El ojo clínico

12 de febrero del 2011

Los abuelos lo sabían, con tan solo una a dos visitas. La noticia se transmitía rauda como el viento. La fama no se hacia esperar. El médico recién llegado al pueblo, tenía ojo clínico, lo más esperado en el nuevo galeno, ya que dicha cualidad viene acompañada, indefectible, por rasgos de humildad, sencillez y humanismo. La seriedad en su compromiso con la profesión y con el paciente, eran un rasgo distintivo, único.

Todas estas son, eran, y serán cualidades muy estimadas en la persona que ejerce la profesión médica. Pero no nos apartemos del objetivo principal de este escrito, el ojo clínico.

Es, el ojo clínico, esa habilidad innata, casi un don, que poseen los médicos y con la cual logran una impresionante certeza diagnóstica y terapéutica. Es el médico que atina y cura, aun con su sola presencia. Lo poseen los médicos que al ver entrar al paciente a su consultorio, con sus primeros pasos, al saludarlo y darle la mano mirando a los ojos, tiene, con el intercambio de las primeras palabras, el diagnóstico hecho en un 80 a 90 por ciento de los casos. Solo le resta confirmarlo al completar la anamnesis y el examen clínico. El laboratorio solo servirá para corroborar y de pronto aclarar alguna que otra duda. Es, el ojo clínico, la sabiduría intuitiva puesta al servicio de años de estudio.

El paciente lo reconoce al sentirse seguro, cuando el médico le expone su caso, su pronóstico y prescribe el tratamiento. Sale del consultorio satisfecho, con convencimiento interior de poner en marcha su proceso de sanar. Sale, incluso ya un poco aliviado.

Tal vez en la actualidad el ojo clínico se haya ido opacando, ocultando con la aparición y uso rígido de los llamados protocolos científicos, que poco dejan de libertad para dejarse llevar por la sabiduría interior y explorar lo nuevo, lo raro, lo no habitual. Y aun en la enfermedad común, encasillan como si no hubiera individualidad en la historia personal del paciente, como si esta historia personal no hiciera variar lo que conocemos como el curso natural de la enfermedad, o sea su evolución habitual.

Considero que el médico con ojo clínico seguirá siendo reconocido, estimado y altamente consultado. Aunque el ojo clínico tiene algo o mucho de innato, cada médico está en el deber de desarrollarlo, y los pacientes de reconocerlo y dejarse guiar por el.

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