¿“Independientes” por ser antiuribistas?

28 de septiembre del 2019

Una opinión de Ignacio Arizmendi

¿“Independientes” por ser antiuribistas?

En el mes que termina se presentaron en Colombia dos acontecimientos en el mundo periodístico, con repercusiones sociales y políticas: el uno, el probable cierre de Noticias Uno, programa emitido en el Canal 1, por insuficiente pauta publicitaria (originada, a la vez, en la insuficiente audiencia), cuyos propietarios y directivos dicen que el suyo es “periodismo independiente” (no indican respecto de qué o quién), lo que también piensan algunos de sus seguidores. El otro suceso, la “expulsión” de cinco comentaristas del programa 6 AM Hoy por Hoy, de Caracol Radio, que habían sido vinculados pocos días antes por su director, el periodista Gustavo Gómez, para que emitieran al aire opiniones “independientes”.

¿En qué se basa el autodenominarse o ser llamados “independientes”? En un hecho común: el antiuribismo. En el caso de Noticias Uno, sus socios y responsables han cultivado y cultivan una guerra sin cuartel, “por motivos patrióticos”, al exmandatario antioqueño. ¿En virtud de ello se autodenominan “independientes”? En cuanto a 6 AM, los analistas que se quedaron sin espacio allí fueron Sandra Borda, Yohir Akerman, Esteban Carlos Mejía, Gustavo Duncan y Daniel Pacheco. “Una decisión desafortunada, que no comparto”, dijo Gustavo Gómez, al pensar que son “cinco opiniones independientes”. Me consta que los cuatro primeros mencionados son hondamente contrarios a Uribe, al presidente Duque, al Centro Democrático y al uribismo en general. Tienen todo el derecho, por supuesto. Repito: todo el derecho.

Mejía, por ejemplo, es de este talante “independiente”: “Uribe, capataz de la cizaña y la mezquindad […] ¿está preparando un retiro a lo Michael Corleone: que otros sigan haciendo cagadas y cagaditas mientras él carga con la fama, el poder y la gloria y la miel?” (cfr. El Espectador, 15dic2018). Matriz que coincide, por ejemplo, con la exhibida por el periodista Felipe Zuleta (El Espectador 28abril2019), según la cual “si ha habido en Colombia en los últimos años un matón moral es precisamente el expresidente Uribe”.

Los dos sucesos que comento se han aprovechado para vender la curiosa tesis de que, en este país, solo los medios, periodistas y analistas “independientes” que profesen cualquier grado de desafecto al expresidente Álvaro Uribe pueden ser considerados “independientes”. Si no descargan en él, con furia histórica, todas sus frustraciones personales y profesionales, no pueden recibir aquel honor. Además, ambos sucesos se abordaron como casos dizque de persecución a la libertad de expresión por parte de los poderosos para impedir que entre nosotros florezca el “periodismo independiente”.

¿De cuándo acá es inteligente, realista, razonable sostener, una y otra vez, que en Colombia solo son independientes los medios, periodistas y analistas adictos al antiuribismo, por lo que mientras más desafecto exhiban, de más independencia gozan? Puede que de hormonas tengan superávit, pero de neuronas, qué déficit. ¡Oh gloria inmarcesible!

¿Es que la influencia y el poder de Álvaro Uribe en Colombia son de tal tamaño que denigrar de Uribe vuelve “independiente” a quien lo hace valiéndose de una valentía desconocida? O al contrario: ¿ser independiente es un estado que debe conducir a maltratar al expresidente? ¿Acaso para referirse a Uribe no hay más vías que el insulto, la vejación, la difamación, la violencia verbal, el sicariato moral, sin importar que se incendien y radicalicen las audiencias con los riesgos que esto implica?

El desafecto a Uribe, entonces, tiene que ser muy hondo, muy intenso, algo ineludible, inmanejable en los medios, periodistas y analistas que viven del desprecio al hoy senador, víctimas de una afección intelecto-mental que los impulsa a activar el gatillo, como entes amaestrados, cada vez que escriben o hablan sobre su persona. Y saber que son los mismos que predican la paz entre los colombianos, la armonía, la reconciliación, el entendimiento, el respeto de unos con otros, la cultura política, la tolerancia. Así las cosas, no deja de ser risible y arrogante, cuando menos, sostener que los medios, periodistas y analistas independientes son aquellos que le cascan duro y a diario al exmandatario.

Si sus enemigos, en otro orden de cosas, afirman que “sin Farc no hay Uribe”, permítanme parodiarlos para decir que “sin Uribe no hay medios, periodistas o analistas independientes”: el expresidente se metió en sus mentes y no pueden quitárselo de encima. Están enfermos.

“No sé por qué” me acordé de los versos que circularon en Bogotá a finales del siglo 19, escritos por un agudo crítico capitalino para cuestionar la necedad del ala “independiente” del partido conservador, dividido en dos, que ejercía la presidencia con Miguel Antonio Caro:

El partido ‘independiente’,

perdió sin querer el ‘in’

y se quedó ‘dependiente’.

Enseguida perdió el ‘de’,

cansado de verse así, 

y vino a quedar ‘pendiente’.

Después, en el mes de abril,

perdió el ‘pen’, le quedó el ‘diente’ 

y hoy tiene gastado el ‘di’

y se ha convertido en ‘ente’,

su origen, principio y fin…

INFLEXIÓN. Pobres entes.

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