Guerra Santa

Guerra Santa

22 de noviembre del 2015

La tragedia de París ha logrado despertar a la comunidad internacional de un profundo letargo que les impedía ver la realidad: el gran peligro que afrontan la democracia, la humanidad y el mundo tal cual lo conocemos hoy es el extremismo religioso. Las víctimas en Francia no son las primeras ni tampoco las últimas: miles de vidas alrededor de todo el mundo ha cobrado el terrorismo indiscriminado. Solo hasta ahora el asunto se volvió una amenaza mundial. Lamentablemente, siempre hay víctimas de primera y de segunda. Nadie reaccionó por los muertos de Siria, Irak y tantos otros países que padecen ese terrible flagelo. Las calles de París bañadas de sangre fueron “el balde de agua helada” que abrió los ojos del mundo.

Como toda guerra, la de los fundamentalistas islámicos, desde los Hermanos Musulmanes y Al Qaeda hasta ISIS, tiene un origen y una explicación, que, por supuesto, en nada justifica tan abominable proceder. Después de la Primera Guerra Mundial, aparecen en la zona geográfica en donde estaba asentado parte del Imperio Otomano -bajo el manejo y control de Francia e Inglaterra- países como Siria, Irak, Arabia y Jordania. En los siguientes 20 años, lo que hicieron los europeos fue saquear y feriar las reservas petroleras de dichas naciones, sin que toda esa bonanza se viese reflejada en la cotidianidad de sus gentes. Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando ya habían hecho y desecho, los ingleses y los franceses se van, no sin antes dejar la bomba de la discordia sembrada: el Estado de Israel. El resto es historia. A partir de ese momento, la región entró en una confrontación que no ha cesado.

En el año 2003 Estados Unidos inicia una guerra contra Irak, respaldados por una amplia coalición internacional. La invasión fue justificada con el argumento según el cual Irak poseía armas de destrucción masiva, armas que, por cierto, nunca aparecieron. Saddam Hussein, un tirano de lo peor, tenía bajo control a los fundamentalistas de su país. Al ser derrocado, todo se salió de madre, y aquellos que no eran radicales y que eran pro-Hussein terminaron por engrosar las filas de los terroristas que juraron venganza. Uno de los líderes del Estado Islámico (ISIS) es un clérigo Iraquí moderado que se volvió terrorista luego de perder a todos los suyos: es difícil imaginar un camino distinto para un hombre al que le asesinan a su familia inocente en medio de un bombardeo.

Como si no fuera suficiente, en el año 2011 la comunidad internacional, con Estados Unidos y Europa a la cabeza, patrocina la sublevación cívico-militar en Libia contra Muamar Gadafi, circunstancia que ha generado una violencia sin precedentes en ese país africano. Gadafi era un bellaco, sin duda, pero mantenía en orden ese manicomio de cientos de tribus. El interés de los “auspiciadores” de la revuelta no era el bienestar del pueblo libio o el de acabar con los excesos del dictador: como siempre, iban tras el tesoro histórico del mundo árabe: el petróleo.

Como pueden ver, los terroristas no son los únicos responsables de la debacle. Occidente ha engendrado en Oriente la semilla de la guerra. ¿Cuál es la solución del problema? No la tengo clara; solo se qué los causantes de todo este horror deben resolverlo como sea. De lo contrario, no quedará piedra sobre piedra, pues no hay nada más difícil que enfrentarse a personas que no le temen a la muerte.

La ñapa: Se fue el maestro Calixto Ochoa. ¡Qué pesar! Se va Gustavo Petro en un mes. ¡Qué alegría!

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