Las decisiones de la Procuraduría, la Fiscalía y de las instancias judiciales contra varios de los hombres más cercanos del expresidente Uribe nos aproximan a un nuevo “Watergate a la criolla” o a una reedición mejorada del proceso 8.000, y a las puertas más de un proceso de responsabilidad política,- como en el caso del general Rojas Pinilla-, cada vez mas inminente y necesario, para luego dar paso de un proceso de responsabilidad penal en parte, por cuenta de los ricos escenarios de corrupción que campearon durante el gobierno de “mano dura”, y cuya lista resulta más larga y nefasta que cualquiera de los gobiernos que el mismo Uribe cuestionó, incluido el proceso 8.000 –presencia de dineros del cartel de Cali en la campaña presidencial de Ernesto Samper, que en su momento denunciamos y simbolizamos con “el elefante”- y su correlación obligada con el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado.
El que a nuestro parecer constituye un error en los puntales de la estrategia contra el expresidente Uribe es esperar los avances de los procesos judiciales para proceder al inmediato e inaplazable juicio de responsabilidad política que resulta constitucional y legalmente impostergable.
Hasta ahora, y de manera creciente, el conjunto de medidas adoptadas por los órganos de control, investigación y judiciales han puesto de facto en jaque, aunque un poco tarde, a Uribe, el disminuido “rey”. Las selectivas y sistemáticas chuzadas del DAS a altas Cortes, dirigentes políticos y líderes de oposición, hoy tienen tras las rejas nada menos que al entonces secretario general de Palacio, medida sin precedentes en la historia reciente del país. Ni siquiera Juan Hernández Celis, en tiempos de Pastrana pasó por una vinculación procesal formal; y más grave aún es que la propia justicia considera que el exsecretario de Palacio es un peligro para la investigación judicial disponiendo su encarcelamiento provisional. Dos exdirectores del organismo de seguridad más cercano al presidente, como Noguera, y la prófuga bajo el abuso de la figura del exilio María del Piedad Hurtado por los mismos hechos, y el juicio contra el Director de la IUAF o ente de información tributaria y financiera, Mario Aranguren, no son coincidencia, por el contrario, revelan la forma como tal andamiaje correspondía a un plan deliberado, orquestado durante el gobierno Uribe.
El tema precursor de la Yidispolitica y la vinculación de Sabas Pretelt, y Diego Palacio, ministros de la era Uribe, la aceptación de cargos por cuenta de algunos de los implicados en la dirección de la campaña del referendo reeleccionista, y las irregularidades en sus cuentas son temas de no poca monta que suman al impeachment o juicio político contra Uribe.
La oprobiosa dilapidación de recursos públicos en Agro Ingreso Seguro, por parte del heredero al trono, Andrés Felipe Arias, alias (?) “Uribito”, para sustentar su ministerio como sede de su propia campaña fallida a la presidencia, mal pueden considerarse fenómenos aislados y a “espaldas” de Uribe: uno no puede decir que se le cayó el cielorraso de la casa y alegar que no se dio cuenta pues esto ocurrió mientras dormía. Súmesele el campeonato de trampas en la Dirección Nacional de Estupefacientes, en cabeza de Carlos Albornoz entre otros, que terminó favoreciendo a los narcos y sus bienes, testaferros, al punto que hubo que liquidar la entidad.
El tema de los mal llamados falsos positivos aporta la página más tenebrosa de conflicto armado alguno, en hechos ni siquiera acaecidos en la Alemania nazi, como expresaba el delegado de la Fiscalía en un Foro sobre corrupción -al que fuimos invitados la semana pasada en Tunja-, poniéndose el monopolio de la fuerza en cabeza del Estado al servicio de la muerte de sus propios conciudadanos en miles de casos, devastando la confianza ya menguada en las instituciones y generando un estado de intimidación y zozobra generalizados.
Por hechos mucho menos graves han caído presidentes y gobiernos en ejercicio… ¿por qué razón no lo haría uno que ha dejado de serlo? Repetimos, el país y el Congreso de la República están en mora de iniciar un juicio político contra el expresidente Uribe, sin perjuicio del juicio o investigación penal o criminal por parte de las autoridades nacionales, y en su defecto por los tribunales internacionales.
Lo anterior sin mencionar el tinglado de Andrés Uriel Gallego y su acusada relación con los Nule en la millonaria contratación a nivel nacional, sin mencionar la del propio Emilio Tapia, señalado como la ficha de los Moreno en el cartel de la contratación.
Los días de Uribe en materia de justicia nacional o internacional están contados y cada escándalo frente a tal gobierno ha puesto en jaque al expresidente Uribe, de manera más inmediata mediante un juicio político y disciplinario, y a la vista un juicio penal al que llega cada vez más comprometido. Hay razones de sobra para un juicio político serio, lo que no está claro es si haya un Congreso capaz de realizarlo.
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Jaque a Uribe y juicio político
Mar, 02/08/2011 - 00:00
Las decisiones de la Procuraduría, la Fiscalía y de las instancias judiciales contra varios de los hombres más cercanos del expresidente Uribe nos aproximan a un nuevo “Watergate a
