Cuando escuchaba a Angelino Garzón en las plenarias de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, al comienzo de su mandato como Presidente de la misma, los remates de sus misioneras exposiciones se dirigían con excesivo acoplamiento al presidente Juan Manuel Santos. En efecto y como todos lo sabemos, el Vicepresidente es un ciudadano que goza del privilegio de haber sido elegido en la misma fórmula del Presidente quien le asignará, en su calidad de jefe de la administración pública, las funciones que este considere pertinentes. El único cargo por ley que tiene Angelino es presidir la CNRR. Por lo tanto tomó las riendas de ella y reorganizó el equipo de la dirección central, asumió el mando directamente, tanto en lo burocrático como en la orientación. Pero resulta que la CNRR está en proceso de extinción al crear unas nuevas estructuras administrativas la reciente Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. En consecuencia la CNRR se encuentra en transición y requiere una cirugía final.
El país sabe de Angelino muy poco. Que fue sindicalista, Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Embajador de Colombia ante la OIT en Suiza, Gobernador del Valle. También conocemos que es representante plenipotenciario en la tierra del Señor Caído de Buga. Sus tareas programáticas adjudicadas por Santos en la campaña, son las movilizaciones populares y los problemas sociales, todo lo cual es tan amplio que va desde la economía, la planeación, las luchas sociales y sindicales y los brotes de crítica a la política social de Santos y su gabinete. Angelino les sale al quite, como les sale a los Ministros y Directores de otras agencias del estado colombiano, cuando constata que “Bogotá está muy lejos de Colombia”. Esto quiere decir que una cosa es la mirada tecnocrática del gobierno y sus muchachos, y otra cosa es realidad palpitante de las comunidades de carne y hueso que Angelino dice interpretar. Esto no es nuevo, por supuesto. De ello se ha quejado el país desde el nacimiento de la República. Solo el Presidente anterior se puso el sombrero vueltiao de la costa y el poncho paisa para ir personalmente hasta el sitio del problema.
Angelino es austero y le quedó de su paso por la izquierda marxóloga un estilo protestativo y seco en el discurso. El “angelinismo” está compuesto por un conjunto de amigos que trae desde sus elongados cargos públicos y de la cauda sindicalera. Renunció a cualquiera forma extrema de lucha política, es cierto. Pero en los círculos del empresariado y en los corrillos de los clubes bogotanos lo asimilan a un Chávez colombianizado y camuflado. Hay que temerle, por lo tanto, a una gripa o una enfermedad grave de Santos.
Con paso lento, pero seguro, Angelino Garzón está formando una corriente política que se denominaría Puro Centro Independiente -PURCENI o mejor P.C.I.- donde podrán anclar el movimiento obrero cansado de las influencias del mamertismo oficial, los sectores medios que piensan que alguien los ha traicionado, los ecologistas de los estratos estudiantiles y párrocos sociales, los intelectuales y profesionales emergentes y los salseros vallunos. Que se tenga fino el Juan Manuel porque aquí no caben regaños ni desplantes, pues a Angelino no lo pueden echar al asfalto porque es de elección popular.
Pero el Presidente de la República tiene una papa caliente más al interior de su gabinete que también quiere ser Presidente: el ministro del Interior, Vargas Lleras. Este es principal contrincante para la reelección de Santos, salvo que pacten mutuo apoyo para el turno siguiente. Ahí es donde se van a topar con Angelino que representará las regiones y los frustrados de la “prosperidad democrática”. El realinderamiento de fuerzas apenas comienza.
