Hablar de música siempre es un grato placer. Hablemos hoy de un hecho musical con impacto cultural y social, marcado por su apuesta en procesos a largo plazo, de modo que no se trata de un concierto-evento, o de una temporada de conciertos: se trata del Cartagena, Festival Internacional de Música, cuya sexta versión se realizará en enero próximo, en torno al lema: El sonido de las Américas, conforme a la dirección artística del maestro Stephen Prutsman.
Y hablemos hoy porque el lanzamiento de la VI versión del Festival se hizo el 3 de septiembre: la presidenta del Cartagena Festival Internacional de Música y presidenta de la Fundación Salvi, señora Julia Salvi, abre puertas esta fecha cada año anterior, con una gala que en Bogotá, en Cali y se ha extendido a Medellín. En esta espléndida ocasión -como sucedió en el Teatro Julio Mario Santo Domingo-, se presentó un magnífico recital y a continuación se develó la imagen del Festival donada cada año por un reconocido artista colombiano. Para la versión 2012, el artista invitado es Mateo López.
Este recital congregó a los melómanos seguidores del Festival, a nuevos públicos y a los patrocinadores, cuyo soporte hace realidad el Festival y los objetivos de su slogan: La música clásica para todos. Y ciertamente es para todos, porque el Festival trasciende los escenarios convencionales de Cartagena para llegar a los niños y familias en los barrios, llega a todos los públicos en las iglesias, en la Plaza de San Pedro, en la Plaza de la Aduana, en las salas de concierto, y se extiende a través de la red de emisoras universitarias del país y de su programación en televisión. Ciertamente es un Festival de música clásica, que llega a todos y contribuye a cambios sociales a través de la enseñanza y apropiación de valores en el respeto por la diversidad hacia la armonía en la convivencia social, como se lo ha propuesto la señora Salvi, espíritu y motor del Festival.
Por todo su quehacer, el Festival Internacional de Música de Cartagena no es un evento. Es un hecho cultural de la más alta importancia para el país, comprometido con procesos de democratización cultural, accesibilidad y equidad social, en un todo que es referente y modelo de gestión de recursos impecable, e indicadores de creciente participación y cobertura, contra todo pronóstico. Por razones predecibles como estas que comparto con ustedes, a continuación:
Sabemos que de la música clásica, la música de cámara es un género de muy esquiva convocatoria, porque su estética es sinónimo de atmósferas íntimas del alma y de las salas donde se ejecuta, en oposición a la grandilocuencia de la música sinfónica. (la música de cámara está escrita para instrumentos solos, a dúo con piano, y combinaciones instrumentales diversas: tríos, cuartetos, quintetos, hasta nonetos, y ensambles que no superan los 30 o 40 integrantes, todo lo cual incluye la voz humana en el arte -casi en extinción- del Lied Alemán y la la Chanson Francaise…).
Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar, el Cartagena Festival Internacional de Música convoca anualmente a todos los públicos sin diferencias, y tiene resonancia en todo el país, configurando un hecho verdaderamente significativo si analizamos el género artístico que lo caracteriza. Su resultado corrobora que la música es un lenguaje universal al tiempo que derrota el argumento basado en la creencia que la música clásica le puede llegar solamente a unos pocos “muy eruditos” .
Hablemos de lo que pasó en el programa del recital de lanzamiento del VI Festival: escuchamos el Trío de Haydn para violín, piano y violoncello, con su final gitano; una de las seis sonatas para violoncello y piano, op.69 de Beethoven y Cuarteto con Piano de Brahms. Cada versión de cada obra, como habría dicho mi querido y muy admirado, gran ausente, el maestro Otto de Greiff: “versiones todas vertidas maravillosamente” por miembros de la Asociación de Música de Cámara del Lincoln Center de New York.
Esta nota, con la excusa de hablar de música, es también una invitación a participar en el Festival Internacional de Música de Cartagena, para disfrutar de la Música Clásica de Cámara, y tambien para respirar con felicidad cuando vemos a los niños y a los jóvenes por las calles de Cartagena con sus violines, violas y violoncellos, a buen paso bajo el sol, para llegar puntuales a las clases magistrales gratuitas –previa inscripción en la página web www.cartagenamusicfestival- dictadas en la Escuela de Bellas Artes por intérpretes reconocidos mundialmente. Clases gratuitas para 400 jóvenes que han elegido en la música clásica el eje transversal de su proyecto de vida.
Algunos jóvenes participantes cuentan que viajaron 24 horas en bus para llegar a estudiar al Festival. También llegan con donaciones familiares, amigos y vecinos, para tomar clases, ir a conciertos, hacer música con maestros “inalcanzables”, y para algunos de ellos su primer encuentro con el mar…
Hablemos del grupo de los jóvenes becados por el mismo Festival, que de 12 ha crecido a más de 50 “Jóvenes Talentos Colombianos” invitados por proceso de rigurosa selección. De este modo, el estímulo comienza con los tiquetes aéreos, hotel cinco estrellas, y la oportunidad de ser escuchados y aprender con los maestros que llegan cada año de New York, Londres o París, a dar lo mejor de su arte en cada recital, mientras contribuyen con su entrega generosa al fomento y desarrollo de los jóvenes músicos colombianos más destacados.
Cartagena en enero próximo, en pleno Festival , también es escenario para hablar sobre todo cuanto sucede en los talleres de Lutheria, que son talleres de construcción, reparación y mantenimiento de violines, violas, violoncellos, contrabajos…es un programa permanente del Festival Internacional de Música de Cartagena. Allí se imparte capacitación y se generan factores de desarrollo para el proyecto de vida en la música clásica, que en suma, son indicadores muy tangibles desde lo intangible de la música y se pueden registrar en el impacto de lo cultural en la economía y en el Indice de Desarrollo Humano, el más valioso capital de un país.
Gestora Cultural-Consultora
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