Hábitos Saludables

18 de diciembre del 2010

Caigo en la tentación, como buen médico, de proponer hábitos de vida que ayuden a mantener la salud. Durante algún tiempo me revelé contra esto y promoví únicamente la escucha del cuerpo como camino para conocer aquello que nos da bienestar o lo que atrae el malestar, el próximo artículo versará sobre este tópico. Hoy no puedo negar mis orígenes al punto de abstenerme de dar consejos en el campo médico. He aquí algunos que aplico a conciencia y que verdaderamente me han sido útiles.

  1. En situación de crisis, en vez de preguntar ¿POR QUÉ? ¿Por qué me sucede esto a mi?, preguntar ¿PARA QUÉ? Para qué siento, tengo o vivo, esta o aquella situación.

El “por qué”, tiene implícita la búsqueda externa de responsables, tiende a sacar a flote la culpa, nos deja estancados en el pasado. El “para qué” nos conduce al mágico mundo del aprendizaje, del cambio, de la transformación positiva. Nos estimula a abrir mente y corazón a nuevos rumbos, a formas novedosas de ver la situación. Estimula la creatividad para salir adelante en la crisis. Un ejemplo: ¿Porqué perdí mi trabajo? me conduce a preguntarme: que hice mal; quien me tenia inquina; no podré vivir sin el. O más bien: ¿Para qué perdí mi trabajo? Me lleva a contestar: para sacar adelante el sueño no realizado, para confiar en mis capacidades, para no traicionar mis valores. Es más saludable asumir lo que nos corresponde, que culpar a otros. Es mas saludable crear, que destruir. Es más saludable unir, que separar. Es más saludable avanzar que quedarse en el pasado.

  1. Cuando veo en una persona algo que rechazo, en vez de regodearme en lo negativo de ella, me pregunto: ¿en qué, cuando, soy yo así? Igual sucede con lo positivo.

El mundo es un espejo, queramos o no reconocerlo. Sólo pensamos, vemos y sentimos aquello que tenemos y sucede en nuestro interior. Es imposible escribir o hablar sobre lo desconocido, sobre lo no vivido. Cada vivencia y experiencia graban en nuestro ser su impronta, para ser recordada y utilizada luego. O sea, cuando veo el autoritarismo en alguien, sé que soy o me gustaría ser autoritario en algún momento. Cuando veo amabilidad o compasión, puedo reconocer los momentos en que lo he sido. Y así con todo lo que se te ocurra. Reconocer en nosotros mismos lo que vemos en los demás, nos vuelve humildes, nos acerca, nos une en vez de distanciarnos. Esto es saludable.

  1. Cuando no logro SER feliz, alegre, espontáneo, saludable, tengo la oportunidad de preguntarme: si lo logrará, ¿qué perdería?

Si, es correcto, ¿QUE PERDERÍA?  ¿Qué tengo que perder para ganar mi salud?  ¿Qué estoy dispuesto a perder para recuperar mi bienestar?  Para recuperar la salud a veces hay que perder la comodidad de que otras personas asuman nuestras responsabilidades o debemos perder el trabajo, la pareja, los amigos, así de sustancial. Pero fundamentalmente debemos perder  pensamientos y emociones negativos. Perder nuestra pereza, la apatía, la mentira, la tristeza, el dolor emocional y tantos otros. Por increíble que parezca estos sentimientos negativos a veces y con frecuencia nos sirven de ayuda para enfrentar situaciones incómodas o momentos en que no nos sentimos preparados, y aunque nos enferman, no queremos en el inconsciente dejarlos ir. Perder no significa otra cosa que abrir un espacio para que pueda llegar algo nuevo, solo que en ocasiones el temor a la pérdida de lo conocido es más fuerte que el deseo de la realización personal.


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