La muerte de Camilo

11 de febrero del 2016

Caído el Capitán en un absurdo combate hoy hace cincuenta años, sus seguidores perdimos todos los puntos objetivos de referencia.

“Mataron a Camilo Compañero”,  fue el grito doloroso del diplomático cubano que nos acompañaba en nuestra visita a la Isla,  al escucharlo, desde la distancia, se me heló la sangre. Un tropel de pensamientos comenzó a agolparse en mi cabeza, y un vértigo inusual invadió mi cuerpo. No, no es posible. Y así repetía sucesivamente  creyendo que mi negación iba a  torcer la contundente realidad de la noticia.

Éramos un grupo de estudiantes universitarios, de la Nacional, para mayor claridad, quienes habíamos sido seleccionado por Camilo para ir hasta Cuba y estudiar  lo que estaba ocurriendo en esta isla del Caribe,  que tenía ya profundas repercusiones en todo el sistema interamericano. En ningún momento nos habló de prepararnos en tácticas de guerrilla, ni adelantar cursos de espionaje o contraespionaje. Simple y llanamente nos dijo: “Cuba ha comenzado a construir el socialismo y es nuestro  deber saber cómo y en que consiste esta transformación vital para una sociedad”.

Con esta premisa central abandonamos el país, tomando una ruta que permitiera burlar, inútilmente, los organismos secretos que intentaban, por todos los medios, impedir que los latinoamericanos viajaran  a conocer y estudiar las grandes transformaciones que se estaban dando en la Isla. Es necesario aclarar que  días  antes de nuestra partida nos enteramos por los medios de comunicación de la Proclama al pueblo Colombiano hecha por Camilo, donde informaba  de su incorporación al Ejército de Liberación Nacional.

La mayoría de nosotros lo habíamos conocido como profesor universitario en la facultad de sociología de la Universidad Nacional, fundada en asocio de los profesores Fals Borda y Eduardo Umaña Luna. Además, por ser nuestro capellán universitario recogía toda nuestra admiración y afecto,  no habíamos dudado un solo momento en acompañarlo en la gran gesta que planteaba a la sociedad colombiana de construir un sólido y fuerte Movimiento de los No alineado, tornándose   después  en un movimiento de masas conocido como El Frente Unido del Pueblo.

Camilo le dio una profunda identidad política a la Universidad Nacional de Colombia, le planteó un verdadero proyecto político de nación basado en el amor cristiano, la justicia social, la solidaridad con los sectores más desfavorecidos de la sociedad: obreros, campesinos,  desempleados, mujeres cabeza de familia,  desplazados, etc. Nos impactó profundamente a los universitarios de la época,  nos planteó su consigna clara y tajante: “El deber de todo cristiano es ser Revolucionario y el deber de todo Revolucionario es hacer la Revolución”. No era más, pero tampoco era menos. Y los universitarios nos pusimos en pie de lucha al lado de nuestro querido  capellán y estructurado profesor universitario.

De allí en adelante, lo acompañamos en todas sus tareas y movilizaciones, nos convertimos en su estructura política de base, con él irradiamos hasta donde pudimos su pensamiento consagrado en su combativo periódico El  Frente Unido. La última vez que lo vi fue la noche del domingo  17 de octubre de 1965 cuando llegó a la Universidad Nacional, a clausurar el segundo Congreso Nacional de la Federación Universitaria Nacional – FUN-. Recuerdo el ambiente de tensión    que existía, las contradicciones políticas se daban muy fuertes en el seno de la FUN. Camilo fue especialmente claro y manifestó: “los caminos legales están cerrados, nos debemos preparar para una lucha  larga”. Cerró su intervención con su preclara consigna no hecha realidad aun: “¡Por la organización de la clase popular, hasta la muerte!”

Caído el Capitán en un absurdo combate hoy hace cincuenta años, sus seguidores perdimos todos los puntos objetivos de referencia. Y no fue posible reencontrar el hilo de la historia que nos permitiera hacer realidad  su sueño de justicia social y amor en Cristo que propuso el inolvidable Camilo Torres Restrepo.  El denso grupo de sus seguidores se fue desgajando en dolorosas,  complejas y confusas circunstancias políticas, ante la ausencia del carismático líder que había unido a los Universitarios  y el pueblo con las más puras y cristianas aspiraciones sociales.

A estas alturas del proceso histórico, me acompaña la íntima convicción  de que si Camilo no hubiese visto cerrados los espacios legales y por el contrario continua en la lucha convocada, rápidamente hubiese iniciado una búsqueda  de Acuerdos con los múltiples sectores políticos que expresaban un profundo sentimiento de renovación y justicia social, y más temprano que tarde se habría consolidado una salida política que le hubiese ahorrado 50 años de dolor y tragedia  a nuestra sociedad.

Hoy ante su memoria y su mensaje de amor en Cristo, musito  una plegaria, pido  que nos ayude a encontrar el camino de una Paz estable y duradera que nos permita  volver a ser hermanos, entre todos los colombianos.

EX.EMBAJADOR DE COLOMBIA EN EUROPA.

VICEPRESIDENTE COMITÉ PERMANENTE DE DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS. CPDH.

FEBRERO 10 DE 2016.

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