Vuelve y juega. No hemos terminado de pasar la página de la parapolítica, aquel original producto colombiano derivado de la mezcla de estructuras criminales armadas, narcotráfico y redes políticas locales; que capturó la institucionalidad local y dio el salto al Congreso y al poder nacional, al corazón del régimen político; que constituyó el principal obstáculo a la promesa democrática de la Constitución del 91; y ahora se nos puede venir la “bacrimpolítica” como lo sugirió el diario EL Espectador en días recientes.
Sin que arranque plenamente la campaña para la elección de cuerpos colegiados y gobernantes locales y departamentales ya van 20 candidatos asesinados. El Gobierno Nacional ha anunciado una lista de 400 candidatos bajo sospecha. O con indicios y evidencias de actuaciones ilegales. La Misión de Observación Electoral ha revelado información sobre los riesgos que se ciernen sobre las elecciones de octubre. Y ahora, la organización International Crisis Group en su reciente informe “Romper los nexos entre crimen y política local en las elecciones de 2011 en Colombia” ha encendido también las alarmas.
Bien sabemos de la fragilidad y vulnerabilidad de nuestra institucionalidad pública local. La descentralización política fue un viento refrescante para nuestra precaria democracia. Y en el terreno administrativo y fiscal las reformas territoriales buscaron dotar de autonomía a municipios y departamentos. Pero mientras los territorios aprendían a construir un camino de autonomía y democracia local, las organizaciones armadas ilegales aprendían también a intervenir en sus asuntos. Las guerrillas terminaron atacando a sangre y fuego su institucionalidad convirtiéndola en objetivo militar. Los paramilitares aplicaron, también a sangre y fuego, sus métodos de captura y cooptación de instituciones y gobiernos territoriales.
Bastante razón le asiste a International Crisis Group cuando advierte que las próximas elecciones son la primera prueba sobre la capacidad de los nuevos grupos armados ilegales para capturar la institucionalidad local. Como buenas y directas herederas de los paramilitares, las Bacrim podrán tejer sólidas relaciones con políticos locales, aceitar las maquinarias clientelistas con dineros provenientes de actividades ilegales o intimidar, asesinar y masacrar cuando haga falta. Y hay muchos indicios de que lo vienen haciendo.
También es una prueba de fuego para las autoridades electorales y los partidos políticos que adquirieron nuevas responsabilidades en virtud de la más reciente reforma política. Y para el Gobierno Nacional que ha insistido en que las Bacrim constituyen el principal desafío a la seguridad del país, tanto como las Farc. Por lo pronto los partidos han empezado a negar avales a candidatos cuestionados y han refinado los mecanismos de examen ético y legal a quienes pretenden representarlos. Pero quizás necesitamos mayor fortaleza e independencia del Consejo Nacional Electoral y robustecer la institucionalidad local que garantice mayor responsabilidad y transparencia en la gestión de los asuntos locales.
Si no impedimos que las Bacrim capturen el poder y las rentas locales en alianza con actores políticos, habremos perdido la batalla a la parapolítica. Habremos repetido la historia pero como una nueva tragedia, esta vez mas degradada. E imperdonable.
@antoniosanguino
Elecciones en riesgo
Dom, 31/07/2011 - 23:58
Vuelve y juega. No hemos terminado de pasar la página de la parapolítica, aquel original producto colombiano derivado de la mezcla de estructuras criminales armadas, narcotráfico y redes políticas
