Historia clásica de la locura en Colombia

30 de noviembre del 2010

Panamá le concedió asilo político a la ex directora del DAS, la señora María del Pilar Hurtado, porque es una perseguida política pero de quienes no quieren que se sepa la verdad de todo lo ocurrido en esta agencia de inteligencia y porque el ex presidente Uribe e importantes magnates de Colombia son muy amigos del presidente Martinelli.

Esa es la inquisición contemporánea de facciones de la derecha latinoamericana, que todavía piensan que pueden abusar del poder político y económico como antes, trastocando los valores como, por ejemplo, que la guerra contra las Farc lo justifica todo.

En la calle dicen que “Uribe cuida a sus huevitos y protege a sus pollitos, porque él sabe que a estas alturas del juego el asilo es el mejor abogado”… En otras palabras, se trata de una estrategia, aprovechándose de que en Panamá todavía no tienen muy en claro quién es el actual presidente de Colombia.

Pero la figura del asilo lo que hace es internacionalizar el caso del DAS y la CPI puede eventualmente llegar a intervenir, dado que los magistrados se declararon impedidos y algunos ex funcionarios están dispuestos a presentarse con abogados de oficio para protestar por la supuesta falta de garantías.

En todo caso, el asilo de la señora Hurtado en Panamá no es un triunfo político del ex presidente Uribe, todo lo contrario, es la derrota de un hombre que ahora busca la Justicia Democrática.

Y tarde que temprano Santos tendrá que escoger entre su amistad con Uribe y la armonía con la rama judicial y con los gobiernos vecinos, porque no tiene ningún sentido que esta confrontación se mantenga; entre otras cosas, porque muchas veces los que no tienen garantías son los jueces.

Aunque seamos sinceros, es cierto que la Constitución de 1991 es garantista en el papel pero en la práctica el código penal se codifica y se descodifica al antojo de los intereses locales, porque en Colombia aún no se presume la inocencia sino la prestancia de las personas.

Ahora bien, es bastante difícil creer que una perseguida política pueda salir libremente del país donde supuestamente es perseguida y aducir falta de garantías sin que le hayan imputado cargos. De la misma manera, resulta gracioso reconocer que en Colombia el delito político es un delito común de todos los días.

Lo frustrante del asunto es que dadas las lamentables particularidades históricas del país, pareciera que investigar a quienes piensan distinto es legal y espiar es legítimo o que a pesar de nuestra histórica impunidad, Colombia ha vivido una falsa estabilidad política y social toda la vida, si se le compara con otros países de la región.

De todos modos, la cancillería debería protestar formalmente, porque es una ofensa a la institucionalidad del país asilar a la señora Hurtado, colocando en entredicho la división de poderes y a la justicia en general. Además, eso no implica que Colombia desconozca la figura autónoma que tiene cualquier país de otorgarle asilo a la persona que lo estime conveniente pero eso tampoco significa que la tenga que compartir.

Falta esperar si la fiscalía pedirá en extradición a la señora Hurtado o si Panamá cambia de opinión y revoca el asilo, porque como dijo el presidente Santos: “sólo los imbéciles no cambian de opinión”…

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