El peligro de los hospitales

16 de febrero del 2011

El New England Journal of Medicine (Nejm) es la revista que todos los médicos del mundo esperan leer cada jueves para mantenerse al día.  Su proceso de selección y edición de contenido es riguroso y quizás no pueda mejorarse más.  Algunos han pensado que si el Nejm fuera aún más estricto en la revisión de sus artículos cierta información dejaría de ser publicada o tardaría mucho en ser conocida.  Y de los límites de calidad vamos a escribir hoy.

El 25 de noviembre del 2010 el Nejm publicó un artículo mostrando que la frecuencia de eventos adversos iatrogénicos (o sea asociados a un acto o procedimiento terapéutico) se ha mantenido estable en diez hospitales de Carolina del Norte en la última década a pesar de grandes esfuerzos e inversiones para buscar la seguridad del paciente.  Como si hubiera un límite a la calidad que podemos alcanzar en la seguridad del paciente hospitalizado.

Se detectan eventos adversos en una de cuatro hospitalizaciones. Estos incidentes no son simplemente errores médicos. La mayoría son fallas en los procedimientos establecidos en los protocolos de seguridad como no subir las barandas de una camilla de transporte, equivocaciones en el nombre del usuario y muchos otros incluyendo el más importante que es no lavarse las manos al atender un paciente.

La mayoría de estas fallas en los protocolos no conllevan ninguna complicación médica pero se ha encontrado que están asociadas a daño significativo en el paciente en 18 por ciento de los casos reportados (o sea en uno de cada 20  hospitalizaciones).  Las enfermedades más frecuentemente asociadas a fallas en los protocolos de seguridad hospitalaria son infecciones urinarias por catéteres urológicos, infecciones respiratorias asociadas a ventilación asistida, infecciones de la herida quirúrgica y otras.  Y en el 2,4 por ciento (una de cada 150 hospitalizaciones) los eventos adversos iatrogénicos estuvieron asociados, aunque no fueran su causa primaria,  a la muerte del paciente en esta serie estudiada en Carolina del Norte.

Entonces los hospitales son inseguros a pesar de todo el dinero invertido en seguridad del paciente en muchos hospitales de Colombia y el mundo.  Es fundamental conocer esto porque hay que reducir la culpabilidad asociada al reporte de estas fallas: lo importante es reportarlas, registrarlas y estudiarlas para su prevención, no perseguir o amenazar al personal hospitalario que las comete.

En nuestras sociedades contemporáneas agresivas y exigentes siempre del buen resultado frecuentemente se piensa que el personal de salud es culpable de la enfermedad o la muerte del paciente.  Y hay reportes repetidos de ataques e insultos a auxiliares, enfermeras y médicos.

El Dr. Edgar Iván Ortiz, asesor del Ministerio de Protección Social en estos temas, nos recordaba en una conferencia que la gran mayoría de fallas hospitalarias en la seguridad del paciente son multicausales: cansancio del personal por turnos largos y repetidos, mala iluminación del sitio de trabajo, ausencia de sistemas de información electrónicos, carencia de instrumental adecuado, etc.  En estas condiciones culpar a una persona individual por una falla en la seguridad del paciente es injusto.

Pero hay una diferencia sutil entre culpabilidad y responsabilidad: aunque las instituciones de salud no deben empeñarse en culpabilizar al personal deben responder adecuadamente y responsablemente por la seguridad del paciente. Los hospitales están obligados a iniciar y mantener educación continua de su personal y usuarios en temas de seguridad hospitalaria.

Es una labor cuyos resultados no se ven a corto plazo.  Prueba de ello son los resultados del artículo del Nejm que no muestran mayores cambios en una década en Carolina del Norte.  Y quizás la costosa lucha por la seguridad del paciente tiene sus límites.  Porque los hospitales son sitios peligrosos, desde aquel primer gran hospital público, la “ciudad de los enfermos”, fundado por San Basilio Magno a las afueras de Cesarea en el siglo IV de nuestra era.

Los hospitales son estructuras complejas donde mucha gente va y viene alrededor del enfermo, llevando y trayendo gérmenes y distracciones, stress y agresiones.  Por el contrario a mí se me ocurre que no debe ser una obligación de etiqueta visitar al paciente en el hospital: una cosa es preocuparse por él y su familia, otra cosa es llevarle microbios en las manos sucias, las flores y los globos.

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