El pedantuelo Alejandro Marín llama hampones a promotores de discos

El pedantuelo Alejandro Marín llama hampones a promotores de discos

8 de julio del 2017

Alejandro Marín es el director de “La X” y el éxito que ha tenido con esa emisora de Todelar (décimo puesto en casi todos los sondeos) lo volvió soberbio, pedante, pendatuelo. Y en ocasiones ofensivo y  humillante. Lo es con compañeros de trabajo y especialmente con los subalternos.

También agrede a los promotores de discos. Acaba de escribir –en nota que le atribuyen, por su estilo y lo que le han escuchado en varios escenarios, que “la era del disquero hampón en Colombia se acerca a su fin con la llegada de Alejandro Jiménez a la presidencia de Sony Music”, arrojando lodo a muchos buenos y honrados trabajadores de esa actividad.

“Y no es que todos los disqueros sean hampones (admite que generalizar es un despropósito), pero es un hecho que en el siglo XX muchos de los que emprendieron la dura tarea de desarrollar artistas lo hicieron a pulso, y que ese pulso se midió siempre por el nivel de maldad con el que obraron figuras como Ertegun, Davis, Geffen o Yetnikoff”.

La columna en referencia fue publicada en El Espectador y tiene el sello de Marín, invitado otras veces a escribir sobre el tema de la radio y la música. Extrañamente fue retirada, pero en pocos minutos recibió toda clase de respuestas, algunas airadas. Todos se dirigen al locutor de la X, sin que él haya salido a desmentir la autoría de la columna ni sus ataques.

Esto dice el texto que le cargan a Alejandro Marín:

-“Alejandro está en Sony hace ya diez años; entró como abogado, egresado de la Universidad de los Andes. Con maestría de Leyes de propiedad intelectual de la Universidad de Edinburgo y posgrado en Derecho de autor de la Universidad de Buenos Aires, Jiménez es la prueba fehaciente de que el negocio de la música fue, es y será siempre un negocio de abogados.

Pero antes de entrar a conclusiones rápidas y fortuitas, un repaso histórico. Alejandro llega a reemplazar a un financiero boliviano, Andrés López, quien llegó a Colombia a cuadrar caja para la multinacional de discos hace quince años, y luego de organizar los números, entró a la presidencia de la empresa, que estuvo en manos de Carlos Alberto Gutiérrez durante más de treinta años antes de él.

Eso quiere decir que en Colombia los relevos gerenciales de este tipo de gestiones musicales toman verdaderamente entre cuarenta y cincuenta años, lo cual ayuda mucho a entender el panorama de la industria de la música como está: envejecido y anquilosado por dinosaurios protectores de accionistas globales.

López no se va de Sony sin unas cuantas medallas importantes: el rotundo éxito de Santiago Cruz, la renegociación del contrato de Silvestre Dangond, la firma de Chocquibtown y de Maluma, son todas preseas del CEO que se va.

Pero no sin la supervisión legal de Jiménez, quien luego de acompañar a López en la meticulosa firma de estos contratos, comenzó su carrera como A&R con la firma de ‘Caja De Música’ de Monsieur Periné, un disco que ganó un premio Grammy Latino un año después de la apuesta de Alejandro por el grupo capitalino.

A Alejandro lo ponen en la presidencia de la empresa multinacional de artistas a sus treinta y dos años de edad. ¿Quién lo pone allí? Probablemente por el capo tutti cappi en Latinoamérica, Mr Afo Verde, por supuesto, con la bendición del manager de Maluma y de Carlos Vives, Mr. Walter Kolm.

Algunos dicen que es lobby muy bien hecho el que hace que Mr. Jiménez llegue a esa posición; otros no niegan su capacidad para estar allí. Yo estoy seguro que ninguna de esas dos posiciones están equivocadas. Es más una combinación de las opiniones. Como en el mundo en general, nada es tan blanco o tan negro como nos lo pintan; en el grisáceo espacio de las polarizaciones políticas, ideológicas, religiosas y empresariales, yacen los ganadores. Es mejor tener amigos que plata en el negocio de la música, dicen por ahí, y  Mr. Jiménez tiene, por fortuna, privilegio y determinación, ambas en estos momentos.

Algunos dirán también que “le falta calle”, pues de la calle vienen todas las mañas y las cosas malas del negocio de la música. Y esas cosas malas han alimentado, por más de sesenta años, a la industria. No es gratuito que le hayamos perdonado la pedofilia a Michael Jackson, ni la pederastia a Chuck Berry; no por nada defendemos a los Stones y lapidamos el reggaetón: lo hacemos porque quienes pusieron en esas esferas a esos artistas eran más perversos que los artistas mismos. Tan perversos que nos ayudaron a endiosar a nuestros ídolos sin importar sus maldades. Si quiere ver “posverdad”, dele una vuelta a sus discos favoritos. Encontrará más mentiras que realidades. Todo gracias a los disqueros de antaño.

Pero más allá de eso, lo que se entiende finalmente es que el negocio de la música parece estar en manos de gente académicamente preparada y no por ello, menos apasionada que los criminales de turno de mediados del siglo veinte. Lo que pasa es que en la academia no hay “calle”, y la teoría no se verifica si no se ha ensuciado en ella. Ese es un peligro que corren los nuevos disqueros: que tanta universidad les impida entender el valor que hay detrás de los mecánicos de los hits, los que se untan las manos de aceite, los que están en la calle del negocio.

Por eso no dejará de haber hampones en nuestro oficio. Pero Alejandro Jiménez no es uno de ellos. Y quizá por eso también funcione que sea presidente de Sony Music Colombia.

Que el hampa no le gane la partida

Esperemos que el hampa no le gane la partida, y apostemos por Jiménez y por sus nuevos negocios. Tendrá que enfrentarse a la radio. Aún no lo ha hecho, y deberá hacerlo. Y Ganar Grammys no es suficiente. Jiménez necesita pegar de verdad a los Periné (no lo ha logrado) y necesita poner en el mapa global a su nueva apuesta MNKYBSNSS. En términos generales, la apuesta por Mr. Jiménez es grande en todos los sentidos. Debe poner su visión musical en el mapa con resultados, con radio, con streams y con plata, que es finalmente, lo que verdaderamente importa en el negocio de las grandes casas discográficas, como Sony.

Y con Uriel Giraldo, el promotor de promotores, contando los días para jubilarse, Jiménez deberá rodearse de gente que entienda el negocio como lo entiende él: como un oficio en el que la radio no es tan importante, pero los resultados tienen que verse; en un ejercicio que la ley protege, pero deberá entender también que las leyes fallan a favor de las corporaciones con más frecuencia que de la gente, y que dentro de esa gente, se encuentran los artistas.

Será un emocionante cambio de página, y estaremos vivos para presenciarlo. Ojalá Alejandro Jiménez y su equipo le den a la música en Colombia el puesto que ella necesita dentro del territorio, más que en Latinoamérica. Así lo dejen meter las manos en la “cookie jar” de las prioridades globales, su labor más grande será adentro, no afuera.

Buen viento y buena mar para Alejandro Jiménez en Sony Music Colombia. Los que esperamos el cambio estamos aquí pendientes, haciéndole mucha fuerza.

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