En el Huila, encartados con Géchem y Ana María

En el Huila, encartados con Géchem y Ana María

29 de julio del 2016

Qué difícil es aceptar el retiro. Por eso dicen que la pensión es la cuota inicial de la muerte. Otros encuentran más embarazoso enfrentar la derrota, concretamente la electoral, sintiéndose investidos del deber de salvar a la patria.

Sienten estos últimos que la vida los tiene predestinados, que el pueblo llora por su desgracia, que el mundo se conmueve por la injusticia inmerecida de su revés en las urnas. Claro es que “la exigencia de ser amado es la máxima arrogancia”.

Y entonces andan urgidos unas veces, vacilantes otras, azorados casi siempre, también agresivos, como si les estuviéramos debiendo, como reclamándole a todos la deuda “en ese banco de favores que es la vida”.

Por esos caminos desérticos y desolados andan dos personajes huilenses que tuvieron en sus manos la gloria política –pequeña gloria, pienso- con sendas curules en el Congreso.

Ana María Rincón prepara la enésima demanda para recuperar una silla que nunca volverá a calentar. Y Géchem sigue enredando incautos con el cuento de que ya casi está de regreso.

Sin anestesia, los aterrizo bruscamente, aunque muy respetuoso por la fragilidad física de los dos: ella por el sobrepeso y él por viejas dolencias de columna, las mismas que –exagerando- le permitieron trasportarse cargado por los guerrilleros en los dolorosos tiempos de su secuestro, hasta cuando una cierta tarde, desesperado, se levantó a perseguir con un palo a Clara Rojas.

Ana María no llegó al Congreso (unos meses) por sus méritos y tampoco por sus votos, sino por la coyuntura de la muerte temprana y triste de su hijo.

Semejante momento, devastador, sumado al oportunismo político hicieron el milagro, casi imposible de repetir, por obvias razones. Interpreto la obstinación de la señora Rincón por aquello de que “en la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón”.

Por su parte, Géchem se hace ilusiones de volver al Congreso, en el período en curso, si le ceden la curul de Martin Emilio Morales, llamado por la Corte por homicidio, paramilitarismo y nexos con el narcotráfico.

Se olvida él que constitucionalmente esa curul será “silla vacía” y la pierde el partido de la U (el mismo del Presidente Santos), por las características del despojo. Cosa distinta sería por causales como enfermedad o muerte.

Siento franca tristeza, no porque Géchem esté por fuera del Congreso ni porque su voz de susurro le haga falta a la democracia, sino por lo desprogramado que lo siento.

A manera de ayuda, le sugiero retomar la senda de sus antepasados, buenos comerciantes. O escribir sus memorias de hábil congresista, fundador de la mermelada antes de que fuera general y obligatoria.

O mejor y más divertido, váyase de vuelta por el mundo con su mujer a gastarse la pensión y la fortuna ahorrada. Domina la ansiedad y la monotonía del calendario.

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