cuatro vientos que es de centro y para probarlo muestra que desmovilizó la derecha armada que eran los paras. Ellos realmente tampoco eran de derecha, sino una uniformada pero variopinta gama de expresiones criminales, entre los que prevalecía el sector más violento del narcotráfico de las periferias de Medellín, Cali, Pereira y Bogotá, que se re-estratificó, dizque luchando contra la izquierda, para escalar socio-políticamente y, de paso, se tragó el ala que sí era antisubversiva, cuyo origen no era el más bajo estrato delincuencial del interior sino una parte de la clase dirigente campesina de la Costa norte, que sí es de derecha, pero que en ese colegaje súbito fue despojada de su diferencia e ideales cuando aceptó negociar junto al resto, bajo la divisa AUC; ante lo cual la Justicia les negó por parejo la categorización de autores de delitos políticos. Por eso "el proceso de paz" no fue de reinserción social, sino de resignación judicial. Con todo, Uribe no gobernó para la derecha, como afirma su minoritaria y feroz oposición, ni como un hombre de derecha. El fortalecimiento de Familias en Acción, la ampliación de cobertura en educación, bienestar familiar, y su estilo de gobierno con participación comunitaria permanente, casi populista, se parece más a la izquierda en tiempo electoral que a la derecha en ejercicio del poder. Pero los adversarios lo rotularon y por mucho que a él le choque, sus fans lo quieren y sus enemigos lo odian, por ser de derecha. Aunque no sea. Y a quienes decimos que Uribe no es de derecha, nos cae el odio del antiuribismo que necesita estigmatizarlo y nos estigmatiza. Los uribistas furibundos ahora detestan a Samper, pero se olvidan que Uribe se hizo políticamente bajo el ala del Poder Popular y la prueba es que designó a su exjefe político como embajador en Francia. Aunque hizo como el bobito que engañó a la buseta porque le pagó y no se montó. Lo nombró por gratitud, pero cedió ante Pastrana que renunció a Washington incómodo de imaginarlo en París, y Samper fastidiado no se posesionó, de modo que dejó resentidos a los dos, con lo que se prueba que Uribe es un líder de masas eficaz, pero no un buen político, sin embargo mantiene intacto su 73% de popularidad, a pesar del insaciable ataque de la muy mediática oligarquía centralista a la que tanto le sirvió en el poder; por eso aparece como un fenómeno político, que en la práctica es, porque en la vida real la percepción es la realidad. Pero su trato con los altos "heliotropos" del poder solo evidencia gran torpeza política. Santos entretanto parece un supertimonel, pero ninguna locomotora prende ni arranca salvo las que traía andando Uribe. Ninguno de los dos insulta al otro pero ya se detestan. Y la locomotora de la seguridad, que manejaba Juan Manuel en el gobierno de Alvaro se está descarrilando en el gobierno del primero, en manos de un amigo del segundo. Mientras el que brilla y hace lo que le da la gana en un tren bala cuya locomotora es él mismo, resulta ser Vargas Lleras, el único de todos que el día de la primera vuelta era enemigo del viejo y del nuevo presidente. Hoy Uribe lo identifica como su peor enemigo mientras el flamante Ministro del Interior, empoderado en abundancia por el nuevo presidente construye el andamiaje político con el que se volverá el principal adversario, no de Uribe, sino de Santos. Ojalá que para entonces no sea en alianza con Uribe, porque así es la política. Entretanto La Justicia opera como un partido político que tiene arrinconado al Uribismo, y aparentemente, Santos se lo facilita para comprar su paz sin darse cuenta que hasta hace poco el Uribismo era él, y cuando arrasen todo y quede solo, también lo barrerán. Por eso debería apurarse a reformar la justicia sin tanta complacencia, para ver si la exorciza del hambre política que la desdibujó del todo. Pero es difícil con Vargas ahí, quien prefiere tener feliz al poder judicial, les consigue plata y los vive piropeando en homenajes, calculando que ellos en contraprestación lo mirarán desde lejos a pesar de los gritos de Uribe quien clama porque lo investiguen para sacarse el clavo del espejo retrovisor que Vargas mantiene enfocado a pesar de que tuvo fuerte cuota y larguísima participación en sus dos gobiernos. En medio de este incomprensible galimatías nacional, donde lo que era no es y lo que es no se entiende, la gente no sabe comprender que ya Santos y Uribe se hayan distanciado, por eso el mismo 100% de los colombianos, le otorga a los ahora adversarios la misma aprobación y favorabilidad, lo que muestra la confusión que afrontamos pues aunque ya Santos y Uribe representan orillas distantes ambos gozan de aceptación en márgenes muy similares que rondan el 70%, y eso no es fácil de explicar si ambos porcentajes vienen del mismo 100%. Quizá todo lo anterior desemboque en una gran crisis que saque a flote el descontento de la gente común frente a la incoherencia de los liderazgos y el desdibujamiento de los poderes del Estado, porque el Congreso es odiado e irrespetado aunque trabaje, la justicia está en plan de seguir encarcelando políticos mientras el hampa zumba por doquier, y el Presidente elegido por la mayoría , con tal de pasar a la historia decidió ser un traitor to his class y va bien en eso, pero en lo de pasar a la historia, ojalá que por parecerse a Roosevelt (un hombre de alta sociedad que gobernó para las clases más desfavorecidas) no termine igual que Obama, que se hizo presidente diciendo "Yes we can" y todo parece indicar que no... he couldn´t. ¿Terminará este enredo monumental en una Constituyente? Apuesto que sí. ________________________________________________ De otro tema: Imposible no rendir un humilde tributo desde el alma a Joe Arroyo. Oírlo, bailarlo y tratarlo fue un privilegio. Un ser incalculable. Pero más que dolernos por su partida debemos  honrarlo viviendo y gozando su legado para celebrar su rutilante existencia. twitter: @sergioaraujoc
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