La opinión y los contratos

Mar, 22/09/2015 - 15:39
De toda la polémica que ha desatado el escándalo de los contratos con diferentes entidades de Natalia Springer, en especial el más notorio, con la Fiscalía General de la Nación, se abre un debate
De toda la polémica que ha desatado el escándalo de los contratos con diferentes entidades de Natalia Springer, en especial el más notorio, con la Fiscalía General de la Nación, se abre un debate sobre los columnistas de opinión y la relación con entidades del Estado para obtener contratos. Por lo general el oficio de columnista no es pago a excepción de algunos medios poderosos que cuentan con recursos y tienen una escala de reconocidos personajes con una gran trayectoria, a quienes les remuneran por emitir un concepto semanal, que por lo general no es oneroso. Surge una pregunta ¿los columnistas pueden contratar con el Estado? La respuesta es compleja y es necesario aclarar que no existe ningún impedimento de ley, pero si hay ciertos factores dificultan la tarea de contratar y opinar al mismo tiempo; no se puede cerrar la opción, es inamisible que un abogado por ser columnista no pueda recibir un contrato del Estado o un ambientalista, hacer una investigación o un gestor cultural no tenga derecho a obtener del Estado la posibilidad que su trabajo sea reconocido. El columnista es un sujeto de la sociedad que hace parte del Estado en toda su composición, por lo tanto tiene derecho a interactuar con el mismo, sin llegar a ser calificado como aliado de un gobernante o político de turno, es ahí donde prima la ética como regla base, aunque no esté consagrada en normas legales o regulatorias; es difícil recibir un contrato y opinar sin caer en la auto censura, pero hay que quitarse esa veladura, más aún si se tiene un acento crítico sobre determinada situación, máxime en un país como Colombia, donde por lo general nada funciona y todo está sujeto al control político y social, lo malo es valerse del medio en que se emiten opiniones para favorecer a un personaje e incidir en la sociedad y lavar su imagen a cambio de contratos o prebendas. Automáticamente se convierte en columnista prepago, es el caso de Natalia Springer, al utilizar su columna de El Tiempo para darle coba a “Un Fiscal para la historia” y luego recibió contratos millonarios, lo que motivó su salida del periódico. Existen algunos columnistas que por tener el espacio en un medio piensan que pueden engañar a los lectores y terminan siendo cómplices de la corrupción y el desgreño administrativo que supuestamente critican, hasta el punto de promover candidaturas, en ese caso, escribirá para perder el tiempo porque acaba lo más valioso de un columnista, su credibilidad y corre el riesgo de que le pase como a Natalia, quien después de ser una de las mejores analistas, se dejó llevar por la ambición y tiró por la borda su trabajo, sus logros y reconocimientos. Un columnista serio, no se deja manosear, opina con sensatez y no se deja llevar por miedos, odios o amores, sabe manejar las pasiones y le apuesta a la neutralidad, sin ser una obligación, como si lo es del periodista. A un columnista lo hace su credibilidad y gracias a ello, logra el respeto de sus lectores, con posturas serias, independientes y críticas, alejadas de la lambonería, una situación que por lo general, muchos políticos y agentes del Estado no aceptan. @JACOBOSOLANOC
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