Nota preliminar, la palabra pax no se refiere a ningún antigripal efervescente.
Los que trabajamos en el sistema de salud de Colombia estamos viviendo tiempos de tormenta. Como decía una exdecana de un facultad de salud, no sabemos siquiera si existe hoy en Colombia un sistema de salud propiamente dicho. Estamos entre hacer vigilancia estrecha o eliminar un sistema de los que algunos han lucrado y al que nos hemos adaptado a disgusto. Esta situación lleva a una palpitante ansiedad en la “clase médica”, si somos una “clase” o si reaccionamos con sensibilidad a la situación social (algunos siguen contentos en sus consultorios y quirófanos).
En estos tiempos tormentosos he hecho algo poco común: me he ido una semana al Monasterio de Santa María de la Epifanía en Guatapé, Antioquia, el mismo reseñado con admiración en la revista SoHo por Héctor Abad Faciolince. Allí los monjes y el Abad Arboleda me han acogido (hace diez años los frecuento) como hacen con muchas personas con la característica hospitalidad propia de la espiritualidad benedictina. Me han brindado algo esencial para los hijos de San Benito: Pax, paz para reconocer y recordar lo verdaderamente importante. Que en el caso de la medicina es el paciente, el hombre que sufre.
Al salir de la Abadía a la “civilización” compro en el aeropuerto de Ríonegro la edición de El Tiempo del domingo 12 de junio. Un artículo de una página reporta que se ha pedido la declaratoria de emergencia ante la situación de salud en el país pues varios indicadores muestran deterioro de ella. Se enumeran las principales causas de pérdida de años de vida saludables en Colombia: cardiopatía hipertensiva, depresión mayor, agresiones, asfixia y trauma al nacer, cardiopatía isquémica y otras. En el mismo número, siete páginas más adelante, se publica un anuncio de varias EPS sobre los logros del sistema: ha disminuido la mortalidad por enfermedad diarreica aguda, la mortalidad infantil y la mortalidad materna. Pueden discutirse los números y listas pero tener dos visiones contradictorias de una situación peligrosa es receta segura para grave ansiedad hamletiana: “to be or not to be..”
Es probable que ambas interpretaciones de la realidad sean válidas desde perspectivas diferentes, la del individuo y la de la sociedad. Como decía una canción de salsa en mi juventud “no hay país que haga a los hombres felices”. Imagine que llega Ud. a un cuarto de urgencias con un gran dolor opresivo en el pecho, probablemente un infarto de miocardio, y quien lo atiende le habla de estadísticas, prevención y descenso en la mortalidad maternoinfantil. Flaco alivio serían esos números.
Podemos eludir muchas enfermedades prevenibles pero siempre tendremos individuos con cáncer, falla renal, enfermedad cardíaca y otras condiciones que no hemos podido evitar. La mayoría de estas enfermedades serán probablemente crónicas y costosas. Ante la frágil salud humana el sistema debe privilegiar el paciente que sufre, no sólo sus logros sociales siempre discutibles y engañosos.
¿Qué medité sobre esto en el Monasterio? La herencia benedictina ha sido muy importante en la historia de la medicina. Los grandes hospitales civiles fueron fundados por líderes comunitarios del primer cristianismo: San Basilio el Grande en Cesarea con su “ciudad de enfermos”, Fabiola en Roma y otros. Las abadías benedictinas salvaron la cultura en Europa durante la más oscura edad medieval. Ellas siempre tuvieron cuartos de enfermos, celda de médico y dormitorio de enfermos graves. Cercanos usualmente a la hospedería, herbolario y huerto. En El Nombre de la Rosa de Umberto Eco se da una buena descripción de esas abadías.
Además los monjes eran buenos practicantes de la medicina de aquella época. A este respecto no podemos olvidar a Santa Hildegarda de Bingen, abadesa benedictina, liberada y genial mujer del siglo XII compositora, intelectual, visionaria, naturalista y famosa médica. Ella escribió dos libros de medicina con perspectiva diferente: el Simple, de medicina popular, y el Compuesto, de medicina teórica.
¿En qué se basaba el interés de los hijos de San Benito en la medicina? En la Regla Benedictina, la Regula, piedra clave de la cultura de Europa. Ahí encontramos detalles que nos pueden servir para la actual crisis del sistema colombiano de salud.
El Capítulo 36 se inicia así: “Infirmorum cura ante omnia et super omnia adhibenda est”, ante todo y por encima de todo lo demás ha de cuidarse de los enfermos. Aunque más abajo se añade que los enfermos no deben tener exigencias caprichosas con quienes los cuidan.
Estas dos recomendaciones son válidas para nuestra actual crisis: hay que privilegiar al enfermo y cuidar de él, pero éste a su vez no debe hacer exigencias caprichosas. Que la paz benedictina que me regaló Santa María de la Epifanía me sea útil para enfrentar la ansiedad que nos domina como profesionales de la salud. Pax.
En tiempos de tormenta, Pax
Mar, 05/07/2011 - 23:57
Nota preliminar, la palabra pax no se refiere a ningún antigripal efervescente.
Los que trabajamos en el sistema de salud de Colombia estamos viviendo tiempos de tormenta. Como decía una exdeca
Los que trabajamos en el sistema de salud de Colombia estamos viviendo tiempos de tormenta. Como decía una exdeca
