El oportunismo de los antipolíticos

Vie, 24/06/2011 - 00:00
Hago política desde hace 16 años y por eso, tal vez, es que no resisto los políticos que reniegan de la política. Ni en lo local ni en lo global.

Y es que renegar de la política es un acto pol
Hago política desde hace 16 años y por eso, tal vez, es que no resisto los políticos que reniegan de la política. Ni en lo local ni en lo global. Y es que renegar de la política es un acto politiquero. Al fin y al cabo, quienes reniegan de la actividad pública y del proselitismo, buscan conseguir votos con ese discurso. “Es que yo no hago política y no soy como los demás” dicen, mientras buscan llegar al poder. El discurso antipolítico además, es una de las razones que mas despista a los votantes. Detrás de él no hay ninguna propuesta, ni ningún argumento que demuestre calidad y compromiso. ¿A cuento de qué, que alguien busque votos argumentando que la política es mala, puede pretender tener mejor calidad moral que los demás? Con el profundo respeto que le tengo al exalcalde Antanas Mockus, y el reconocimiento que profeso a su trabajo de culturización y por Bogotá, nunca entendí por que usaba la categoría ‘antipolítico’. Fue él quien la puso de moda. Sin embargo, logró ser dos veces alcalde. Pero ese es un caso en el que el destino jugó a favor y el antipolítico terminó siendo un buen gobernante. Ha habido otros, en todo el país, en que representantes de ´microempresas electorales’ han sido desastrosos para el bien público. ¿Acaso un ladrón, un corrupto, o un mediocre, no pueden justificar sus ‘logros’ señalando que son antipolíticos? Lo otro que me choca de quienes dicen ser antipolíticos es que detrás de la bandera ‘antipolítica’ ocultan su incapacidad de hacer propuestas ideológicas de largo plazo. Los movimientos antipolíticos son personalistas, dependen de una figura y su única bandera es “ser diferentes”. Pero esa diferencia se reduce a que no tienen estructuras solidas ni de largo plazo, a que su vida es efímera. Reconozco que los partidos políticos en Colombia han cometido profundos errores, pero creo también que la salida no es acabarlos sino renovarlos. Refundarlos, prácticamente. Creo que acabar los partidos para depurar la política es, en términos populares, igual a “correr el sofá”. En el Plano Global la antipolítica tampoco me convence. Es el caso del movimiento de indignados del 15M en España, por ejemplo. Me pregunto: ante el cansancio con el sistema, ¿cuál es la mejor forma de cambiarlo? ¿Acaso no lo es la representación política? Cómo, sin política, construimos democracia y ejercemos la civilidad. El cansancio con la política no debe llevar a que defendamos a quienes caen en la contradicción de quienes la hacen atacándola. Siempre son más confiables y transparentes quienes reconocen lo que hacen de frente, sin vergüenza. No me convencen los oportunistas que se declaran antipolíticos y me gusta quienes defienden la política como una labor que –aunque hay que depurar—es fundamental para convivir en paz.
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