Idea para leer las Wikifugas sin tanta algarabía

Idea para leer las Wikifugas sin tanta algarabía

20 de diciembre del 2010

En el pasado habíamos prestado mucha atención al potencial invasivo de la tecnología en la vida privada de la gente; muy poca atención, en cambio, al potencial que ofrece la misma tecnología para hurgar en los archivos secretos de los Gobiernos y para divulgar esos archivos con tanta eficacia, como ha ocurrido recientemente con el portal Wikileaks, que se apoya, además, nada menos que en The Guardian, The New York Times, El País y Der Spiegel.

El australiano Julian Assange, misterioso líder del portal de filtraciones, dice ser la encarnación de una nueva doctrina que justifica esa actividad de hurgar y filtrar archivos secretos: El “periodismo científico”, que no alude propiamente a divulgación de ciencia y tecnología, sino a un enfoque de ejercicio profesional en que es posible “leer una noticia, luego hacer click en línea para ver el documento original en el que se basa” y “De esa manera, usted puede juzgar por sí mismo” si se trata de la “verdadera la historia” o si el “periodista reportó con precisión” los hechos, según explicó el autor de esa doctrina en columna del pasado 7 de diciembre.

Pero muchos no creen en la sinceridad de esa idea del “periodismo científico”, o en las intenciones que envuelve. Para algunos, por ejemplo, se perdió de vista al reportero tradicional, que hacía de enlace y aplicaba su criterio entre la fuente y el medio. Otros llegan a decir que Wikileaks “es un conducto de la CIA” (palabras de John Young, quién perteneció al directorio de Wikileaks), con lo cual habría que pensar en que todo el escándalo no es más que un sofisticado entramado de desinformación orquestado por los norteamericanos.

Transcurridas las primeras ráfagas de filtraciones, es hora de reflexionar sobre varios aspectos llamativos del nuevo “periodismo científico”:

1.    Wikileaks es por definición, un sitio web que recibe documentos filtrados. No significa que la información sea falsa, pero sería una ingenuidad pensar que el oculto filtrador está lleno de buenas intenciones, y necesariamente comparte preocupaciones por los derechos humanos, la paz y la verdad.

2.    Wikileaks no aclara los criterios con base en los cuales focaliza y prioriza la divulgación de datos. De la gran cantidad de información acumulada (más de 1.200.000 documentos), sólo un pequeño porcentaje sale a la luz en un extraño orden de aparición que obedece a criterios no debatidos abiertamente (p.e., se han dejado de publicar unos 15.000 documentos, dizque para proteger la identidad de personas que aparecen en ellos).

3.    Nadie sabe quiénes integran la logia Wikileaks. La cara visible es Assange, pero no nos llamemos a engaño, que detrás suyo hay un directorio de gente desconocida en el mundo del periodismo, y un activo ejército de misteriosos guerreros del ciberespacio. Assange dice que sólo tiene cinco empleados de tiempo completo y que el resto son espontáneos. Pero obtener, evaluar, editar y publicar la mayor base de datos de filtraciones de la historia tal vez requiera de alguna ayuda adicional.

4.  ¿Qué duda cabe acerca de la relevancia de filtrar sobre los procesos en la prisión de Guantánamo o sobre casos como el video secreto del 2007 que muestra el ataque de un helicóptero estadounidense en Iraq, que mató a decenas de civiles, incluyendo a dos periodistas desarmados; pero cosa distinta ocurre con la filtración de miles de cables, frívolos o no, referidos a las impresiones de funcionarios del servicio exterior de cualquier país en torno a circunstancia locales. ¿Qué relevancia tiene filtrar sobre los problemas gastrointestinales del ex presidente Kirchner o el estado de salud mental de su esposa, asunto que muchos tenemos claro? ¿Se justifica divulgar las impresiones de Álvaro Uribe sobre el papel financiero de los Kirchner en las campañas venezolanas? Si en 2009 el portal y su fundador, Julian Assange, ganaron el premio de Amnistía Internacional en la categoría de Nuevos Medios por sacar a la luz informes sobre las matanzas de Kenia, en 2010 debería considerarlo el premio oscar de la Academia del Morbo.

No debe tener la razón Francia al calificar las filtraciones como una “amenaza a la autoridad democrática”, ni se puede llegar tan lejos como llegó el canciller italiano, Franco Frattini, al decir que las filtraciones equivalían a un “11 de septiembre en el terreno diplomático” (BBC mundo). Pero hay  aspectos que aclarar del fenómeno wikileaks.

Y por lo que a Colombia atañe, debe resultarnos por lo menos curioso el apresurado respaldo de Hugo Chávez al portal y el culiprontismo del vicecanciller de Ecuador, Kinto Lucas, quien ofreció residencia permanente a Assange a cambio de información sobre naciones latinoamericanas.

No hay que “matar al mensajero”, como pide Assange, pero tampoco idealizar las virtudes del nuevo “periodismo científico”·.

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