El título es provocador para atraer la atención de ustedes. No hay nada sin causa o causas en biología, pero hay que entender el complejo origen de las enfermedades para enfrentarlas adecuadamente. Cuando Morgagni escribió en el siglo XVIII el De sedibus, libro seminal del pensamiento patológico moderno, dio en el clavo con el título: Sobre los sitios y las causas de las enfermedades. En plural. La mayoría de las enfermedades tienen muchas causas, son complejos procesos multifactoriales.
La Organización Mundial de la Salud en muchos países y el Ministerio de Protección Social en Colombia realizaron este mes una gran campaña de educación y prevención de enfermedades no comunicables (Enfermedades no transmisibles y salud mental, Reporte de la OMS, 19-20 de septiembre; El Tiempo, 15 de septiembre). Estas enfermedades causan en nuestro país, sorprendámonos, el 66% de todas las muertes. Los colombianos nos estamos muriendo de enfermedad cardiovascular (28%) cáncer (17%) enfermedades respiratorias crónicas (6%) diabetes (3%) y otras enfermedades no comunicables (12%) más que de violencia delincuencial, accidentes de tránsito, etc. Acostumbrados al usual discurso en los medios sobre el conflicto social y la violencia en Colombia hemos desatendido nuestras mayores causas de muerte.
Estas enfermedades no comunicables también son llamadas de estilo de vida pues sus causas están inmersas en nuestra manera de vivir cotidiana. En cuanto a ellas podemos decir como un antiguo personaje de tiras cómicas norteamericanas: “Hemos encontrado al enemigo y él es nosotros”. Su compleja y múltiple causalidad radica en nuestros hábitos de dieta, ejercicio y diversión: comemos mal, llevamos vida sedentaria, fumamos, bebemos, consumimos otras drogas recreativas, etc. Por eso son consideradas enfermedades multifactoriales.
Por todo lo anterior aunque debemos prevenirlas ello es difícil y costoso. Quizás pensemos que la evolución biológica no nos ha preparado para nuestra tortuosa evolución cultural pero no le echemos la culpa de nuestros problemas de salud a la evolución. Somos seres libres y deberíamos tener más disciplina y control sobre nuestros hábitos de vida. No culpe al universo de sus problemas, mire su yo y sus circunstancias como pedía Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote). Claro que para esto a veces se requiere un trasplante de cerebro, como dice un hijo mío, porque nos hemos acostumbrado a repetir lo mal que está el mundo, lo mal que está el país, lo mal que está el sistema de salud, lo mal que está la medicina. Por favor, mirémonos y veamos lo mal que estamos viviendo.
Quiero volver a citar a Ortega, a quien nadie lee ya me parece, por otra frase brillante. El hombre, escribe, es “un ser compuesto de realidades circunstanciales creadas por la opacidad en la forma de pensar y en el sedentarismo”. Aunque estoy haciendo el truquito de citar fuera de contexto, el hombre se sienta a imaginar opacamente y a su manera las enfermedades. Por ejemplo creemos que todos los procesos patológicos tienen una causa particular y solo tenemos que descubrirla para solucionar el problema. ¿Cuándo van a descubrir la causa del cáncer?, ¿cuál es la causa de los infartos?, ¿no es que la diabetes se debe a comer muchos dulces? Estas son preguntas que nos hacen a los médicos repetidamente en fiestas y reuniones.
El proceso patológico llamado aterosclerosis (no arteriosclerosis, ojo) que está tras los infartos de miocardio y el 28% de nuestras muertes ha sido asociado a más de doscientos factores de riesgo, no teniendo una sola causa fácil de definir y prevenir. En este complicado panorama multifactorial hay cuatro factores grandes o “gordos” como le digo a mis estudiantes: lípidos altos en sangre, hipertensión arterial, tabaquismo y diabetes. Pero súmele a ellos la genética, el estrés, la coagulación, la inflamación y otros factores de riesgo y se le acaba el tablero o la pantalla para explicar la enfermedad.
Nuestra mente se rebela ante esa realidad y prefiere tener la falsa esperanza que habrá una sola causa, cuyo descubrimiento por las ciencias biomédicas resolverá el problema de una vez por todas. Muchos seguimos engordando y fumando sin movernos siquiera para apagar la televisión esperando la varita mágica (píldora, vacuna o cirugía) que solucione “lo de los infartos”. Despertemos, lo de los infartos es nuestra vida.
En resumen no hay enfermedad sin causa, pero la mayoría tienen muchas causas relacionadas y enredadas con nuestra vida cotidiana. Lo que ocurre cuando la causa somos nosotros mismos y nuestras circunstancias personales es que preferimos mirar para otro lado: el ADN, los virus, el gobierno, el sistema de salud, cualquier cosa menos nuestra costosa irresponsabilidad personal. Además, hablando de irresponsabilidad, manejamos luego de beber, somos promiscuos sexuales, no prevenimos los accidentes de los niños, compramos armas de fuego y nos damos bala para completar nuestro panorama patológico.
Entonces “¿quién podrá defendernos” (Chapulín Colorado) porque “hemos encontrado al enemigo- las enfermedades de estilo de vida- y el enemigo somos nosotros” (Pogo).
