La indiferencia en Colombia es viral

11 de marzo del 2015

“Es asombrosa la escala de valores que se tiene para priorizar las urgencias.”

El país se acostumbró a la violencia contra los niños, las mujeres y los indefensos, es triste expresarlo, pero es real. Para utilizar un término muy repetido hoy, la indiferencia es viral. Está por todas partes, nos desbordó, se apoderó del colectivo. Esta reflexión surge de hechos que no me explico y que también son virales. Por ejemplo, un joven ya alcohólico insulta unos policías y desde el Presidente de la República hasta el ciudadano del común pasando por los medios amnésicos se pronuncian. Un jugador muy apreciado se lesiona y los medios se desbordan en creatividad para ilustrar cómo es que un dedo se le fracturó. Justo debajo de esas noticias aparecen, menos destacadas y menos elaboradas, por supuesto, el asesinato de niños en Caquetá, de una familia en Amalfi (Antioquia), el ataque a mujeres en Medellín, Bogotá, Barranquilla y en otras regiones que ni siquiera suenan en los medios. Asistimos a unos titulares y crónicas muy sensacionalistas pero no pasan de ahí.

¿Cómo es posible que las abominables casas de pique de Buenaventura no generen marchas, declaraciones, plantones y viajes de comitivas como las que van a España haciendo corte al mandatario de turno? Es asombrosa la escala de valores que se tiene para priorizar las verdaderas urgencias. En las casas de pique despedazan a las personas, no es un besamanos, no es una fiesta ni un encuentro trivial u o ocioso, es un lugar en el que matan personas.

Las agendas están muy claras hoy. El presidente Santos está obnubilado con los diálogos de La Habana que, no son, de ninguna manera, las conversaciones para lograr la verdadera paz. Allá están dos partes buscando sacar mejor provecho para sus egos. Recién se ha ordenado suspender los bombardeos a campamentos guerrilleros y se ha invitado a diferentes sectores de oposición a conformar una comisión asesora. El expresidente Andrés Pastrana al igual que la excandidata Martha Lucía Ramírez han aceptado el llamado del gobierno. La evidencia de que no hay mayoría que respalde el proceso, obliga al ejecutivo a buscar consensos, como lo señala Pastrana. Pero haciendo eco de la misiva de Martha Lucía Ramírez, se deben tener reservas. La paz no es generar unanimismos en la complejidad de escenarios violentos que no necesariamente se circunscriben a la presencia de guerrillas.

Ojalá ese oxígeno sea para que en esa agenda aparezca, por ejemplo, la tragedia de miles de campesinos que perdieron más de sesenta mil hectáreas de palma de aceite por la pudrición de cogollo en Tumaco y  Puerto Wilches y están en la ruina y el gobierno no los escucha. ¿Será porque en lugar de fusil lo que tienen entre sus manos son las herramientas de trabajo?

Ni que decir de la sociedad, infeliz, atragantada en las imágenes que el consumismo proyecta y vende. Se ha llegado al facilismo de considerar que con solo dar ‘me gusta’ o ‘no me gusta’ o escribir 140 caracteres mal redactados se ha hecho un aporte a la concientización. Se comenta con la misma falacia en las mal llamadas redes sociales la verborrea del borracho, el vestido de la reina o cualquier hecho superfluo o la muerte de dieciocho niños por diarrea en el Chocó como si tratara de una obra de teatro.

Y es que el devenir diario de Colombia se asemeja a un circo. Tenemos los equilibristas de la justicia, los contorsionistas de los contratos, los magos de la corrupción, los togados que hacen marionetas y, claro está, el payaso de turno que se ríe desde La Habana de la inocencia de un pueblo inmerso en los temas virales, que no son, necesariamente, lo más urgentes.

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