Inconveniencias de leer la Biblia

4 de noviembre del 2013

Nos enteramos hace poco que había sido aprobado en el concejo municipal de Santa Marta leer la Biblia antes de cada sesión. A una Concejala le pareció que esta práctica era un elemento motivador e inspirador de buenas conductas. No sé si ustedes creen que esto los hará mejores seres humanos y mejores servidores públicos… […]

Nos enteramos hace poco que había sido aprobado en el concejo municipal de Santa Marta leer la Biblia antes de cada sesión. A una Concejala le pareció que esta práctica era un elemento motivador e inspirador de buenas conductas.

No sé si ustedes creen que esto los hará mejores seres humanos y mejores servidores públicos… Yo, tengo mis dudas y no propiamente porque sea un acto contrario al espíritu de la Carta Magna. Al fin y al cabo contradecir la Constitución no le quita el sueño a casi ningún político colombiano.

Lo que si me preocupa, es que la lectura del libro Sagrado pueda llevarlos a equívocos, en especial si quienes lo leen son personas ligeras de entendimiento o mal intencionadas y  por esa vía algunos acuerdos municipales podrían terminar peor de lo que ya son.

Si se convoca una plenaria para estudiar el presupuesto, por ejemplo, y de casualidad leen que: “Más te vale no hacer un voto que hacerlo y no cumplirlo” podrían interpretar esto como la señal para negociar. Piénselo bien, si ofrece puestos o contratos a cambio de votos, tiene que cumplir; lo dice El Eclesiastés. No vaya a salir como Sabas o Diego Palacio que ofrecieron cosas y después se hicieron los bobos. ¡Eso es contrario a la Biblia!

También podrían presentarse dudas razonables en temas técnicos como el manejo de las aguas. La Biblia asegura que no hay de qué preocuparse por las inundaciones: “Estableceré mi alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra” dijo el Señor a Noé. Si es así, que se construya en cualquier zona, baja o de ladera, que ni se inunda, ni se derrumba. ¡Lo garantizó, El Génesis!

En temas sociales, leída la Biblia, podría caerse en cierta laxitud. La esclavitud dejaría de ser delito de lesa humanidad. ¿Cómo podría serlo, si está presente en la Biblia desde que la propuso Noé, para castigar las burlas de su hijo: “¡Maldito sea Canaán! Él será para sus hermanos, el último de los esclavos.”

Así mismo, podrían ampararse en el viejo testamento para no resolver conflictos sociales. Si los pueblos Wayuu o Cogi se quejan de ser maltratados o excluidos, habrá quien les recuerde que la Biblia autoriza la discriminación. El Señor mismo la aprobó cuando le dijo a Sara: “Echa a esa esclava y a su hijo, porque el hijo de esa esclava no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac”. Así quedaron establecidas las clases sociales por mandato divino.

En lo personal tendrán los concejales una buena excusa cuando hayan sido infieles o tengan varias mujeres y no respondan por ninguna. El propio Abraham fue autorizado por Jehová para tener hijos por fuera del matrimonio y mandarlos al desierto sin importarle su suerte.

La moral y las buenas costumbres, a la luz de las conductas bíblicas saldrán deterioradas. Allí se permite y se fomenta la poligamia y la infidelidad: “Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la tierra y les nacieron hijas,  los hijos de Dios vieron que estas eran hermosas, y tomaron como mujeres a todas las que quisieron”.

También resultaría lícito que un hombre utilice a su mujer para sacar beneficios económicos. Lo hizo Abraham en una velada forma de trata de personas. Cuando el Faraón se dio cuenta que se había acostado con la mujer del profeta le reclamó: “¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me advertiste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste que era tu hermana, dando lugar a que yo la tomara por esposa?”

En la Biblia hay tantos textos ambiguos que preocupa que su lectura se haga en recintos políticos. Podría fomentarse más la picardía y la avivatada, como con aquel versículo que dice: “más vale perro vivo que león muerto”. Podría reforzarse la hipocresía, tan común entre nuestros dirigentes, con frases como la que ordena que “ Ni siquiera en privado maldigas al rey, y ni en tu habitación maldigas a un rico, porque un pájaro puede hacer correr la voz y la indiscreción tiene alas.”

En fin, muchos pasajes bíblicos, en manos de los honorables ediles, resultarían realmente malos “consejos” para el quehacer político. Y entonces, ni Dios mismo nos librará del caos.

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