El peso lo lleva el periodista

Jue, 06/10/2011 - 09:00
Extracto del discurso pronunciado, como presidente del jurado, en la proclamación y entrega del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2011

Extracto del discurso pronunciado, como presidente del jurado, en la proclamación y entrega del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2011

Esta es la trigésima sexta proclamación y entrega del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. En los doce meses transcurridos desde nuestra reunión anterior, varios hechos de importancia han conmovido al mundo. Por ejemplo, Bin Laden fue descubierto y ejecutado antes de que se conmemorara el ataque a las Torres Gemelas; la guerra en Afganistán continúa con la participación de los países desarrollados de occidente; en el cuerno de África se padece una de las peores hambrunas conocidas, bajo la mirada indiferente de muchos; no han parado los desastres naturales que han afectado a los países más pobres, y que esta vez, como algo que nos parece anómalo, un huracán llegó hasta Nueva York; el mundo se conmovió con los mineros chilenos atrapados en una mina; los países del norte de África se han convulsionado con las revueltas populares para cambiar sus regímenes políticos; en la región latinoamericana países como México viven la tragedia de las mafias de la droga; por otra parte, el FMI habla de la amenaza de una nueva depresión económica mundial; la zona euro está sometida a la inestabilidad financiera, ampliamente estimulada por las firmas que califican el riesgo; así han temblado Irlanda y Portugal; Grecia parece ser la pieza de dominó que puede hacer caer a las otras; España y Francia están amenazadas; e Italia puede desmoronarse con Berlusconi, a pesar de ser dueño de gran parte de los medios de comunicación. Mala señal para aquellos que creen que el poder se asegura con el control de los medios. Paralelo a todo esto, y quizás como su consecuencia, una ola de indignados recorre varios países del mundo.

En nuestro país tampoco tuvimos una imagen tranquilizadora. Hemos tenido catástrofes naturales; el cambio de gobierno ha traído un aire de recuperación institucional que ha destapado lamentables casos de corrupción y se denunció la utilización del Estado para hacer favores políticos; los llamados carruseles de la contratación están en la palestra; funcionarios locales han sido sancionados y relevados de sus cargos; se han renovado los escándalos y juicios relacionados con las escuchas ilegales; varias instituciones nacionales están bajo la sospecha y el rechazo público; si bien la guerrilla ha sufrido importantes golpes, también es cierto que han crecido otros grupos delincuenciales que se agregaron a la criminalidad preexistente; las diferencias sociales se mantienen; hay severas denuncias sobre las maniobras para corromper las elecciones que se nos avecinan; y, en este escenario, emerge y crece una tensión política entre el gobierno anterior y el actual.

Esta es una larga lista incompleta de males que han inflamado la mayoría de los trabajos periodísticos que llegaron a la consideración del jurado del premio, tanto en sus versiones de prensa, de radio, de televisión o de la web. Es cierto que algunos trabajos mostraban hechos positivos y esperanzadores, pero es evidente que en la prensa se mantiene la predilección por destacar el que un hombre muerda a un perro y no el que el perro muerda a un hombre. Esto siempre ha sido así, pero parece que el mundo nunca ha tenido tantos hombres que muerdan toda clase de perros o que en este mundo traidor ya no sabemos quienes son hombres y quienes son perros.

Dentro de las escandalosas noticias del período, hay dos que han tenido un importante despliegue y que obligan a reflexionar sobre la dirección y el destino del periodismo. Por una parte, WikiLeacks difundió un número descomunal de memorando enviados a Washington por los servicios diplomático que representan a los Estados Unidos en más de cien países en el mundo. Por otra parte, en Inglaterra se reveló que el periódico News of the World, propiedad del magnate Rupert Murdock, había realizado intercepciones telefónicas ilegales, por lo cual tuvo que declarar ante la Cámara de los Comunes.

En el caso de WikiLeacks, ante la masa de informaciones, unas escandalosas y otras banales, la reacción más general de los gobiernos ha sido la de ignorar los hechos y la principal acción emprendida ha sido la persecución de Julian Assanage por supuestos delitos sexuales. Sin embargo, nunca los periodistas han tenido en sus manos tantas filtraciones de un solo golpe. Y el problema con esa información ha sido el mismo que siempre: la necesidad de establecer la credibilidad de la fuente, de contextualizar la noticia, de asegurarse de su veracidad y de contrastarla con otros hechos. Como siempre sucede, el peso cae sobre el periodista.

Murdoch nos sorprendió al afirmar que News of the World representaba una parte minúscula de sus negocios, que no estaba al tanto del día a día del periódico y que existían unas normas de ética que lamentablemente sus empleados no las habían cumplido. El empresario evade su responsabilidad, y la hace caer en los periodistas. Los empleadores piensan que los periodistas son incómodos e inconvenientes para la utilidad económica.

El usar a los medios como negocio tiene consecuencias. Los periodistas de hoy que laboran en algunas de esas empresas lo saben muy bien. Su trabajo se ve recortado por el interés de lucro por encima del profesionalismo. El falso argumento de los altos costos de papel ha limitado el espacio para las crónicas, los reportajes y las entrevistas hasta el punto de que cada vez son más esqueléticas. Todo parece ser la consecuencia de que existe un terror a la palabra. La publicidad invade los espacios de televisión y de radio, hasta el punto que a veces llegamos a creer que lo periodístico solo es el adorno de lo publicitario. Los periódicos y las revistas se atiborran de avisos, insertos y reportajes comerciales. Hoy vemos dolorosas solapas de propaganda que cubren parte de las primeras páginas o se asalta a los lectores con falsas primeras páginas vendidas a la publicidad. El “rating” y la incorrectamente llamada “lecturabilidad” son medidas que sirven para tener más anuncios, pero nada dicen de la calidad del medio. Las empresas compiten para auto anunciarse y tienen una alocada carrera de auto bombo, carentes de modestia, empleando dudosas encuestas, con torcidas interpretaciones, que confunden al público.

La censura, tal como la conocíamos hace varias décadas, ya no es funcional o por lo menos no es tan eficiente. El control de la prensa se suele hacer a través de otros mecanismos. Los poderes que dominan las relaciones sociales, económicas y políticas de nuestros días necesitan de una la presión sobre los medios de comunicación. Solo con la prensa que crea falsas ilusiones y vacías imágenes, pueden subsistir. Se trata de influir, manipular o controlar a los medios para lograr y mantener el éxito es social. Y, desde que los medios son negocios, la prensa sirve a esos poderes y a ese modelo de sociedad. Los enemigos de la verdad acuden a medidas mucho más drásticas que las de comprar o influir. Los periodistas críticos o simplemente investigativos están sometidos a la amenaza constante, muchos han sido asesinados. Otros han buscado el exilio. Cuanto más débil es el medio en el que trabajan, mayor es el peligro que corren.

En medio de esta batalla económica, en el maremágnum de los conflictos políticos de este mundo, está el periodista que trata de mantener la excelencia de su trabajo. Y ese es el aspecto que interesa a este concurso. El Premio de Periodismo Simón Bolívar ha buscado, desde sus inicios, el premiar a los periodistas. A esos profesionales de la palabra y del símbolo. A pesar de que hay medios de muy alta calidad y tradición en nuestro país, que han sido ejemplo en América Latina, no es la preocupación del jurado fijarse en el medio al que pertenece el trabajo examinado. Este año, cada uno de los jurados a tenido que ver, oír o leer los 632 trabajos recibidos. Es decir, 367 de prensa, 139 de televisión, 100 de radio y 26 de Internet. Aunque estos son número grandes, es posible que muchos trabajos de altas calidades no hayan sido enviados al concurso. Gran parte de lo recibido es bueno y ha sido premiado por el jurado. Pero no todo lo presentado ha sido excelente. Hay mucho camino por recorrer o recuperar en el esfuerzo de encontrar el justo lenguaje, la forma adecuada para construir los trabajos y la capacidad de atraer al público sin caer en el burdo escándalo o en el fácil sensacionalismo. Por eso, la preocupación de cada uno de los jurados, que se ha reflejado en sus discusiones internas, ha sido la de escoger los mejores trabajos, por encima de cualquier otra consideración. Y esa ha sido la tradición del concurso. Por ello, este jurado se siente orgulloso de haber examinado y discutido lo que los periodistas han presentado, con la certeza de haber sido equilibrados en sus elecciones. Van, entonces, nuestras felicitaciones a los ganadores.

El exdirector de la Real Academia Española de la Lengua, don Víctor García de la Concha, es el invitado especial a esta premiación. Nada más apropiado y oportuno el que un cuidador y enriquecedor de la palabra le hable a este auditorio. Muchos de los que están aquí sentados, se pueden encontrar en su trabajo sometidos a toda clase de presiones. Saben que sólo los pueden salvar sus principios éticos y que al final deberán decirse, como en el poema de Blas de Otero, “Me queda la palabra”.

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